La borrasca Goretti azota el litoral vasco con vientos y olas gigantes

El temporal afecta especialmente a Bizkaia, donde cinco puertos de montaña requieren precaución especial para la circulación

La borrasca Goretti continúa este sábado ejerciendo su influencia destructiva sobre el litoral del País Vasco, generando condiciones meteorológicas extremas que obligan a la población a extremar las precauciones. El fenómeno, que se ha consolidado como uno de los temporales más intensos de la temporada invernal, está dejando sentir sus efectos con particular virulencia en la provincia de Bizkaia, donde la combinación de rachas de viento huracanado, olas de notable altura y precipitaciones persistentes está alterando gravemente la vida cotidiana de los residentes costeros.

Los servicios meteorológicos habían advertido con antelación sobre la llegada de este sistema de bajas presiones, pero la intensidad real del evento ha superado incluso las previsiones más conservadoras. En zonas como Sopela, municipio costero de Bizkaia, los vecinos han despertado con un paisaje transformado: el mar, habitualmente bravío pero controlable, se ha convertido en un manto de agua y espuma que golpea sin tregua las acantilados y las zonas urbanas próximas a la línea de costa.

El viento, sin duda el protagonista más dramático de este temporal, ha registrado rachas que en algunos puntos superan los 100 kilómetros por hora. Estas velocidades, propias de fenómenos de mayor entidad, están provocando más allá de las molestias habituales: árboles caídos, estructuras dañadas, cortes eléctricos localizados y una sensación generalizada de inseguridad entre la población. Los técnicos de la red de carreteras vascas trabajan contrarreloj para mantener la seguridad vial ante un escenario que cambia por minutos.

Precisamente en materia de movilidad es donde la borrasca Goretti está dejando sus consecuencias más tangibles. Las autoridades de tráfico han establecido avisos especiales para cinco puertos de montaña ubicados en territorio vasco, todos ellos considerados de alto riesgo durante episodios de viento y nieve. Cuatro de estas vías pertenecen a la red secundaria de carreteras, lo que complica aún más su gestión y mantenimiento durante situaciones de emergencia meteorológica.

El quinto puerto afectado, el de Barazar en Bizkaia, merece una mención especial por su condición de vía principal. Situado en la carretera N-240, este puerto constituye una arteria vital para la comunicación entre el interior de la provincia y la capital bilbaína. Las restricciones en este tramo no solo afectan al tráfico local, sino que repercuten en el transporte de mercancías y en los desplazamientos de larga distancia que utilizan esta infraestructura como ruta de paso obligado.

Las recomendaciones para los conductores son claras y tajantes: circular con extrema precaución, reducir la velocidad de forma drástica, mantener distancias de seguridad superiores a las habituales y, en la medida de lo posible, evitar desplazamientos no estrictamente necesarios. Los vehículos de gran tonelaje, especialmente los de gran altura como camiones y autobuses, deben extremar las medidas de precaución, ya que son más susceptibles a verse afectados por rachas laterales de viento que pueden comprometer su estabilidad.

En el litoral, el espectáculo es a la vez fascinante y aterrador. Las olas rompen con furia contra los espigones y paseos marítimos, alcanzando alturas que superan los cinco metros en los puntos más expuestos. El agua salada se mezcla con la lluvia en un concierto de fuerza natural que recuerda a los temporales más míticos de la historia reciente del Cantábrico. Los servicios de emergencia han tenido que intervenir en varias ocasiones para desalojar zonas de paso y evitar que curiosos y aficionados al surf de grandes olas pongan en riesgo su integridad física.

La lluvia, aunque menos espectacular que el viento y el mar, contribuye al deterioro general de las condiciones. Acumulaciones de agua en carreteras, desprendimientos en zonas montañosas y el riesgo de inundaciones en zonas urbanas con deficiente sistema de drenaje son algunas de las consecuencias colaterales que las autoridades municipales están monitorizando con atención constante.

Desde el punto de vista meteorológico, la borrasca Goretti representa un claro ejemplo de cómo la configuración orográfica del País Vasco actúa como multiplicador de los efectos de los temporales atlánticos. La combinación de montañas cercanas al mar, valles estrechos y una orientación costera directamente expuesta a los vientos del oeste crea un efecto de embudo que intensifica las rachas y concentra la energía del oleaje en puntos específicos de la geografía local.

Los expertos en climatología consultados advierten que este tipo de fenómenos, aunque habituales en la estación invernal, están aumentando en frecuencia e intensidad como consecuencia de los cambios climáticos globales. El calentamiento de las aguas del Atlántico está proporcionando más energía a los sistemas de bajas presiones que se forman en latitudes medias, resultando en temporales más potentes y duraderos.

Mientras tanto, en tierra, los servicios de mantenimiento de carreteras despliegan todos sus recursos. Quitanieves, máquinas esparcidoras de sal y equipos de retirada de obstáculos trabajan sin descanso para garantizar la mínima viabilidad de las vías afectadas. La coordinación entre las diputaciones forales, el Gobierno vasco y los ayuntamientos resulta crucial para optimizar los recursos y responder con agilidad a las incidencias que se producen de forma simultánea en múltiples puntos del territorio.

La población, por su parte, muestra una mezcla de resignación y admiración ante la fuerza de la naturaleza. En Sopela y otros municipios costeros, vecinos con décadas de experiencia en temporales comparan la borrasca Goretti con los peores episodios que recuerdan, mientras que los más jóvenes descubren la crudeza de un invierno cantábrico en toda su intensidad. Las redes sociales se llenan de imágenes y vídeos que capturan la furia del mar, aunque las autoridades repiten el mensaje de que la seguridad debe primar sobre la curiosidad.

Las previsiones para las próximas horas no son especialmente alentadoras. Los modelos meteorológicos indican que el viento mantendrá su intensidad al menos hasta el final del día, con posibles refuerzos nocturnos que podrían superar las alertas ya activadas. El oleaje, una vez desatado, tardará en amainar, y se espera que las costas de Bizkaia y Gipuzkoa sigan recibiendo olas de gran tamaño durante todo el fin de semana.

En este contexto, la recomendación general es permanecer en casa si no es imprescindible salir, alejarse de zonas costeras expuestas y seguir en todo momento los avisos oficiales emitidos por el Departamento de Seguridad del Gobierno vasco y la Agencia Estatal de Meteorología. La experiencia acumulada en temporales anteriores ha demostrado que la precaución y la planificación son las mejores herramientas para minimizar los riesgos personales y materiales.

La borrasca Goretti servirá, una vez más, como recordatorio de la potencia de los fenómenos meteorológicos en el norte peninsular y de la necesidad de mantener infraestructuras resilientes y protocolos de actuación eficientes. Mientras el temporal siga su curso, la atención permanece centrada en proteger vidas y minimizar daños, con la mirada puesta en el amanecer del domingo, cuando se espera una gradual mejora que devolverá la calma a un litoral que hoy resuena con el rugido del viento y el mar.

Referencias

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