El FC Barcelona demostró una vez más su superioridad en la Liga Endesa al imponerse con autoridad al Casademont Zaragoza en un encuentro que quedó sentenciado antes de concluir la tercera mitad. La victoria, que supone la séptima consecutiva para los de Jasikevicius, llega en el momento perfecto de la temporada, justo antes del esperado Clásico contra el Real Madrid que se disputará este domingo.
Desde el salto inicial, el conjunto azulgrana dejó claro su intención de resolver el compromiso sin complicaciones. No obstante, los aragoneses plantaron cara durante los primeros diez minutos, mostrando una resistencia que resultaría efímera ante el potencial ofensivo barcelonista. La defensa visitante logró contener los primeros embates, pero la calidad individual y el juego coral del Barcelona acabaron por desbordar cualquier intento de contención.
El segundo periodo marcó un punto de inflexión decisivo. Los catalanes intensificaron su presión en ambos lados de la pista, lo que se tradujo en un parcial demoledor que dejó a los de Jesús Ramírez sin respuesta. La rotación de los locales funcionó a la perfección, con cada jugador que saltaba a la cancha aportando energía y efectividad. La diferencia en el electrónico comenzó a crecer de forma preocupante para los intereses maños, que veían cómo el partido se les escapaba sin poder ejecutar el más mínimo remedio.
El dominio interior del Barcelona resultó uno de los factores más determinantes. Dubljevic ejerció de referente bajo los aros con una facilidad pasmosa, anotando con comodidad en múltiples ocasiones y generando ventajas constantes para su equipo. Su presencia en la zona fue un quebradero de cabeza para la defensa zaragozana, incapaz de frenar su potencia en el poste bajo. Por su parte, Shengelia demostró su polivalencia, anotando desde distintas posiciones y sacando faltas que mantenían a los visitantes en constante desventaja.
La dirección de juego también brilló con luz propia. Satoransky controló el ritmo del encuentro con su experiencia, mientras que Joaquín Rodríguez aportó frescura y acierto desde el perímetro. La conexión entre ambos bases permitió al Barcelona alternar entre un juego pausado para buscar las mejores opciones y transiciones rápidas que castigaban cualquier pérdida del rival. La efectividad desde la línea de tres puntos, con tiros conseguidos por Norris y Stephens, terminó por desquiciar a una defensa visitante que ya no sabía por dónde cubrirse.
El tercer cuarto representó la sentencia definitiva. Un parcial de 28-12 dejó el marcador en unos claros 78-52, con veintiséis puntos de diferencia que convertían el último periodo en un mero trámite. Los de Ramírez intentaron reaccionar mediante tiempo muerto, pero la dinámica era irreversible. Los jugadores del Barcelona disfrutaban de un estado de gracia que se reflejaba en cada acción: mates espectaculares de Parrilla, penetraciones letales de Brizuela y un juego coral que convertía cada ataque en una obra de arte colectiva.
No todo fueron buenas noticias durante el encuentro. El Palau Blaugrana experimentó un incidente técnico cuando la bocina del pabellón comenzó a sonar de forma intermitente y fuera de tiempo, obligando a los árbitros a detener el juego en varias ocasiones. Los técnicos del recinto trabajaron para solucionar el problema mientras jugadores y entrenadores aprovechaban para reorganizar ideas. Aunque la situación generó cierta expectación entre el público, no alteró el devenir de un choque que ya tenía dueño desde el segundo acto.
La rotación profunda del Barcelona permitió descansar a sus principales figuras en los minutos finales, algo crucial de cara al exigente calendario que les espera. Lukic aprovechó sus minutos para demostrar su calidad, anotando un 2+1 que cerraba el círculo de una actuación coral. Incluso los jóvenes talentos del equipo mostraron solvencia cuando tuvieron la oportunidad, dejando claro que la cantera sigue siendo un valor seguro para el club.
La victoria final por 102-76 refleja la superioridad exhibida por los azulgranas durante los treinta minutos decisivos. El Casademont Zaragoza, que llegaba al Palau con la intención de competir, se vio superado en todas las facetas del juego. Su único consuelo fue la resistencia mostrada en el arranque, pero el nivel de exigencia de la Liga Endesa castiga duramente cualquier desconexión, y los de Ramírez pagaron cara su falta de continuidad.
Con este triunfo, el Barcelona alcanza la séptima victoria consecutiva en competición doméstica, una racha que les sitúa en lo más alto de la clasificación con pleno de moral. El equipo muestra una solidez defensiva y un despliegue ofensivo que lo convierten en el claro favorito para el título. La química entre los nuevos fichajes y la base del plantel parece haber alcanzado su punto óptimo justo en el momento más decisivo de la temporada.
La mirada ya está puesta en el Clásico del domingo en el WiZink Center. El duelo contra el Real Madrid adquiere una dimensión especial, ya que puede marcar el rumbo de la competición regular. Los blancos, que también vienen de buena racha, presentarán un reto de altísimo nivel que servirá para medir las verdaderas aspiraciones de este Barcelona. La victoria contra Zaragoza ha permitido a Jasikevicius dar descanso a sus estrellas y probar combinaciones tácticas que podrían ser clave en el choque capitalino.
El rendimiento de Fall merece mención especial. El pívot estuvo estupendo durante toda la noche, demostrando una progresión constante que convierte su presencia en la pintura en un activo invaluable. Su capacidad para anotar desde la media distancia, sumada a su trabajo en defensa, le convierte en una pieza fundamental del engranaje barcelonista. La confianza que le transmite el cuerpo técnico se refleja en su seguridad en cada movimiento.
El Barcelona ha demostrado que puede resolver partidos de forma contundente sin necesidad de forzar a sus líderes. Esta capacidad de gestión será esencial en una temporada que combina competiciones domésticas y europeas. La rotación de calidad, la efectividad ofensiva y la solidez defensiva conforman un tridente perfecto que pone a los azulgranas en la élite del baloncesto continental.
La afición del Palau disfrutó de una noche plácida, viendo cómo su equipo desplegaba un espectáculo de alto nivel. Los aplausos al final del encuentro reconocían no solo la victoria, sino la forma en que se había conseguido: con un juego atractivo, solidario y demoledor. El camino hacia el Clásico no podía haber empezado mejor, y las sensaciones en el seno del club son más que positivas de cara al reto madrileño.
El balance de la jornada 13 deja al Barcelona consolidando su liderato, mientras que Zaragoza debe reflexionar sobre los errores cometidos para afrontar los próximos compromisos. La Liga Endesa no perdona las desconexiones, y los maños necesitarán recuperar su mejor versión si quieren pelear por los puestos de privilegio. Por su parte, los azulgranas ya piensan en el duelo estelar del domingo, consciente de que una victoria en la capital sería un golpe anímico demoledor para sus aspiraciones de revalidar el título.