El 3 de enero da comienzo una nueva edición del Rally Dakar, la cuadragésimo octava, que se desarrollará en el exigente territorio de Arabia Saudita hasta el 17 del mismo mes. La prueba reina del rally-raid mundial presenta un recorrido de casi 8.000 kilómetros, de los cuales más de 4.400 serán de especial cronometrada, distribuidos en trece etapas más un prólogo inicial. La particularidad de esta edición radica en la inclusión de dos jornadas maratón, donde los equipos no pueden recibir asistencia externa durante la noche.
La expectación en España recae, una vez más, sobre el binomio formado por Carlos Sainz y Lucas Cruz. El piloto madrileño y el navegante catalán afrontan esta cita con el objetivo de revalidar su condición de favoritos y alzarse con su quinto título en la categoría de coches. Lo que convierte esta hazaña en especialmente relevante es la posibilidad de conseguirlo con una quinta marca de vehículo diferente, un hito sin precedentes en la historia del rally.
El palmarés de El Matador ya incluye victorias con Volkswagen (2010), Peugeot (2018), Mini (2020) y Audi (2024). Ahora, con Ford como nuevo aliado, Sainz persigue consolidar su leyenda como el piloto más versátil y adaptativo de la disciplina. Esta ambición nace, paradójicamente, de la frustración experimentada en la edición anterior.
El año pasado, la ilusión del equipo se desvaneció prematuramente durante la segunda etapa, conocida como la prueba de las 48 horas. Un vuelco a baja velocidad provocó daños estructurales en la barra antivuelco del Ford Raptor T1+, considerados inseguros por la FIA. A pesar de los esfuerzos del equipo por reparar los desperfectos, la decisión de la federación fue irrevocable, obligándoles a abandonar cuando apenas habían comenzado a competir.
Este contratiempo, lejos de desanimarles, ha servido como catalizador para una preparación exhaustiva. Sainz ha reconocido que el incidente les impidió adquirir experiencia valiosa con el nuevo vehículo, pero el equipo técnico aprovechó el tiempo para realizar una intensiva puesta a punto. El piloto madrileño ha completado más de 10.000 kilómetros de test y competiciones previas, una cifra que considera fundamental para llegar en óptimas condiciones a la cita saudita.
Las palabras de Sainz al respecto son claras: «Se notan mucho cuando los haces o cuando no los haces», refiriéndose a los kilómetros de entrenamiento. Por su parte, Lucas Cruz completa el razonamiento con una metáfora contundente: «Cada kilómetro ayuda, es como hablar un idioma, aunque lo sepas o lo entiendas hay que practicarlo o si no se pierde». Esta filosofía de trabajo refleja la madurez y la exigencia de un equipo que no deja nada al azar.
El recorrido diseñado para esta edición presenta un desafío técnico y físico de primer orden. La ruta comienza con un prólogo el 3 de enero, seguido de la etapa inicial el día 4. Las jornadas del 7 y 8 de enero conforman la primera etapa maratón, mientras que la segunda se desarrollará entre el 13 y 14. La caravana atravesará diversas regiones del reino saudita, desde los alrededores de Riad hasta las zonas costeras de Yanbu, pasando por localidades como Hail, Al Ula, Al Henakiyah, Bisha y Wadi Ad-Dawasir.
La competencia en la categoría reina promete ser feroz. Nasser Al-Attiyah y Sébastien Loeb, ambos con Dacia, representan una amenaza constante con su experiencia y velocidad. El vigente campeón, Yazeed Al-Rajhi, defiende su título con Toyota, mientras que Nani Roma, también con Ford, compartirá marca con Sainz pero no objetivos. Esta amalgama de talentos asegura un espectáculo de altísimo nivel durante las dos semanas de competición.
Más allá de los nombres propios, el Dakar 2026 mantiene su esencia de aventura y superación. La prueba no solo exige velocidad, sino resistencia, estrategia y una capacidad de adaptación constante a las condiciones del desierto. Las dunas de Arabia Saudita, combinadas con tramos rocosos y navegación compleja, pondrán a prueba los límites de pilotos y máquinas.
La motivación de Sainz y Cruz trasciende la simple victoria. Cada kilómetro recorrido en este rally representa una oportunidad para demostrar que la edad no es un obstáculo cuando la pasión y la preparación son los verdaderos motores. A sus 62 años, Carlos Sainz continúa desafiando los convencionalismos del automovilismo, demostrando que la experiencia y la determinación pueden competir de tú a tú con la juventud.
El equipo Ford ha trabajado intensamente en la fiabilidad del Raptor T1+, consciente de que la resistencia mecánica será tan crucial como la velocidad pura. Las lecciones aprendidas del accidente del año pasado se han traducido en mejoras en la seguridad y robustez del vehículo, sin comprometer su rendimiento competitivo.
La estrategia del binomio español se centrará en una gestión inteligente de la carrera, evitando riesgos innecesarios en las primeras etapas y manteniendo un ritmo constante que les permita llegar con opciones a la segunda semana. La experiencia acumulada en ediciones anteriores, especialmente en terrenos similares, constituye su principal activo.
El Dakar no es solo una carrera contra el cronómetro, sino una lucha contra los elementos y la adversidad. Cada etapa representa un mundo en sí mismo, con desafíos únicos que exigen máxima concentración y precisión en la navegación. Lucas Cruz, como artífice de esta faceta, asume una responsabilidad crucial en el éxito del equipo.
La comunidad del motor en España sigue con especial interés esta nueva gesta de su máximo representante. La capacidad de Sainz para reinventarse y competir al más alto nivel con diferentes tecnologías y marcas ha convertido cada participación suya en un acontecimiento de interés nacional.
Mientras tanto, en las filas de la competencia, nadie da por sentado el potencial del dúo español. Su historial habla por sí mismo, y la preparación realizada durante los últimos meses ha generado un respeto generalizado en el paddock. Todos saben que, si el Ford mantiene la fiabilidad, Sainz y Cruz serán candidatos indiscutibles a la victoria final.
La edición de 2026 también incorpora novedades en cuanto a sostenibilidad y seguridad, con la organización reforzando los protocolos médicos y de asistencia en las zonas más remotas. Estas medidas, sumadas a la evolución de los vehículos, buscan minimizar los riesgos inherentes a una prueba de esta magnitud.
Para Sainz, cada Dakar es una nueva oportunidad para escribir su leyenda. La posibilidad de sumar un quinto triunfo con una quinta marca diferente no es solo un récord estadístico, sino un testimonio de su capacidad de adaptación y de su profundo conocimiento de la especialidad. Es la materialización de una carrera construida sobre la base de la exigencia, la humildad y el trabajo incansable.
La cuenta atrás ha terminado. En menos de 24 horas, la caravana del Dakar pondrá rumbo al desierto saudita con la ilusión de cientos de participantes, pero con la mirada de miles de aficionados centrada en el número 204 del Ford Raptor T1+. La historia está por escribirse, y Carlos Sainz tiene la pluma en la mano.