Granada rinde emotivo homenaje a Juan Ramón Ferreira en el Ayuntamiento

Cientos de ciudadanos despiden al concejal de Cultura y Turismo con aplausos y silencio en la Plaza del Carmen

La mañana de este jueves quedará grabada en la memoria colectiva de Granada como uno de esos momentos en los que la ciudad se une en el dolor y el respeto. El féretro de Juan Ramón Ferreira Siles, cuarto teniente de alcalde y concejal de Cultura y Turismo del Ayuntamiento granadino, llegó a la Plaza del Carmen envuelto en un silencio tan profundo que solo se veía interrumpido por los sollozos contenidos y los llantos desconsolados de quienes le conocieron, le apreciaron y le quisieron. Era una escena que captaba la esencia de la pérdida: familiares con las manos entrelazadas, amigos buscando consuelo en los abrazos mutuos, y niños que, sin comprender del todo la magnitud del momento, percibían la tristeza en los rostros de sus mayores. Los adultos, por su parte, intentaban encontrar las palabras adecuadas para explicar a las nuevas generaciones por qué una ciudad entera se detenía en señal de luto. La presencia de Ferreira, tanto en la vida pública como en la privada, había trascendido lo político para convertirse en algo mucho más humano y cercano. Su labor al frente de las áreas de Cultura y Turismo no había sido meramente administrativa, sino que había dejado una huella tangible en la forma en que Granada entendía y promocionaba su riqueza patrimonial. Bajo su gestión, numerosos proyectos culturales vieron la luz, y la ciudad consolidó su posición como destino turístico de primer orden, siempre con un enfoque sostenible y respetuoso con su identidad. La reacción ciudadana no se hizo esperar. En un gesto espontáneo y cargado de emotividad, centenares de granadinos rompieron el silencio funebre para aplaudir con fuerza cuando el féretro llegó a las puertas del Ayuntamiento. No eran aplausos de celebración, sino de agradecimiento, de reconocimiento, de ese último adiós que se le brinda a quien ha servido a su comunidad con dedicación. Las palmas resonaron en la plaza, mezclándose con los sollozos, creando un contraste que reflejaba la complejidad del duelo colectivo. Allí estaban vecinos de toda la vida, representantes de asociaciones culturales, trabajadores del sector turístico y simples ciudadanos que habían sentido su impacto de una u otra forma. Todos compartían un mismo sentimiento: la sensación de haber perdido no solo a un representante público, sino a un granadino más que amaba su ciudad y trabajó por ella sin descanso. Una vez dentro del edificio municipal, el Salón de Plenos se transformó en capilla ardiente, el espacio donde durante las próximas horas ciudadanos, autoridades y amigos podrán acercarse a rendir su particular homenaje. La instalación de la capilla en este lugar simbólico no es casual: representa el corazón de la democracia local, el espacio donde Ferreira tomó decisiones, defendió proyectos y luchó por sus convicciones. Ahora, ese mismo espacio se vuelve sacralizado para darle el último adiós institucional. El protocolo establecido contempla que el luto oficial se prolongue durante todo el día, con las banderas del Ayuntamiento a media asta y la suspensión de actos oficiales no urgentes. Es una medida de respeto que Granada adopta con solemnidad, reconociendo el vacío que deja su ausencia. La Corporación Municipal, a través de un comunicado oficial, ha expresado su más profundo agradecimiento por las innumerables muestras de cariño y pésame recibidas desde que se hizo pública la noticia del fallecimiento. Mensajes de condolencia han llegado no solo de otros ayuntamientos y administraciones, sino también de entidades culturales, empresas turísticas y ciudadanos anónimos que han querido compartir su dolor. Este torrente de solidaridad demuestra la conexión genuina que Ferreira había establecido con la sociedad granadina. Su puerta siempre estuvo abierta para escuchar propuestas, resolver problemas o simplemente intercambiar ideas sobre el futuro de la ciudad. Esa accesibilidad, cada vez más rara en la política actual, es precisamente lo que más se echará de menos. Los preparativos para los actos finales ya están concluidos. La misa funeral tendrá lugar mañana viernes a las 9:00 horas en la Iglesia de la Magdalena, uno de los templos más emblemáticos del centro histórico de Granada. La elección de este horario temprano permite que tanto ciudadanos como trabajadores municipales puedan asistir antes de iniciar su jornada laboral. Se espera que la ceremonia religiosa congregue a un gran número de personas, incluyendo la totalidad de la Corporación Municipal, representantes de la Junta de Andalucía, diputados provinciales y autoridades de otros municipios. La capilla ardiente permanecerá abierta hasta última hora de la tarde para que todos aquellos que lo deseen puedan despedirse. No se requiere invitación especial: basta con el deseo de acompañar a la familia en estos momentos difíciles y de rendir tributo a una trayectoria pública ejemplar. La entrada es libre, aunque se ruega el máximo respeto y silencio en recuerdo al fallecido. En los pasillos del Ayuntamiento, los murmullos de los trabajadores municipales revelan el impacto emocional de la pérdida. Muchos recuerdan su sonrisa afable, su disposición para el diálogo y su pasión por los proyectos que consideraba estratégicos para Granada. No era el típico político de despacho: le gustaba estar en la calle, en los eventos culturales, en los foros turísticos, escuchando directamente a los actores implicados. Su forma de entender la gestión pública estaba marcada por la cercanía y la empatía, cualidades que le granjearon el respeto incluso de quienes no compartían su ideología. La ciudad de Granada, con su luz especial y su atmósfera única, parece hoy un poco más gris. Las calles que él recorriera innumerables veces promocionando su historia, su arte y su cultura, ahora lo despiden con un silencio reverente. Los monumentos que tanto le apasionaban, desde la Alhambra hasta los rincones más ocultos del Albaicín, parecen guardar luto por quien tanto hizo para ponerlos en valor. La capilla ardiente en el Salón de Plenos no es solo un ritual de despedida, sino un espacio de reflexión colectiva sobre el tipo de política que queremos: cercana, honesta, apasionada y efectiva. En los próximos días, Granada seguirá procesando esta pérdida. Los medios de comunicación locales continuarán recogiendo testimonios de quienes le conocieron, las redes sociales mantendán vivo su recuerdo con anécdotas y fotografías, y la Corporación Municipal tendrá que hacer frente al reto de cubrir el vacío que deja su ausencia. Pero más allá de la política institucional, lo que permanecerá es la memoria de un servidor público que entendió su trabajo como un servicio a la comunidad, no como un privilegio. El aplauso de esta mañana en la Plaza del Carmen no se apagará fácilmente. Ese eco de gratitud seguirá resonando cada vez que un granadino disfrute de una iniciativa cultural, cada vez que un turista descubra la magia de la ciudad, cada vez que la Cultura y el Turismo de Granada brillen con luz propia. Porque en cada uno de esos logros, habrá una parte de Juan Ramón Ferreira, el concejal que amaba su ciudad hasta el final.

Referencias

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