La tranquilidad de una noche festiva se convirtió en una escena de alarma para una familia de Huerta del Rey cuando una bala perforó su vivienda durante los festejos de Nochevieja. El incidente, ocurrido en la madrugada del 1 de enero de 2026, ha vuelto a poner sobre la mesa el peligro de los disparos al aire como celebración en la provincia de Valladolid.
Yolanda R., residente desde hace décadas en el número 4 de la avenida Sánchez Arjona, convocó a sus seres queridos para la tradicional cena de fin de año. En total, siete comensales se reunieron en torno a la mesa para despedir 2025 y recibir 2026 con las doce uvas de la suerte. La noche transcurría con normalidad, entre risas, brindis y el estruendo habitual de los petardos en la plazoleta cercana.
«El ruido era considerable, como suele ocurrir cada año», relata Yolanda, de 60 años. «Pero sobre las 00:30 horas percibimos un estruendo más intenso de lo habitual. Estábamos en el salón, nos asomamos a la cocina, pero no detectamos nada anómalo, así que continuamos con la celebración». La familia, desprevenida, no imaginaba que aquel sonido seco y potente correspondía a un proyectil que acababa de atravesar la ventana de uno de los dormitorios.
Pasaron más de dos horas hasta que el destino quiso que descubrieran lo ocurrido. Alrededor de las 2:30 horas, cuando la hermana de Yolanda se disponía a regresar a su casa, los familiares entraron en la habitación de su hermano para recoger los abrigos. Fue entonces cuando el foco de atención se desplazó hacia la pared superior, donde un boquete llamativo y polvo esparcido por el suelo delataban algo grave.
«En un principio barajamos que fuera un problema de las tuberías, aunque nos extrañó porque las habíamos renovado recientemente», explica Yolanda. «Al observar la ventana, la respuesta fue evidente: el cristal y la persiana mostraban un orificio de entrada perfectamente definido». El proyectil, con trayectoria ascendente, había impactado en la parte alta de la pared, a escasos centímetros del techo.
El análisis de la trayectoria reveló una verdad escalofriante. La mesa de trabajo del hermano de Yolanda, habitualmente ubicada justo debajo del punto de impacto, habría convertido aquella noche en una tragedia si él hubiera estado presente. «Si mi hermano estuviera sentado en ese momento, el proyectil le habría impactado directamente en la cabeza», admite Yolanda con visible conmoción. La certeza de haber estado a punto de sufrir una desgracia irreversible ha marcado profundamente a toda la familia.
La reacción más afectada ha sido la de la madre de Yolanda, una mujer de 84 años con problemas cardíacos. «Ella no se lo quita de la cabeza. Cada vez que piensa en lo que pudo haberle pasado a su hijo se angustia», confiesa Yolanda. La anciana, testigo de décadas de celebraciones en la localidad vallisoletana, nunca imaginó que una tradición tan arraigada pudiera derivar en una amenaza directa para su familia.
Ante la evidencia de un impacto de bala, la familia contactó con la Policía Nacional. Los agentes se personaron en el domicilio en cuestión de minutos y confirmaron la hipótesis inicial. «Nos informaron de que es una práctica desafortunadamente común en estas fechas. Muchas personas optan por efectuar disparos al aire en lugar de lanzar fuegos artificiales», lamenta Yolanda.
Los funcionarios ordenaron preservar la escena hasta la llegada de la Policía Científica, encargada de realizar el peritaje técnico. Los especialistas deben determinar con precisión el origen del disparo, una tarea compleja que implica reconstruir la trayectoria parabólica del proyectil. Las hipótesis apuntan tanto a la vía pública como a algún patio interior de los bloques colindantes, posiblemente desde una altura baja.
El municipio de Huerta del Rey, con poco más de 2.500 habitantes, vive cada fin de año con intensidad. Las tradiciones locales incluyen la quema de petardos y otros artefactos pirotécnicos en espacios comunes. Sin embargo, la alternativa de usar armas de fuego para celebrar, aunque minoritaria, representa un riesgo latente para la seguridad de los vecinos.
Este incidente no es aislado en la geografía española. Cada año, las autoridades lanzan campañas de concienciación sobre los peligros de los disparos al aire. Los proyectiles, al caer, mantienen su capacidad lesiva y pueden causar daños materiales y personales. La gravedad radica en la imprevisibilidad: nadie puede predecir con exactitud dónde impactará una bala disparada sin blanco definido.
La investigación continúa abierta. La Policía Científica analizará el proyectil recuperado, las características del impacto y las posibles trayectorias para intentar identificar al responsable. Sin embargo, en casos como este, la dificultad de pruebas directas complica la resolución. La familia, mientras tanto, espera que el episodio sirva como llamada de atención para erradicar una práctica que pone en riesgo vidas humanas.
Yolanda, que reside en esa vivienda desde los 14 años, nunca había experimentado una situación similar. «Hemos vivido aquí toda la vida, siempre con tranquilidad. Ahora miramos las paredes de forma diferente», reconoce. El miedo ha dejado una huella difícil de borrar, especialmente en la generación mayor, que ve con preocupación cómo tradiciones inocentes pueden derivar en conductas temerarias.
El Ayuntamiento de Huerta del Rey no ha emitido declaraciones oficiales al respecto, aunque fuentes municipales reconocen la preocupación por este tipo de actuaciones. La normativa local prohíbe expresamente el uso de armas de fuego en espacios urbanos, pero la vigilancia en fechas señaladas resulta compleja con los recursos disponibles.
Para la familia de Yolanda, la prioridad ahora es recuperar la normalidad. Han reparado provisionalmente la ventana y esperan los resultados del informe policial para valorar acciones legales. Mientras tanto, comparten su testimonio con la esperanza de que otros vecinos tomen conciencia y denuncien cualquier comportamiento similar.
El balance final de esta Nochevieja pudo hab sido muy diferente. La suerte, o la geometría casual de una trayectoria, evitó una tragedia. Pero la lección es clara: celebrar no debe significar poner en peligro al prójimo. Los disparos al aire no son inocuos; son proyectiles que vuelven a tierra con la misma capacidad de causar daño que cuando salieron del cañón.
La reflexión de Yolanda resume el sentir de muchos ciudadanos: «No se puede jugar con la vida de las personas. Una celebración no justifica semejante irresponsabilidad». En Huerta del Rey, como en tantos otros municipios, la convivencia pacífica pasa por respetar normas básicas de seguridad que protejan a todos los vecinos, especialmente a los más vulnerables.
Mientras la investigación policial avanza, la comunidad local espera que este incidente sirva de punto de inflexión. La concienciación, la denuncia ciudadana y la aplicación efectiva de la normativa son las únicas herramientas para prevenir que una celebración se convierta en una tragedia. La familia de Yolanda, afortunadamente, puede contarlo. Otras no han tenido la misma suerte.