Dinamarca elimina el servicio postal de cartas tras 401 años de historia

El país nórdico da por concluida una tradición centenaria y reorienta su modelo logístico hacia la paquetería digital

El martes marcó un antes y un después en la historia de la comunicación escrita. Dinamarca se convirtió en el primer estado europeo en poner punto final al servicio postal tradicional de cartas, cerrando así un ciclo que duró más de cuatro siglos. La compañía mixta sueco-danesa Postnord entregó simbólicamente la última misiva al Enigma, Museo de la Comunicación de Copenhague, donde quedará expuesta como testimonio de una era que se desvanece.

La ceremonia tuvo lugar en el barrio de Osterbro, donde representantes de la empresa postal depositaron la correspondencia final en las vitrinas del museo. Este gesto simbólico representa el cierre de 401 años de servicio ininterrumpido en el territorio danés, una tradición que se remonta a 1624 cuando el monarca Christian IV estableció los primeros sistemas de mensajería estatal.

La desaparición física del servicio ya había comenzado meses atrás. Durante el segundo semestre de 2025, Postnord retiró los 1.500 buzones públicos de característico color rojo que salpicaban ciudades y paisajes rurales. La respuesta ciudadana no se hizo esperar: unos mil de estos artefactos se pusieron a la venta online a precios que oscilaban entre 195 y 270 euros, siendo adquiridos en cuestión de días por coleccionistas y nostálgicos que los consideraron "piezas del patrimonio cultural danés". Los ingresos obtenidos serán donados íntegramente a causas benéficas.

La demanda fue tal que la compañía anunció una segunda tanda. En enero se subastarán otros doscientos ejemplares, algunos diseñados por artistas locales contemporáneos, convirtiéndolos así en objetos de arte urbano. Paralelamente, el 18 de diciembre se produjo otro hito: la última venta de sellos postales, que pasaron a formar parte de la historia coleccionable del país.

Los números explican esta transformación radical. Dinamarca figura entre las naciones más avanzadas en digitalización global, y el volumen de correspondencia epistolar ha experimentado una caída vertiginosa del 90% desde el año 2000. La costumbre de escribir cartas se ha diluido en beneficio de mensajería instantánea, correo electrónico y redes sociales.

El factor económico ha acelerado este proceso. En 2025, franquear una simple carta con plazo de entrega de hasta cinco días costaba casi cuatro euros, un precio prohibitivo para el uso habitual. Esta escalada tarifaria, combinada con la escasa demanda, hizo insostenible el modelo tradicional. Postnord ha decidido reconcentrar todos sus recursos en el segmento de logística de paquetería, donde el comercio electrónico genera un flujo constante y creciente de envíos.

No obstante, los ciudadanos daneses no se quedarán sin opciones para enviar documentos físicos. Empresas privadas de mensajería como DAO, especializadas también en la distribución de prensa escrita, cubrirán esta necesidad de nicho. El mercado se fragmentará entre operadores privados que ofrecerán servicios diferenciados, mientras el estatal se dedica exclusivamente a la distribución de mercancías.

Este movimiento escandinavo no es un caso aislado, sino la punta de lanza de una tendencia global. En España, por ejemplo, los datos reflejan una trayectoria similar. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) registró unos 1.341 millones de cartas y postales en 2023, lo que representa una caída aproximada del 10% interanual. La tendencia se acentuó en 2024, cuando el total descendió a unos 1.260 millones de envíos postales tradicionales, acumulando un desplome superior al 60% en la última década.

La diferencia temporal entre ambos países radica en el grado de digitalización y la decisión política de dar de baja el servicio universal obligatorio. Mientras España mantiene el servicio por compromiso regulatorio, Dinamarca ha optado por una transición definitiva, anticipando el inevitable destino de la correspondencia física.

Este cambio de paradigma plantea reflexiones sobre la pérdida de ritualidad en la comunicación. Una carta escrita a mano, con su sello, su buzón rojo y su espera, conformaba una experiencia sensorial y temporal que la instantaneidad digital ha anulado. El museo Enigma preservará esta memoria, pero las calles danesas ya no tendrán esos puntos rojos donde depositar secretos y afectos.

La pregunta ya no es si otros países seguirán el ejemplo, sino cuándo. La era de la correspondencia postal tradicional tiene los días contados en todo el mundo occidental. Dinamarca simplemente ha sido la primera en reconocerlo oficialmente y darle una despedida digna, convirtiendo su última carta en pieza de museo y sus buzones en objetos de coleccionista.

Referencias

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