La cotización de Grifols ha iniciado 2025 con un comportamiento notablemente positivo, logrando superar niveles técnicos que durante semanas habían actuado como verdaderos obstáculos para su avance. Este movimiento alcista no solo confirma la fortaleza reciente del título, sino que también abre interrogantes sobre la capacidad de la compañía para consolidar una tendencia sostenida a lo largo de los próximos meses.
Durante las últimas ocho semanas del año pasado, el valor farmacéutico dedicó todos sus esfuerzos a intentar recuperar un terreno clave: la media móvil de 200 sesiones. Este indicador técnico, considerado uno de los más relevantes para identificar la tendencia de fondo de cualquier activo, había actuado como techo infranqueable desde finales del pasado mes de noviembre. Los intentos previos resultaron fallidos, generando cierta frustración entre los inversores que esperaban una señal clara de recuperación.
La clave residía en superar la resistencia de los 11,134 euros, un nivel que concentraba no solo la media mencionada, sino también una importante zona de oferta donde históricamente se habían producido ventas masivas. La buena noticia llega precisamente ahora: Grifols ha conseguido perforar este umbral con convicción, validando así un cambio de ciclo a corto plazo que muchos analistas consideraban necesario para revitalizar la confianza en el papel.
Este avance técnico permite vislumbrar un escenario hasta ahora hipotético: el retorno a una tendencia alcista estructural. La superación del nivel de 11,134 euros no es un mero dato anecdótico, sino que representa el primer paso hacia una recuperación más ambiciosa. El siguiente objetivo inmediato se sitúa en los 11,79 euros, precio que coincide con el máximo relativo del pasado mes de diciembre y donde probablemente se concentre una nueva batalla entre compradores y vendedores.
Si Grifols logra consolidarse por encima de los 11,79 euros, las implicaciones serían considerablemente positivas. Este movimiento activaría una señal de compra clásica en análisis técnico, propiciando una recuperación mayor de toda su estructura de precios. En este contexto, los ojos de los inversores se dirigirían hacia los máximos anuales del pasado julio, situados en los 13,54 euros. Alcanzar esta cota implicaría una revalorización superior al 20% desde los actuales niveles, recuperando todo el terreno perdido durante la segunda mitad de 2024.
No obstante, conviene ser prudentes. El análisis técnico siempre debe contemplar escenarios alternativos y niveles de riesgo definidos. En este sentido, el soporte crítico a vigilar se encuentra en los 9,91 euros. Esta zona representa el último bastión defensivo antes de una corrección más profunda que podría invalidar completamente la tesis alcista actual. Una caída por debajo de este umbral no solo complicaría la evolución técnica del valor, sino que activaría stop losses automáticos y probablemente desencadenaría presión vendedora adicional.
La importancia de mantenerse por encima de los 9,91 euros radica en que este nivel ha actuado como suelo relevante en múltiples ocasiones durante el último trimestre. Su ruptura abriría la puerta a un testeo de mínimos más profundos, posiblemente en la zona de los 9,20-9,30 euros, donde se ubica la media móvil de 100 sesiones. Este escenario, lejos de ser el deseado por los accionistas, no puede descartarse en un mercado tan volátil como el actual.
Desde una perspectiva de gestión de riesgo, la recomendación para los inversores activos pasa por establecer posiciones escalonadas. Aquellos con mayor tolerancia al riesgo podrían iniciar entradas parciales por encima de los 11,134 euros, validando la señal actual. Por el contrario, los más conservadores probablemente esperarán a la confirmación de los 11,79 euros para posicionarse con mayor convicción, aceptando pagar un precio ligeramente superior pero con una probabilidad de éxito mayor.
El volumen de contratación será otro factor determinante para validar este movimiento. Una superación de resistencias acompañada de volúmenes superiores a la media sería el complemento perfecto para confirmar el interés institucional en el valor. Si, por el contrario, el avance se produce con escasa participación, podría tratarse de un falso rompimiento que acabe por revertirse en las próximas sesiones.
En el contexto del sector, Grifols no se mueve en el vacío. El sector farmacéutico y biotecnológico europeo ha mostrado cierta fortaleza en las últimas semanas, beneficiado por una mayor estabilidad en los tipos de interés y por la consolidación de algunas operaciones corporativas. Este viento de cola sectorial podría favorecer la continuidad del movimiento alcista, siempre que la compañía no desvele sorpresas negativas en sus próximos resultados trimestrales.
Los plazos temporales también juegan a favor de esta tesis. El hecho de que la superación se produzca a principios de año, lejos de las ventanas de resultados, sugiere que el movimiento tiene un componente técnico genuino más que especulativo. Los inversores de largo plazo verán con buenos ojos esta estabilidad, mientras que los traders de corto plazo tendrán claro su nivel de stop loss en los 11,134 euros, que ahora debería actuar como soporte.
La clave para las próximas sesiones residirá en la capacidad de cierre. No basta con tocar los 11,134 euros intradía; es fundamental que Grifols consiga cerrar por encima de este nivel de forma consistente durante al menos tres sesiones consecutivas. Solo así se considerará válido el quiebre y se activarán los objetivos superiores mencionados.
En resumen, Grifols nos regala un inicio de año técnicamente interesante. La superación de la resistencia de los 11,134 euros y la media de 200 sesiones abre la puerta a un escenario alcista con potencial hasta los 13,54 euros, siempre que se respete el soporte de los 9,91 euros. Los inversores deberán mantenerse alerta a la evolución del volumen y a la capacidad de cierre del valor para confirmar o invalidar esta prometedora señal.