El aeropuerto de Bilbao recibió ayer, en las últimas horas del día, a los jóvenes viajeros del JM Barandiaran BHI, poniendo así el broche final a una aventura educativa de casi tres días en el corazón de Europa. La iniciativa Euroscola ha vuelto a cumplir su cometido: acercar a los estudiantes de la Unión Europea las instituciones comunitarias mientras forjan lazos inquebrantables.
Lo que comenzó como un sueño académico se transformó en una experiencia transformadora. Los alumnos y profesores del centro vizcaíno regresaron con la maleta llena de recuerdos, pero sobre todo con una nueva perspectiva sobre lo que significa la ciudadanía europea. No todos los días se tiene la oportunidad de sentarse en el hemiciclo donde deciden el futuro del continente, y mucho menos de hacerlo representando a Euskadi.
Una sesión parlamentaria única
El punto álgido del viaje tuvo lugar en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, donde más de seiscientos estudiantes de diferentes rincones del continente se dieron cita. Entre ellos, los jóvenes del Barandiaran, quienes tuvieron el privilegio de participar en una simulación parlamentaria que superó con creces las expectativas.
La presencia de delegaciones de Chipre, Francia y Grecia enriqueció el debate con visiones diversas sobre los desafíos que afronta la UE. Pero lo que realmente hizo brillar esta edición de Euroscola fue escuchar el euskera resonando en las salas del Parlamento. Los estudiantes vascos no solo representaron a España, sino que llevaron consigo su identidad lingüística y cultural, demostrando que la diversidad es la verdadera riqueza de Europa.
"Ha sido una experiencia increíble", coinciden varios de los participantes al describir la sensación de sentarse en los escaños donde legisladores de veintisiete países toman decisiones que afectan a millones de ciudadanos. La formalidad del acto no impidió que la emoción se hiciera palpable en cada intervención.
Más allá del hemiciclo: convivencia y cultura
El programa Euroscola no se limita a la jornada parlamentaria. Las casi 72 horas de convivencia intensiva dejaron huella profunda en los adolescentes. La convivencia intercultural se convirtió en la mejor lección, compartiendo espacios, comidas y risas con jóvenes de otras nacionalidades.
La mañana del último día, antes de emprender el regreso, el grupo aprovechó para sumergirse en la atmósfera navideña de Estrasburgo. Los mercados de Navidad, famosos por su encanto alsaciano, ofrecieron el escenario perfecto para las últimas compras. Entre regalos típicos y souvenirs, hubo quien decidió emprender una caminata de media hora para hacerse con un tesoro especial: la bandera del RC Estrasburgo, el equipo local de fútbol.
Este gesto simboliza el espíritu del viaje: la curiosidad por lo local dentro de lo global. Mientras exploraban las calles empedradas de la ciudad francesa, los estudiantes fueron más que turistas; fueron embajadores culturales que intercambiaron no solo ideas políticas, sino también pasiones cotidianas.
El camino de vuelta: entre la nostalgia y la satisfacción
El itinerario de regreso siguió la misma ruta que los llevó a Estrasburgo: tren y avión, pero con el corazón lleno de nuevas experiencias. La espera en el aeropuerto se convirtió en una oportunidad para el compañerismo y el juego. Mientras aguardaban la llamada para embarcar, inventaron formas de entretenerse: desde encestar paquetes de pañuelos en vasos de papel hasta organizar partidas de escondite entre las terminales.
A diferencia del vuelo de ida, donde una anécdota imprevista marcó el inicio de la aventura, el regreso transcurrió sin contratiempos. El paso por los controles de seguridad fue fluido, y pronto el grupo se encontró de vuelta en tierras vascas, donde familiares y amigos aguardaban con ansiedad en La Paloma.
La distancia recorrida, sumando trayectos de ida y vuelta, fue considerable. Sin embargo, resulta insignificante comparada con el viaje emocional y formativo que experimentaron. Otros centros educativos que han participado en Euroscola han tenido que soportar jornadas aún más largas, pero lo que realmente importa no son las horas de transporte, sino las oportunidades de aprendizaje aprovechadas.
El legado de Euroscola: más allá del tiempo
El verdadero valor de esta experiencia no se mide en kilómetros ni en horas de vuelo. La convivencia de 72 horas prácticamente sin descanso forjó vínculos que perdurarán toda la vida. Los estudiantes regresan no solo con conocimientos sobre el funcionamiento de las instituciones europeas, sino con una red de amistades internacionales y una mayor conciencia de su papel como ciudadanos globales.
El programa Euroscola, promovido por el Parlamento Europeo, cumple su misión de acercar la UE a las nuevas generaciones. Para estos jóvenes del JM Barandiaran, la teoría vista en clase cobró vida en el hemiciclo de Estrasburgo. Los conceptos de democracia participativa, plurilingüismo y diversidad cultural dejaron de ser abstractos para convertirse en experiencias vividas.
La marca que deja este viaje es indeleble. Con el paso de los años, cuando estos estudiantes recuerden su etapa escolar, no recordarán tanto las clases magistrales o los exámenes, sino estos momentos de conexión real con el mundo. La sensación de haber sido, aunque fuera por un día, parte del motor democrático de Europa.
El JM Barandiaran BHI demuestra una vez más su compromiso con la formación integral de su alumnado, apostando por experiencias que van más allá de los muros del centro. En un mundo cada vez más interconectado, estas oportunidades son fundamentales para formar ciudadanos críticos, comprometidos y conscientes de su potencial para incidir en el futuro colectivo.
El viaje ha terminado, pero la experiencia apenas comienza a germinar. Los jóvenes parlamentarios del Barandiaran regresan a sus rutinas con una mochila cargada de aprendizajes, amistades y la certeza de que, efectivamente, han vivido algo verdaderamente increíble.