El sábado 24 de enero de 2026 marcó una fecha decisiva para cientos de jóvenes profesionales de la salud en Extremadura. Desde primera hora de la mañana, el campus universitario de Badajoz se convirtió en un hervidero de emociones, donde la tensión y la esperanza se mezclaban en el ambiente. Cientos de aspirantes al Examen MIR aguardaban impacientes el momento de demostrar años de esfuerzo académico en una prueba que definirá su futuro profesional.
Entre ellos se encontraba Justo Rosado, un joven de 24 años originario de Alburquerque. Mientras mordisqueaba un bocadillo para calmar los nervios, sus compañeros de la facultad formaban corrillos animados en las puertas del edificio de Económicas, intentando distraer la mente antes de la prueba. "Los últimos días han sido realmente agotadores", confesaba el joven, cuyas preferencias se centraban en especialidades tan demandadas como Medicina Intensiva, Digestivo y Cirugía General.
La convocatoria de 2026 ha batido récords en cuanto a oferta de plazas. El Ministerio de Sanidad puso en juego un total de 12.366 plazas de Formación Sanitaria Especializada distribuidas por toda España. De estas, la gran mayoría -9.276 exactamente- estaban destinadas a futuros médicos internos residentes, lo que representa un incremento del 3,5% respecto al año anterior, con 423 plazas adicionales.
En la región extremeña, la oferta alcanzó las 320 plazas, de las cuales 233 correspondían a médicos. El resto se distribuía entre otras disciplinas del ámbito sanitario, como enfermería, psicología, biología, farmacia, física y química, reflejando la diversidad de perfiles profesionales que conforman el sistema de salud público.
Los datos de participación revelan la magnitud del evento. En el campus pacense se habían convocado a 714 candidatos, de los cuales finalmente se presentaron 604. Por su parte, en la ciudad de Cáceres, de los 401 inscritos acudieron 325 personas. Estas cifras evidencian una tasa de ausencia del 15,4% en Badajoz y del 18,9% en Cáceres, probablemente atribuible a la presión del examen o a cambios de último momento en las preferencias de los candidatos.
La prueba en sí constituye un verdadero desafío intelectual. Durante cuatro horas y media, los aspirantes deben responder a más de 200 preguntas de opción múltiple, con diez preguntas adicionales de reserva. Este formato exige no solo un conocimiento profundo de la materia, sino también una estrategia de gestión del tiempo impecable y una resistencia mental excepcional.
El perfil de los candidatos resulta notablemente diverso. Mientras algunos son recién licenciados en Medicina procedentes de universidades españolas, otros han recorrido un camino más complejo. Es el caso de Vladimir Rodríguez, un médico ecuatoriano que ya ha trabajado en el sistema sanitario español, prestando servicio en centros de salud rurales donde la demanda de profesionales es crítica. A pesar de haberse formado en su país de origen y de contar con experiencia laboral en territorio nacional, debe superar esta prueba para acceder a una plaza de especialización. Su objetivo: la especialidad de Medicina de Familia, una de las más solicitadas y necesarias en el territorio extremeño.
Rodríguez compartió que en su primer intento se preparó mediante una academia especializada, mientras que para esta ocasión ha optado por un método de estudio independiente. Esta dualidad en las estrategias de preparación refleja la diversidad de enfoques que los candidatos adoptan para enfrentar uno de los exámenes más exigentes del panorama educativo nacional.
La comunidad de médicos extracomunitarios presente en Badajoz resulta especialmente significativa. Pedro Ureña, oriundo de Colombia, viajó expresamente desde Madrid para presentarse en la capital pacense. Su elección no es casual: Extremadura ofrece oportunidades concretas para quienes buscan consolidar su carrera en España. "Nos hemos desplazado profesionales de diversos países: cubanos, venezolanos, haitianos...", comentaba otro médico latinoamericano que prefería mantener el anonimato ante los medios de comunicación.
Esta presencia internacional enriquece el tejido profesional del sistema sanitario extremeño y evidencia la capacidad de atracción que tiene la región para profesionales cualificados de todo el mundo, a pesar de que muchos de ellos, como Rodríguez, tienen como objetivo final trabajar en otras comunidades autónomas una vez obtenida la especialización.
La distribución de plazas por disciplina muestra la priorización de ciertos perfiles. En Badajoz, los 380 aspirantes de enfermería constituían el grupo más numeroso, seguidos por los 207 médicos, 75 psicólogos, 26 biólogos, 12 farmacéuticos, 12 físicos y 2 químicos. En Cáceres, la proporción era similar: 223 enfermeros, 106 médicos, 38 psicólogos, 21 biólogos, 8 farmacéuticos, 3 físicos y 2 químicos.
Esta distribución refleja las necesidades del sistema sanitario, donde la enfermería representa el colectivo más amplio, pero también donde la medicina concentra la mayor competencia por las plazas de especialización avanzada.
El proceso de preparación ha sido descrito por múltiples candidatos como extremadamente exigente. Las últimas semanas previas al examen se caracterizan por jornadas maratonianas de estudio que superan las 12 horas diarias, combinando repaso de contenidos, resolución de preguntas de años anteriores y simulacros de examen. Esta rutina intensiva pone a prueba no solo el conocimiento, sino también la resistencia física y emocional de los aspirantes.
El sistema de Formación Sanitaria Especializada en España, a través del MIR, representa una de las vías más rigurosas de acceso a la profesión médica especializada. La prueba no evalúa únicamente la memorización de conceptos, sino la capacidad de aplicación clínica, el razonamiento médico y la toma de decisiones en situaciones complejas. Por ello, la preparación requiere un enfoque integral que combine teoría, práctica y estrategia.
La simultaneidad del examen en todo el territorio nacional garantiza la equidad del proceso. Todos los candidatos, independientemente de su lugar de residencia o nacionalidad, enfrentan las mismas preguntas en el mismo horario, bajo condiciones estandarizadas que aseguran la imparcialidad de la evaluación. Este sistema centralizado permite una asignación de plazas basada exclusivamente en el mérito académico, medido a través de la puntuación obtenida.
Para Extremadura, la celebración del MIR representa un evento de gran relevancia. La región no solo acoge a cientos de aspirantes locales, sino que también se convierte en destino para profesionales de otras comunidades e incluso de otros países. Esta movilidad favorece el intercambio de conocimientos y experiencias, enriqueciendo la formación de los futuros especialistas que eventualmente podrían incorporarse al sistema sanitario regional.
La expectativa generada por el examen trasciende lo académico. Para muchas familias, el resultado del MIR determina el futuro laboral y personal de sus hijos, ya que la especialidad obtenida y el lugar de residencia durante la formación influirán en sus trayectorias profesionales durante décadas. Por ello, la presencia de familiares en los alrededores de los centros de examen era notable, ofreciendo apoyo emocional en un momento de máxima tensión.
La diversidad de orígenes y experiencias entre los candidatos refleja la universalidad de la vocación médica. Desde el joven extremeño que sueña con la cirugía hasta el profesional latinoamericano que busca consolidar su carrera en España, todos comparten un compromiso común con la salud pública y la atención al paciente. Esta diversidad fortalece el sistema sanitario, aportando diferentes perspectivas y enfoques al ejercicio profesional.
Los resultados del examen, que se publicarán en las próximas semanas, determinarán no solo la asignación de plazas, sino también la configuración del mapa de especialistas en España para los próximos años. Las comunidades con mayor oferta de plazas atractivas, como las grandes ciudades o las especialidades más prestigiosas, concentrarán la atención de los mejores puntuados, mientras que las plazas en áreas rurales o especialidades menos demandadas requerirán estrategias de incentivación.
En este contexto, Extremadura juega un papel estratégico. Su oferta de plazas, especialmente en medicina familiar y áreas rurales, resulta crucial para garantizar la cobertura sanitaria en zonas donde la escasez de profesionales es una realidad constante. La capacidad de retener a los especialistas formados en la región, o de atraer a profesionales de otros lugares, dependerá en gran medida de las políticas de incentivación y de las condiciones laborales ofrecidas.
El examen MIR de 2026 en Extremadura ha sido, en definitiva, un reflejo fiel del estado del sistema sanitario español: exigente, competitivo, diverso y con un fuerte componente de vocación pública. Los más de 900 aspirantes que se presentaron en Badajoz y Cáceres no solo buscan un título profesional, sino la oportunidad de contribuir a la salud de la población desde sus respectivas especialidades. Su esfuerzo, dedicación y sacrificio personal constituyen la base sobre la que se construye el futuro de la sanidad pública en España.