CaixaBank recibe multa récord del Sepblac por la venta de la Torre Foster

La entidad bancaria asume una sanción de más de 30 millones de euros por una operación inmobiliaria de Caja Madrid de 2007 que investiga posibles irregularidades en blanqueo de capitales

CaixaBank afronta una de las sanciones más cuantiosas de su historia tras recibir una multa superior a los 30 millones de euros por parte del Sepblac, el organismo encargado de la prevención del blanqueo de capitales en España. Esta sanción, confirmada por fuentes cercanas a la entidad, tiene su origen en una controvertida operación inmobiliaria que se remonta a más de quince años atrás, cuando la extinta Caja Madrid adquirió la emblemática Torre Foster.

El banco presidido por Gonzalo Gortázar ha heredado esta situación judicial compleja como consecuencia de las sucesivas fusiones bancarias que han configurado el actual panorama financiero español. La operación, ejecutada en 2007 por la entidad madrileña, ha estado bajo la lupa de las autoridades durante años, culminando ahora en una de las multas más severas impuestas por el organismo de control contra el lavado de dinero.

El origen de la controversia: la compra de 2007

Para comprender la magnitud de esta sanción es necesario retroceder hasta el año 2007, cuando Caja Madrid cerró la adquisición de la Torre Foster, ubicada en el corazón del distrito financiero de Madrid, por la cifra de 815 millones de euros. El inmueble, que servía como sede principal de la petrolera Repsol, representaba uno de los activos inmobiliarios corporativos más valiosos de la capital española en aquel momento.

La operación se realizó en el punto álgido del boom inmobiliario, justo antes de que estallara la crisis financiera que sacudiría los cimientos de la economía española. La entidad presidida entonces por Miguel Blesa consideró que la adquisición era una inversión estratégica que le permitiría consolidar su presencia en el sector inmobiliario de lujo mientras generaba ingresos por alquiler asegurados con un inquilino de primer nivel.

Sin embargo, la llegada de la recesión económica transformó rápidamente esta apuesta estratégica en un problema de balance. La caída de los valores inmobiliarios y la consiguiente crisis del sector bancario obligaron a Caja Madrid, ya integrada en Bankia, a buscar desprenderse del activo para sanear sus cuentas y cumplir con los requisitos de capital exigidos por Bruselas.

La venta forzosa y el agujero patrimonial

Los intentos de vender la torre al precio de compra resultaron infructuosos. El mercado inmobiliario corporativo había sufrido una drástica corrección, y ningún inversor estaba dispuesto a asumir el precio que Caja Madrid había pagado años atrás. Tras varios intentos fallidos, la entidad logró deshacerse del inmueble en 2016 por aproximadamente 500 millones de euros, generando una pérdida patrimonial de más de 300 millones.

El comprador fue nada menos que Amancio Ortega, el fundador de Inditex y uno de los empresarios más poderosos del país, quien adquirió el activo a través de su sociedad inversora Pontegadea. Desde entonces, la torre ha permanecido en su cartera de inversiones inmobiliarias, convirtiéndose en uno de los pilares de su estrategia de diversificación patrimonial.

Esta diferencia entre el precio de compra y venta no solo representó un quebranto económico significativo para la entidad, sino que también despertó las sospechas de los reguladores. El Sepblac inició una investigación minuciosa para determinar si en la operación existían indicios de irregularidades en el blanqueo de capitales o si se habían incumplido los protocolos de diligencia debida establecidos en la normativa antilavado.

La investigación del Sepblac y la imposición de la multa

La Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias ha estado analizando minuciosamente todos los aspectos de esta transacción durante los últimos años. Su labor se ha centrado en revisar la documentación, los procesos de debida diligencia, la identificación de las partes involucradas y el cumplimiento de los controles establecidos en la Ley 10/2010 de Prevención de Blanqueo de Capitales.

Las fuentes consultadas indican que la multa impuesta supera holgadamente los 30 millones de euros, lo que la convierte en una de las sanciones más graves que ha aplicado el organismo en su historia reciente. Esta cifra refleja la gravedad que el Sepblac atribuye a las presuntas deficiencias detectadas en los procedimientos de control y seguimiento de la operación.

Es importante destacar que la responsabilidad recae sobre CaixaBank no por acciones propias, sino como consecuencia de la sucesión de entidades bancarias. Caja Madrid fue absorbida por Bankia en 2010, y esta última, a su vez, fue integrada en CaixaBank en 2021. Esta cadena de fusiones ha hecho que la entidad que dirige Gortázar herede no solo los activos y clientes, sino también las responsabilidades legales y sanciones derivadas de operaciones pasadas.

La respuesta de CaixaBank y los recursos presentados

Fuentes oficiales del banco han confirmado que la entidad ya ha presentado los recursos correspondientes contra esta sanción. La estrategia legal de CaixaBank se basa en argumentar que las deficiencias detectadas corresponden a procesos y sistemas de control que pertenecían a entidades ya extinguidas, y que la actual estructura de cumplimiento normativo de la entidad cumple con los estándares más exigentes.

El banco ha invertido significativamente en los últimos años en fortalecer su departamento de cumplimiento y prevención de blanqueo de capitales, consciente de la creciente exigencia regulatoria en este ámbito. La entidad considera que ha implementado todos los controles necesarios para prevenir este tipo de situaciones en operaciones actuales, pero reconoce la dificultad de revisar con lupa cada transacción heredada de entidades que operaban bajo estándares diferentes.

Contexto regulatorio y precedentes

Esta multa se enmarca en un contexto de mayor rigor por parte de las autoridades españolas y europeas en la lucha contra el blanqueo de capitales. El Sepblac ha intensificado sus inspecciones y ha incrementado significativamente el importe de las sanciones en los últimos ejercicios, en línea con las directrices comunitarias que exigen una mayor cooperación y unificación de criterios sancionadores.

El caso de la Torre Foster no es el único que ha generado sanciones millonarias en el sector bancario español. Otras entidades han recibido multas similares por deficiencias en sus sistemas de control, aunque la cuantía de esta sanción a CaixaBank la sitúa entre las más destacadas de los últimos años.

La normativa española establece que las entidades financieras deben aplicar medidas de diligencia debida reforzada en operaciones de alto riesgo, incluyendo transacciones inmobiliarias de gran volumen. La falta de identificación adecuada de los beneficiarios finales, la insuficiente documentación o la omisión en la comunicación de operaciones sospechosas son algunas de las infracciones que pueden generar sanciones de esta magnitud.

Implicaciones para el sector bancario

Este caso sirve como recordatorio para todo el sistema financiero español sobre la importancia de mantener sistemas de control robustos y actualizados, incluso para operaciones históricas. Las entidades que han participado en procesos de fusión y absorción deben realizar una revisión exhaustiva de las operaciones heredadas para identificar posibles riesgos regulatorios.

Además, pone de manifiesto la responsabilidad que adquieren las entidades absorbentes con respecto a las prácticas de sus predecesoras. No basta con integrar balances y carteras de clientes; es imprescindible una auditoría profunda de los procesos de cumplimiento y los riesgos legales asociados a operaciones significativas del pasado.

Para CaixaBank, esta multa representa un golpe reputacional y económico en un momento en el que la entidad se ha consolidado como líder del sector bancario español. Sin embargo, analistas financieros consideran que la solidez de sus resultados y su capacidad de generación de beneficios le permitirán absorber este impacto sin afectar significativamente sus objetivos estratégicos.

El futuro de la Torre Foster y el legado de la crisis

Mientras tanto, la Torre Foster continúa en manos de Amancio Ortega, quien la ha incorporado a su creciente portfolio de activos inmobiliarios premium en las principales ciudades del mundo. El inmueble, rebautizado como Torre Caleido, forma parte del complejo de cuatro torres de la avenida de Castellana y alberga actualmente la sede del IE University, entre otros inquilinos.

Este caso encapsula perfectamente los excesos de la época pre-crisis, cuando las entidades financieras españolas realizaban inversiones masivas en activos inmobiliarios con expectativas de crecimiento ilimitado. La posterior corrección del mercado dejó al descubierto las fragilidades de esas estrategias y generó pérdidas que, en casos como este, continúan generando consecuencias más de una década después.

La multa del Sepblac no solo sanciona presuntas deficiencias en los controles de blanqueo, sino que también cierra un capítulo más de la herencia problemática dejada por las antiguas cajas de ahorros. Cada sanción de este tipo representa un recordatorio de los riesgos asumidos durante la burbuja inmobiliaria y la necesidad de un control regulatorio más estricto.

Conclusiones

La sanción impuesta a CaixaBank por el Sepblac supera los 30 millones de euros y pone el foco en una operación que simboliza los excesos de la burbuja inmobiliaria española. La venta de la Torre Foster, con una pérdida de más de 300 millones, no solo generó un impacto económico negativo para la entidad, sino que también ha desencadenado una de las investigaciones más prolongadas y sanciones más severas en materia de prevención de blanqueo de capitales.

La respuesta de CaixaBank, mediante la presentación de recursos, refleja su intención de combatir esta decisión, argumentando que las responsabilidades corresponden a estructuras y procesos de entidades ya desaparecidas. No obstante, el caso establece un precedente importante sobre la responsabilidad de las entidades absorbentes y la necesidad de una revisión exhaustiva de las operaciones heredadas.

Para el sistema financiero español, esta multa reafirma la tendencia hacia una regulación más estricta y unas sanciones más contundentes. Las entidades deben asumir que el cumplimiento normativo no es solo una cuestión de presente, sino que también implica una revisión crítica del pasado para evitar sorpresas que puedan afectar su estabilidad y reputación.

El legado de la Torre Foster, más allá de su valor arquitectónico y corporativo, es ahora un caso de estudio sobre los riesgos de la expansión inmobiliaria descontrolada y las consecuencias regulatorias que pueden perdurar décadas después de que se firmen los contratos.

Referencias

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