La Unión Europea ha dado luz verde definitiva este viernes al tan esperado acuerdo comercial con el Mercosur, poniendo fin a más de dos décadas y media de complejas negociaciones. El pacto, que establecerá la zona de libre comercio más extensa del planeta, solo requiere ahora la ratificación parlamentaria para entrar en vigor, un trámite que las fuentes diplomáticas consideran prácticamente garantizado con vistas a una implementación efectiva en primavera de 2025.
El próximo 17 de enero, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, desplazarán hasta Asunción para rubricar el documento junto a los representantes de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Este acto simbólico representa el cierre de un proceso iniciado en los años 90 y que ha resistido múltiples intentos de frustración por divergencias sectoriales y presiones políticas internas en ambos bloques.
El desbloqueo ha sido posible gracias al crucial cambio de posición de Italia, que en diciembre bloqueó la iniciativa en el último Consejo Europeo. La primera ministra Giorgia Meloni exigió y obtuvo un adelanto de 45.000 millones de euros para la Política Agraria Común (PAC) en 2028, compromiso que le permite defender el acuerdo ante el sector agrícola italiano, históricamente reacio a la apertura de mercados sudamericanos.
"Aprobamos el acuerdo del Mercosur, lo que significa que equilibramos nuestros intereses claramente divergentes entre la protección de los agricultores y el impulso proveniente del sistema industrial y, por supuesto, de otros sectores", justificó Meloni en su rueda de prensa de inicio de año. La líder italiana espera que el pacto "pueda traer, como creo, beneficios a muchas áreas, y esperamos que para todos".
Francia, liderada por Emmanuel Macron, mantiene su rechazo frontal ante la presión unánime de sus agricultores. Los productores galos han sido especialmente críticos, argumentando que la apertura de mercados perjudicará notablemente sus intereses. Hungría y Polonia también han votado en contra, mientras que Austria e Irlanda se opusieron y Bélgica se abstuvo.
Sin embargo, con el apoyo italiano, se supera el umbral de mayoría cualificada requerido: el 55% de los estados miembros representando al menos el 65% de la población comunitaria. Este mecanismo de votación, diseñado para evitar bloqueos por minorías, ha permitido superar las resistencias de los países opositores.
Costa ha celebrado en redes sociales que "es un buen día para Europa", mientras Von der Leyen destaca la creación de un mercado de 700 millones de consumidores. El acuerdo envía un mensaje geopolítico claro en un momento de tensiones comerciales globales: las alianzas estratégicas generan prosperidad mutua y refuerzan la posición de ambos bloques en el concierto internacional.
El pacto eliminará aranceles en productos industriales y facilitará el acceso a mercados agrícolas con cuotas gestionadas. Los sectores manufactureros europeos, especialmente automoción y maquinaria, verán ampliadas sus oportunidades, mientras que los productores sudamericanos de carne, soja y etanol accederán bajo reglas claras al exigente mercado comunitario.
El próximo paso es la ratificación por el Parlamento Europeo, donde se espera una mayoría favorable aunque no sin debate. Los eurodiputados de grupos ecologistas y algunos conservadores cuestionan las salvaguardias ambientales, exigiendo garantías de cumplimiento de los compromisos climáticos del Acuerdo de París por parte de los países del Mercosur.
La implementación efectiva requerirá ajustes regulatorios en ambos lados del Atlántico. Las empresas deberán adaptarse a nuevas normas de origen, estándares sanitarios y procedimientos aduaneros simplificados. La Comisión Europea ha anunciado un programa de asistencia técnica para pymes que quieran aprovechar las nuevas oportunidades comerciales.
Este acuerdo representa el mayor pacto comercial negociado por la UE desde el tratado con Japón en 2019. Su dimensión económica es considerable: el Mercosur representa el 40% del PIB de América Latina y es un mercado en crecimiento para productos de alta tecnología y servicios europeos.
El sector agrícola comunitario, particularmente sensible, contará con mecanismos de salvaguardia que permiten reintroducir aranceles si las importaciones superan umbrales establecidos. Esta cláusula fue fundamental para convencer a países como Italia y España, con fuertes presiones de sus cooperativas agrarias.
Desde una perspectiva geopolítica, el acuerdo refuerza la presencia europea en una región donde China ha expandido significativamente su influencia comercial. Bruselas busca con ello diversificar sus cadenas de suministro y reducir dependencias estratégicas, especialmente en materias primas críticas.
El cronograma previsto es ambicioso: tras la firma en Asunción, el texto deberá ser traducido a los 24 idiomas oficiales de la UE y sometido al voto del Parlamento Europeo en sesión plenaria. Si no surgen obstáculos inesperados, el acuerdo podría aplicarse provisionalmente desde mayo de 2025, mientras los parlamentos nacionales de cada estado miembro completan su ratificación.
Para Von der Leyen, este éxito representa un revés personal importante tras los recientes desafíos políticos. La alemana ha hecho del multilateralismo comercial una seña de identidad de su mandato, y la foto en Asunción simbolizará el cierre de una de sus principales promesas de política exterior.
El impacto en precios para el consumidor europeo será gradual. Los productos tropicales, frutas y carnes sudamericanas podrían ver reducciones de costes, aunque las grandes superficies comerciales tendrán que decidir si trasladan estos ahorros a los precios finales o los destinan a márgenes comerciales.
El acuerdo incluye también un capítulo pionero sobre comercio sostenible, con compromisos vinculantes en materia de lucha contra la deforestación y respeto a convenios laborales internacionales. Los incumplimientos podrían activar mecanismos de suspensión preferencial, aunque su efectividad dependerá de la voluntad política de activarlos.
En definitiva, la aprobación marca un hito en las relaciones Europa-América Latina, abriendo un nuevo capítulo de cooperación económica que, según sus defensores, beneficiará a ambas partes. Los próximos meses serán cruciales para transformar el texto firmado en oportunidades reales para empresas y consumidores.