El Levante UD encontró en la figura de Iker Losada el empuje necesario para neutralizar la contundencia del RCD Espanyol en un encuentro vibrante que finalizó con tablas en el marcador. El delantero de Catoira se erigió como el símbolo de la revitalización granota bajo el mando de Luís Castro, mientras que el carrilero zurdo Carlos Romero demostró por qué es uno de los valores emergentes más prometedores del campeonato. El empate en el Ciutat de València puso punto final a la racha victoriosa del conjunto barcelonés como visitante, que aspiraba a conquistar su cuarto triunfo consecutivo lejos del Estadi Olímpic, un hito inédito en los anales de la entidad perica.
El choque entre ambos equipos trascendió más allá de los tres puntos en juego. Por un lado, un Levante necesitado de oxígeno tras un inicio de temporada irregular, que encontró en el cambio de banquillo la chispa para competir de tú a tú contra los privilegiados de la tabla. Por el otro, un Espanyol que ha sorprendido a propios y extraños con su rendimiento lejos de casa, consolidándose como la revelación de la competición doméstica. La expectativa era máxima en las gradas valencianas, conscientes de que presenciaban un duelo de contrastes entre la necesidad y la euforia.
Luís Castro, fiel a su filosofía de no alterar una fórmula que dio resultado en la jornada precedente, repitió idéntico once inicial en su segunda comparecencia al frente del conjunto granota. La confianza depositada en los mismos hombres que doblegaron al Sevilla se tradujo en un arranque de partido dominado por los intereses locales. El Levante saltó al terreno de juego con una personalidad inusual para un conjunto que ocupa posiciones de descenso, sin complejos ante el quinto clasificado de la categoría.
La presencia de Kareem Tunde en el once inicial aportó esa chispa de frescura y desparpajo que tanto necesitaba el equipo. El joven canterano, asentado ya en los esquemas de Castro, protagonizó las primeras aproximaciones serias del encuentro. En los primeros compases, el Levante acumuló hasta tres ocasiones claras que bien pudieron poner por delante a los locales. Tunde, en concreto, dispuso de dos oportunidades de oro que no supo materializar, pero que dejaron claro que el conjunto valenciano había salido al césped con la intención de mandar desde el pitido inicial.
Sin embargo, el fútbol es un deporte de resistencia y el Espanyol demostró su madurez aguantando el embate inicial sin encajar. Los de Barcelona, conscientes de la necesidad de frenar el ímpetu rival, emplearon una dureza táctica que cortó el ritmo del encuentro. Poco a poco, el conjunto perico comenzó a despertar de su letargo y a tomar las riendas del partido. La primera advertencia llegó de la bota de Expósito, que probó fortuna desde la distancia en dos ocasiones consecutivas, obligando a lucirse al meta Ryan.
La figura de Kike García, principal novedad en el once de Manolo González, también comenzó a hacerse notar. El delantero se elevó por encima de la zaga granota para conectar un testarazo que estuvo a punto de abrir el marcador. Pero el verdadero peligro llegó por la banda derecha, donde Carlos Romero comenzó a desplegar todo su repertorio. El lateral zurdo, que actuó casi como extremo en varias fases del encuentro, se convirtió en la principal amenaza del Espanyol.
En una de sus incursiones ofensivas, Romero se encontró con el balón en la frontal del área y, tras un control magistral, sacó un disparo que se marchó rozando el larguero. El joven carrilero no se conformó con esa ocasión y, minutos después, se internó en el corazón del área rival, recortando a su marcador para probar suerte desde la media luna. La película se repetía una y otra vez: Romero aparecía por sorpresa, creando desequilibrios en la defensa levantinista.
El mismo costado fue el origen de la última ocasión del primer acto. Jofre Carreras, aprovechando los espacios dejados por la subida de Romero, ejecutó un disparo cruzado que obligó a Ryan a estirarse como un gato para evitar el gol. Con este intercambio de golpes, ambos equipos se marcharon al descanso con la sensación de que el segundo tiempo prometía más emociones.
Tras la reanudación, Manolo González decidió dar un giro táctico al dibujo de su equipo. El entrenador perico implementó un sistema con tres centrales, colocando a Hilali como el hombre adicional en el eje de la zaga. Esta modificación permitió a Dolan desplazarse al carril derecho, liberando aún más a Carlos Romero por la banda izquierda. La jugada maestra del técnico no tardó en dar sus frutos.
En una de sus múltiples internadas, Romero recibió el esférico en la banda izquierda, recortó hacia el interior y, con un disparo colocado y potente, colocó la pelota en el ángulo superior derecho de la portería defendida por Dmitrovic. Un golazo de manual que mereció los aplausos de toda la grada, incluidos los aficionados locales que reconocieron la calidad del tanto. El Espanyol, con este golpe de efecto, parecía encaminarse hacia la victoria que le hubiera consolidado en puestos de privilegio.
Pero el fútbol tiene estas cosas. La alegría duró escasos minutos en el banquillo visitante. Una pérdida de balón en zona de creación permitió a Dela lanzar un pase en profundidad que superó toda la línea defensiva perica. Iker Losada, con un control orientado de pecho, se plantó solo ante el guardameta serbio y, con un remate de volea impecable, batió a Dmitrovic para establecer el empate. La celebración del delantero gallego fue una mezcla de alivio y euforia, consciente de la importancia del tanto para la moral del equipo.
El tanto revitalizó al Levante, que se creció tras el empate y buscó con insistencia la remontada. Losada, incluso, tuvo la oportunidad de convertir el doblete en una contra letal liderada por Carlos Álvarez. El extremo granota condujo el balón con criterio hasta la frontal del área y sirvió un centro medido al segundo palo, donde Losada apareció solo. Sin embargo, el delantero optó por un remate de cabeza picado que salió desviado por muy poco. Una ocasión clarísima que pudo haber cambiado el signo del encuentro.
Los últimos compases del partido fueron un ida y vuelta constante, con ambos equipos buscando el gol de la victoria pero sin acierto en los metros finales. El Espanyol, con la experiencia de sus jugadores más veteranos, intentó administrar el empate, mientras que el Levante, con la frescura de sus jóvenes valores, buscó con ahínco los tres puntos que le hubieran sacado de la zona de peligro.
Una de las notas negativas del encuentro fue la lesión de Javi Puado, que tan solo duró unos minutos en el terreno de juego antes de tener que ser sustituido por molestias en la rodilla. La dolencia del extremo barcelonés preocupa en las filas pericas, ya que se trata de uno de los jugadores más determinantes del equipo. Los servicios médicos del club evaluarán en las próximas horas la gravedad de la lesión, con el temor de que pueda ser algo más que un simple golpe.
Con este resultado, el Levante suma un punto valiosísimo que le permite respirar en la tabla, aunque continúa sin conocer la victoria en su feudo. La sensación dejada por el equipo de Castro es, sin embargo, muy positiva, ya que plantó cara al quinto clasificado sin complejos. Por su parte, el Espanyol ve cómo se corta su racha histórica como visitante, pero mantiene intactas sus opciones de pelear por los puestos altos de la clasificación. El fútbol, una vez más, demostró que la categoría no se gana en el papel, sino sobre el césped, y que cualquier equipo, con la actitud adecuada, puede competir de igual a igual contra los grandes.