El gesto de Sabalenka en Brisbane que enciende la polémica del tenis

La tenista bielorrusa vence a la ucraniana Kostyuk, quien rehúsa saludarla en protesta por la guerra

La final del torneo WTA 500 de Brisbane ha vuelto a poner de manifiesto las tensiones geopolíticas que sacuden el mundo del tenis femenino. La bielorrusa Aryna Sabalenka, líder del ranking mundial, se impuso a la ucraniana Marta Kostyuk por 6-4 y 6-3, pero el verdadero foco de atención recayó en el gesto de protesta de la tenista derrotada, quien una vez más rehusó saludar a su rival tanto en la red como durante la ceremonia de entrega de premios.

El encuentro deportivo, celebrado en las pistas australianas, supuso para Sabalenka su tercer título consecutivo en territorio oceánico y extendió su racha victoriosa en Brisbane hasta diez partidos sin conocer la derrota. La campeona no cedió ningún set a lo largo de los cinco encuentros disputados, consolidando así su dominio en el inicio de la temporada 2024. Por su parte, Kostyuk, ubicada en el puesto 20 de la clasificación WTA, había llegado a la final tras superar a rivales de la talla de Jessica Pegula y Mirra Andreeva.

Sin embargo, más allá de los números y el juego, el momento más significativo se produjo tras el último punto. Kostyuk mantuvo firme su postura adoptada desde febrero de 2022, cuando comenzó la invasión rusa de Ucrania: no estrechar la mano ni mostrar ningún gesto de saludo a deportistas procedentes de Rusia y Bielorrusia. Esta forma de protesta, replicada por varias tenistas ucranianas en el circuito profesional, ha generado tal controversia que la organización del torneo ha advertido a los equipos de transmisión para minimizar la cobertura televisiva de estos instantes.

Durante la ceremonia de premiación, Kostyuk aprovechó su intervención para visibilizar la crisis humanitaria en su país. "Quiero decir unas palabras sobre Ucrania", manifestó la tenista, dirigiéndose al público presente. "Juego cada día con dolor en el corazón. Hay miles de personas que ahora mismo no tienen luz ni agua caliente. Afuera hay -20 grados. Es muy doloroso vivir esta realidad cada día. Mi hermana duerme bajo tres mantas porque hace mucho frío en casa. Me emocionó y alegró mucho ver tantas banderas ucranianas esta semana", relató Kostyuk, centrando su discurso exclusivamente en el sufrimiento civil y la resiliencia nacional, sin mencionar a su rival ni felicitarla por la victoria.

La respuesta de Sabalenka, por el contrario, resultó notablemente conciliadora. Al tomar el micrófono, la bielorrusa felicitó a Kostyuk y a su equipo por "un increíble comienzo de temporada" y expresó su deseo de volver a enfrentarla en futuras finales. Esta actitud contrasta con las críticas previas que ha recibido la campeona respecto a su posicionamiento sobre el conflicto bélico. Desde 2023, Sabalenka ha reiterado públicamente su oposición a la guerra: "Nadie en este mundo, atletas rusos o bielorrusos, apoyan la guerra. ¿Quién puede apoyar una guerra? La gente normal no lo haría nunca. Si pudiera hacer que se detuvieran, lo haría. Pero desafortunadamente no está en nuestras manos", declaró en reiteradas ocasiones.

La postura de Kostyuk, sin embargo, va más allá del simple gesto de no saludar. La tenista ucraniana ha cuestionado abiertamente lo que considera una neutralidad excesiva en las declaraciones de Sabalenka. "Siempre generaliza en sus respuestas y lo que tiene que hacer es decir cuál es su opinión al respecto. Dice que todos los atletas rusos y bielorrusos están en contra de la guerra y yo conozco a algunos que están a favor", afirmó Kostyuk en declaraciones previas a 2023, cuestionando la sinceridad de las palabras de su rival.

Este clima de división no se limita a estas dos deportistas. Otras figuras del tenis ucraniano como Elina Svitolina y Lesia Tsurenko han replicado el mismo gesto de protesta en múltiples ocasiones, convirtiéndolo en un símbolo de rechazo a la agresión militar. Las organizaciones de los torneos, conscientes de la sensibilidad del tema, suelen evitar mostrar estos momentos en las retransmisiones oficiales para no aumentar la fricción dentro del circuito.

La tensión entre deportistas de ambos países ha generado un debate complejo sobre la intersección entre política y deporte. Mientras las tenistas ucranianas consideran imprescindible mantener su protesta visible, las deportistas de Rusia y Bielorrusia se encuentran en una posición difícil, condenadas por un conflicto que, según afirman, no apoyan pero sobre el que tienen escaso poder de influencia.

El caso de Brisbane no es aislado. En Roland Garros y otros torneos del Grand Slam se han producido situaciones similares, donde el protocolo de saludo postpartido se ha convertido en un terreno de confrontación simbólica. Las autoridades del tenis mundial han intentado mantener una postura de equidistancia, permitiendo la competencia de rusos y bielorrusos bajo bandera neutral, pero sin lograr disipar las tensiones.

Para Kostyuk y sus compatriotas, cada partido representa una oportunidad para recordar al mundo la situación en Ucrania. "No puedo separar mi vida personal de mi profesión", ha declarado la tenista en otras ocasiones, justificando su postura. Para ellas, el gesto de no saludar no es una falta de respeto deportivo, sino una manifestación de principios en un contexto de guerra.

La respuesta de Sabalenka, por su parte, refleja el intento de muchos atletas de países involucrados en el conflicto por mantenerse enfocados en su carrera deportiva mientras expresan su deseo de paz. Sin embargo, la falta de condena explícita al gobierno de su país continúa generando desconfianza entre sus rivales ucranianas.

El tenis femenino, al igual que otros deportes internacionales, se enfrenta al reto de gestionar estas tensiones sin precedentes. La decisión de permitir la participación de rusos y bielorrusos bajo bandera neutral, adoptada tras la invasión, no ha logrado satisfacer a ninguna de las partes completamente. Mientras Ucrania y sus aliados consideran que esta medida es insuficiente, Rusia y Bielorrusia ven en ella una discriminación injusta contra sus deportistas.

En Brisbane, el público australiano mostró su apoyo a ambas deportistas, aunque con una especial simpatía hacia la causa ucraniana, reflejada en las numerosas banderas del país eslavo ondeando en las gradas. La comunidad tenística local ha intentado mantener el foco en el aspecto deportivo, reconociendo el talento de ambas jugadoras mientras se navega por estas complejas aguas geopolíticas.

El futuro del protocolo de saludo en el circuito WTA permanece incierto. Mientras algunos piden una postura más firme de la organización, otros abogan por la libertad de expresión de las deportistas. Lo que es claro es que, hasta que la situación política no cambie, estas escenas seguirán repitiéndose en las pistas de todo el mundo.

Para el tenis femenino, el desafío no es solo mantener la competencia deportiva, sino también preservar la humanidad y el respeto mutuo en un contexto de profunda división internacional. La victoria de Sabalenka en Brisbane, por más contundente que haya sido en la pista, quedará marcada por el gesto de protesta de su rival, un recordatorio de que en el deporte moderno, las líneas de juego a menudo trascienden las marcas de la cancha.

Referencias

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