El Levante UD afronta un momento de inflexión en su temporada tras el relevo en el banquillo. La destitución de Julián Calero y la llegada de Luís Castro han inyectado nueva energía a un equipo que navegaba en aguas turbulentas. La contundente victoria por 0-3 en el Sánchez-Pizjuán ante el Sevilla en la jornada inaugural del técnico portugués ha levantado la moral de la plantilla y la afición, pero el verdadero examen llega este sábado en el Ciutat de València.
Castro debutará ante su público con la obligación de convertir el feudo granota en un fortín. El rival, un Espanyol maltrecho tras la derrota en el derbi barcelonés contra el Barcelona, llega con la necesidad de recomponerse y demostrar su calidad. El choque se presenta como una final anticipada para ambos conjuntos, que necesitan los puntos para distanciarse de los puestos de peligro.
La filosofía del nuevo entrenador del Levante es clara y contundente. Castro no se fía del calendario ni de las estadísticas negativas acumuladas por el equipo antes de su llegada. Los diez puntos cosechados en dieciséis encuentros son solo un número que quiere dejar atrás. "No voy a mirar lo que ha pasado antes del campeonato", declaró tajante en la previa. Su enfoque es exclusivamente ofensivo: cada partido es una batalla que hay que ganar desde el primer minuto.
El técnico luso exige una actitud impecable, personalidad sobre el césped y corazón en cada acción. La victoria en Nervión no debe generar complacencia. "Hemos ganado el último partido pero el trabajo no ha terminado", advirtió Castro. Consciente de que el Espanyol es uno de los mejores equipos de LaLiga, reclama el cien por cien de sus jugadores para poder sumar los tres puntos.
La gran incógnita que planea sobre el encuentro es la participación de Etta Eyong. El delantero camerunés se vio eliminado en cuartos de final de la Copa de África de Naciones ante Marruecos, lo que truncó su participación en el torneo continental. Su regreso a Valencia está previsto para este mismo sábado, lo que abre la puerta a una posible presencia sobre el terreno de juego, aunque sea en un rol secundario.
Castro ha tejido un velo de misterio sobre la disponibilidad de su atacante. Las gestiones del club para agilizar su vuelta son intensas, pero la falta de entrenamientos con el grupo plantea dudas lógicas. "He hablado con él, lo mejor es que hubiera podido trabajar con nosotros", reconoció el entrenador. No obstante, valora el conocimiento que Eyong tiene del equipo y su importancia en el vestuario.
El delantero africano representa una pieza clave en el esquema ofensivo granota. Su velocidad, desmarque y olfato goleador son atributos que el Levante necesita para desequilibrar a defensas consolidadas. Aunque su condición física no sea óptima tras el desgaste de la Copa África, su mera presencia en el banquillo supondría un plus anímico y táctico. Castro no cierra la puerta a que pueda tener minutos: "es un jugador importante y que puede ser importante para el partido".
El contexto del encuentro no puede ser más propicio para el Levante. Recibir al Espanyol en casa tras una victoria contundente fuera crea un círculo virtuoso de confianza. La afición granota, con la ilusión renovada, llenará el Ciutat de València esperando ver los primeros frutos de la nueva era. El rival, por su parte, llega con la moral por los suelos tras el varapalo en el derbi. Los periquitos necesitan rehacerse rápido para no verse arrastrados a la zona baja.
La clave del partido radicará en la capacidad del Levante para mantener la intensidad mostrada en Sevilla. Castro ha conseguido que el equipo presione alto, sea solidario en defensa y efectivo en ataque. La posesión no será tan importante como la verticalidad y el aprovechamiento de las transiciones. Contra un Espanyol que dominará más el balón, los espacios aparecerán para los contragolpes granotas.
La posible incorporación de Eyong aportaría profundidad y variantes en el último tercio del campo. Su conexión con los extremos y la capacidad para generar peligro en acciones aislada son recursos valiosos. Aunque no sea titular, su entrada en la segunda mitad podría desequilibrar un encuentro que se prevé igualado y tenso.
El mensaje de Castro es unánime: trabajo, humildad y ambición. No hay tiempo para celebrar el pasado cuando el presente exige máxima concentración. El duelo contra el Espanyol es una oportunidad de oro para consolidar la remontada y demostrar que el Levante tiene nivel para pelear por objetivos más ambiciosos. La victoria en Nervión fue el primer paso; el segundo debe darse en casa.
La expectativa es máxima en la ciudad de Valencia. Los hinchas esperan ver a un equipo competitivo, que luche cada balón y que tenga la capacidad de superar a un rival directo. La presencia o no de Eyong será una de las grandes preguntas que se resolverán minutos antes del inicio. Mientras tanto, Castro prepara minuciosamente cada detalle para que sus jugadores lleguen al cien por cien.
El fútbol es así de imprevisible. Un día puedes estar eliminado de una Copa de África y al siguiente ser la esperanza de tu equipo en una final liguera. Etta Eyong vive esa dualidad. Su cabeza estará entre Marruecos y Valencia, entre la frustración continental y la ilusión doméstica. La decisión final sobre su participación dependerá de su estado físico y mental, pero también de la confianza que Castro tenga en su capacidad para cambiar un partido en minutos.
El Levante necesita de todos sus recursos. La temporada es larga y exigente, pero los partidos de casa contra rivales directos marcan el rumbo. Ganar al Espanyol significaría sumar seis puntos de seis desde la llegada de Castro, un registro que transformaría el ánimo del vestuario. La afición lo sabe, el cuerpo técnico lo sabe y los jugadores lo sienten. Este sábado no es un partido más; es la confirmación de un proyecto que quiere nacer con fuerza.
La pelota rueda, el Ciutat de València rugirá y el destino de Etta Eyong se decidirá en las próximas horas. Lo que está claro es que el Levante no se puede permitir el lujo de esperar. El trabajo continúa, la exigencia es máxima y la ambición no tiene techo. Castro ha puesto el listón alto y sus jugadores están respondiendo. Ahora solo falta el broche de oro: la victoria en casa y, si es posible, con su delantero estrella sobre el césped.