Matalascañas: reubicar el paseo y demoler edificios para ganar playa

El secretario de Estado Hugo Morán defiende una solución estructural ante el impacto del cambio climático, pero el alcalde de Almonte se resiste a la propuesta.

La borrasca Francis ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de las costas españolas ante la intensificación del cambio climático. El pasado fin de semana, el mítico paseo marítimo de Matalascañas, uno de los destinos favoritos de sevillanos y onubenses, sufrió graves daños por el fuerte oleaje. El temporal descalzó la base arenosa sobre la que se construyó la infraestructura, arrasó con dos chiringuitos emblemáticos y puso en riesgo a la comunidad residencial Pueblo Andaluz.

Este suceso no es aislado, sino una muestra más de cómo los fenómenos meteorológicos extremos remodelan el litoral español. Ante esta situación, el Gobierno central ha decidido pasar de medidas paliativas a una solución estructural que busca adaptar la zona a la nueva realidad climática. La magnitud de los daños ha superado la capacidad de respuesta de las actuaciones tradicionales, obligando a reconsiderar el modelo de ocupación del litoral.

**La propuesta del Ejecutivo: reubicar y demoler**

El secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, ha defendido una alternativa radical para garantizar el futuro de Matalascañas. En un audio remitido a los medios, Morán apostó por reubicar el paseo marítimo tierra adentro, una intervención que asumiría íntegramente la Dirección General de Costas. La medida implicaría la demolición de chiringuitos y edificaciones en primera línea con el objetivo de "ejecutar la obra y ganar playa".

Esta propuesta busca romper con el modelo tradicional de defensa costera basado en la aportación de arena y construcción de espigones. Morán reconoció que el Ministerio para la Transición Ecológica está invirtiendo seis millones de euros en medidas paliativas, como regeneración de arena y mejora de defensas. Sin embargo, estas actuaciones resultan insuficientes ante la magnitud del desafío. La inversión, aunque cuantiosa, no resuelve el problema de fondo: la pérdida progresiva de la playa ante un escenario de cambio climático más severo.

La estrategia de Morán implica aceptar que el mar reclama territorio y que la mejor respuesta es retroceder de forma ordenada. La retirada estratégica no es una rendición, sino una adaptación inteligente que prioriza la sostenibilidad a largo plazo. La demolición de construcciones en primera línea, aunque drástica, permitiría recuperar espacios naturales y crear una zona de amortiguamiento que protegería el interior de futuros temporales.

**El escollo municipal: la resistencia del Ayuntamiento**

La iniciativa choca con la reticencia del Ayuntamiento de Almonte, del que depende Matalascañas. Según Morán, la propuesta se lleva planteando "desde hace tiempo" al alcalde, Francisco Bella, del partido independiente Ilusiona, pero "él se resiste". Esta resistencia ha convertido un problema técnico en un conflicto político que retrasa la aplicación de cualquier solución.

El regidor almonteño ha expresado públicamente su frustración. "Como alcalde de Almonte no puedo callar más. Los temporales están destrozando el paseo marítimo ante la mirada impotente de vecinos, comerciantes y visitantes. Cada día que pasa se pierde patrimonio público, seguridad y futuro", lamentó. Sus palabras reflejan la desesperación de una comunidad que ve cómo su principal activo turístico se desmorona sin que las administraciones encuentren una respuesta conjunta.

Bella ha reiterado que solo el Estado posee los medios técnicos, económicos y competenciales para abordar un problema de esta envergadura. El Consistorio ha reclamado una actuación urgente "por escrito, en reuniones, con informes técnicos y con advertencias claras del riesgo". Sin embargo, su llamamiento a la acción no se ha traducido en adhesión a la propuesta de reubicación, generando un callejón sin salida institucional.

**Una disputa de competencias y visiones**

El conflicto pone de manifiesto un desencuentro en la gestión costera que trasciende lo técnico. Mientras el Gobierno central promueve una transformación profunda, el Ayuntamiento parece preferir alternativas que no conlleven la pérdida de edificaciones en primera línea. Esta divergencia puede estar motivada por el impacto en el valor catastral de las propiedades, las consecuencias para el tejido comercial local, o discrepancias sobre la viabilidad técnica.

Morán ha enfatizado que en Matalascañas se "constata el fenómeno del cambio climático" que afecta a todo el litoral español. Este proceso obliga a redefinir el modelo de ocupación del litoral para "ganar en resiliencia y capacidad de adaptación". La propuesta de reubicar el paseo forma parte de una estrategia más amplia de retirada estratégica ante el avance del mar. La resistencia municipal refleja la dificultad de implementar este tipo de medidas en zonas densamente urbanizadas.

**El contexto del cambio climático en Doñana**

Matalascañas se encuentra en un entorno de especial vulnerabilidad, en pleno corazón del entorno protegido de Doñana. La combinación de la subida del nivel del mar, el aumento de la frecuencia e intensidad de los temporales y la erosión natural está acelerando la pérdida de arena. Los modelos climáticos prevén que esta tendencia se intensificará en las próximas décadas.

La resiliencia costera se ha convertido en una prioridad para el Ministerio para la Transición Ecológica. La estrategia no se limita a Matalascañas, sino que forma parte de un enfoque nacional que busca anticiparse a los impactos del cambio climático en las zonas litorales. La reubicación de infraestructuras se considera una medida de adaptación más sostenible a largo plazo que la construcción de nuevas defensas duras.

La experiencia de Matalascañas refleja un debate cada vez más necesario en España: cómo adaptar las costas al cambio climático sin renunciar a su valor económico y social. La propuesta de Morán implica aceptar que algunas infraestructuras no pueden mantenerse en sus ubicaciones actuales y que la retirada estratégica es una opción viable. Este enfoque contrasta con el modelo tradicional de "defensa a toda costa" que ha dominado la política costera española.

**El coste de la inacción y el dilema político**

Los seis millones de euros invertidos en medidas temporales ilustran el coste de mantener el statu quo. Sin embargo, la alternativa propuesta por Morán requiere un convenio con el Ayuntamiento que, de momento, no se ha firmado. La resistencia municipal puede estar motivada por la pérdida de valor económico de las propiedades en primera línea, el impacto en el tejido comercial o discrepancias técnicas sobre la mejor solución.

El alcalde Bella insiste en la urgencia de la actuación, pero no ha aceptado públicamente la propuesta de reubicación. Esta situación genera un dilema político que retrasa la aplicación de cualquier solución, mientras el mar continúa erosionando la costa. La falta de acuerdo entre administraciones no solo paraliza la actuación, sino que también transmite una imagen de desgobierno a la ciudadanía.

**Hacia un nuevo modelo de gestión litoral**

El caso de Matalascañas ejemplifica los desafíos que plantea el cambio climático en las costas turísticas. La propuesta de reubicar el paseo marítimo tierra adentro y demoler edificaciones representa una apuesta por la resiliencia y la adaptación. No obstante, su implementación requiere el consenso institucional que, de momento, brilla por su ausencia.

La resistencia del Ayuntamiento de Almonte refleja las tensiones entre las distintas escalas administrativas y los diversos intereses en juego. Mientras tanto, el mar continúa avanzando, y cada temporal pone en riesgo tanto el patrimonio público como la seguridad de los ciudadanos. La lección de Matalascañas es clara: la adaptación al cambio climático exige decisiones difíciles y, sobre todo, una coordinación efectiva entre administraciones. Sin acuerdo, las soluciones seguirán siendo parches insuficientes ante un desafío que requiere respuestas estructurales.

El futuro de Matalascañas depende de la capacidad de los gobernantes para superar diferencias políticas y técnicas en favor de un interés común: la sostenibilidad del litoral. La retirada estratégica puede ser la única opción viable, pero solo si se implementa con el apoyo de todas las partes implicadas. De lo contrario, el mar seguirá reclamando territorio mientras las administraciones debaten sobre quién debe liderar la respuesta.

Referencias

Contenido Similar