El turismo enfrenta su gran reto: coordinar la inteligencia artificial

Mientras la IA transforma aerolíneas, hoteles y destinos por separado, la falta de un sistema unificado convierte al viajero en el verdadero integrador de su propia experiencia

El sector turístico ha llegado a un momento decisivo que recuerda a las grandes transformaciones digitales de otras industrias. La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad operativa. Los sistemas de planificación son más sofisticados, la personalización alcanza niveles inéditos y la automatización se extiende por cada eslabón de la cadena de valor. Sin embargo, paradójicamente, el viajero moderno percibe una experiencia cada vez más fragmentada y menos cohesionada.

La verdadera barrera ya no radica en la capacidad de las máquinas para procesar datos o generar predicciones. El desafío actual es mucho más complejo: lograr que todos los actores del ecosistema turístico trabajen sincronizados bajo una misma lógica inteligente. Aerolíneas, aeropuertos, cadenas hoteleras, destinos, operadores de movilidad y organismos reguladores están desplegando soluciones de IA en sus respectivos territorios, pero lo hacen en silos aislados que no comunican entre sí sus decisiones automáticas.

La paradoja de la autonomía sin coordinación

El turismo no es una suma de transacciones independientes, sino un sistema vivo donde cada decisión genera efectos en cadena. Cuando un vuelo se retrasa, la inteligencia artificial de la aerolínea puede identificar el problema en segundos, pero esa información no fluye automáticamente hacia el hotel que espera al pasajero, ni hacia el servicio de transfer que debe recogerlo, ni hacia el restaurante que guardó su mesa. El resultado es una cascada de intervenciones manuales que recaen sobre el viajero, quien se ve obligado a convertirse en el integrador del sistema, realizando llamadas internacionales, navegando entre plataformas en distintos idiomas y reprogramando cada servicio por separado.

Este fenómeno ocurre millones de veces al día en todo el mundo. No porque la tecnología sea insuficiente, sino porque falta una capa de coordinación compartida que traduzca las acciones autónomas de cada actor en una experiencia fluida para el usuario final. La autonomía creciente de los sistemas inteligentes está generando más rupturas que conexiones, y esa es la contradicción que el sector debe resolver urgentemente.

El nacimiento de un protocolo global

Frente a este escenario, surge una propuesta ambiciosa que busca redefinir los fundamentos del turismo digital. La Iniciativa Agentic Tourism, presentada en colaboración con la organización TOURISE y el Ministerio de Turismo de Arabia Saudita, propone un modelo operativo radicalmente diferente. No se trata de una plataforma comercial ni de un producto tecnológico propietario, sino de un protocolo precompetitivo y global que permita a los agentes de IA autónomos coordinarse en tiempo real, respetando fronteras y regulaciones, pero bajo una gobernanza humana clara y compartida.

El concepto de "tourism agentic" representa el paso de la mera generación de insights a la acción autónoma responsable. Los agentes inteligentes pueden percibir el contexto completo del viaje, razonar sobre las implicaciones de cada cambio, planificar alternativas y ejecutar acciones automáticas, siempre dentro de límites éticos y operativos definidos por humanos. La automatización se reserva para lo predecible y mecánico, liberando a las personas para enfocarse en lo que realmente diferencia una experiencia memorable: la empatía, la creatividad y la construcción de confianza.

Implicaciones económicas y de gobernanza

Los números justifican la urgencia de esta transformación. El turismo genera cerca del 10 por ciento del PIB mundial y las proyecciones lo sitúan en 16,5 billones de dólares para 2035. Paralelamente, el mercado de la IA aplicada al turismo crecerá hasta los 13.860 millones de dólares en 2030. Sin estándares compartidos, ese crecimiento se concentrará en ecosistemas cerrados dominados por un puñado de plataformas tecnológicas, dejando a destinos, operadores locales y comunidades sin voz sobre cómo la inteligencia artificial modela su futuro.

En el Foro Económico Mundial de Davos, una reunión a puertas cerradas convocada por TOURISE y Globant reunió a CEOs, líderes tecnológicos, reguladores y formuladores de políticas para abordar una pregunta estructural: ¿cómo gobernamos la coordinación autónoma en turismo? La discusión no se centró en demostrar capacidades técnicas, sino en diseñar los principios de un protocolo de gobernanza que garantice transparencia, equidad y control democrático sobre los sistemas que tomarán decisiones por nosotros.

Un nuevo contrato social para el viaje

La promesa de Agentic Tourism va más allá de la eficiencia operativa. Imagina un viajero cuyo vuelo nocturno se cancela mientras duerme. Sin intervención humana, su agente personal coordina con el agente de la aerolínea para reprogramar en el primer vuelo disponible, el agente del hotel ajusta automáticamente su check-in, el servicio de transfer reprograma la recogida y el sistema de experiencias locales reubica su reserva en el restaurante de mañana. Todo esto ocurre en minutos, con notificaciones claras y opciones de aprobación para el viajero, quien despierta con una solución completa, no con un problema.

Este nivel de coordinación requiere que los competidores colaboren en la capa de protocolo mientras diferencian en la capa de servicio. Es un nuevo contrato social para la industria, donde la inteligencia compartida beneficia a todos: mejores márgenes para los operadores, más agencia para los destinos y experiencias sin fricción para los viajeros.

El camino hacia la implementación

La adopción de este modelo no será instantánea. Requerirá que los principales actores adopten estándares abiertos, que los reguladores creen marcos legales para la responsabilidad de los agentes autónomos y que las comunidades turísticas participen en el diseño de las guardas éticas. Sin embargo, la alternativa es un futuro donde la inteligencia artificial, en lugar de unificar, fragmenta aún más la experiencia del viaje.

El turismo está llamado a liderar esta transición, demostrando que la tecnología más avanzada no es la que más datos procesa, sino la que mejor conecta a las personas y a las organizaciones en torno a un propósito compartido. La coordinación inteligente será la verdadera medida de la madurez digital del sector.

Referencias