Alberto Gutiérrez, el visionario fundador de Civitatis, ha grabado su nombre en la historia al convertirse en el cuarto ciudadano español en cruzar las fronteras del espacio. A bordo de la misión NS-38 de Blue Origin, el emprendedor vallisoletano experimentó una aventura que pocos humanos han vivido, marcando un hito tanto personal como para el ecosistema emprendedor tecnológico de España.
La travesía espacial de Gutiérrez se suma a la exclusiva lista de pioneros hispanos que han dejado atrás la atmósfera terrestre, acompañando a figuras como Miguel López-Alegría, Pedro Duque y Jesús Calleja. Sin embargo, lo que hace particularmente especial este logro es el perfil del protagonista: un empresario digital que construyó su fortuna en el sector turístico terrestre y que ahora expande sus horizontes literalmente hacia el cosmos.
El inicio de una odisea: una oportunidad en WhatsApp
Lo más sorprendente de esta historia espacial no es solo el viaje en sí, sino cómo surgió la oportunidad. Gutiérrez descubrió la posibilidad de convertirse en astronauta turístico a través de un mensaje casual en un grupo de WhatsApp. "A través de un grupo de pilotos de la YPO (Young President's Organization), una comunidad global exclusiva de líderes ejecutivos, me enteré de una llamada con Blue Origin para ofrecer plazas", revela el emprendedor.
La YPO es una red selecta de CEOs y presidentes jóvenes que conecta a algunos de los líderes empresariales más influyentes del mundo. Fue en este círculo de alta dirección donde surgió la conversación sobre la misión NS-38. "Desde el momento que leí el mensaje, casi por casualidad, vi la oportunidad y la tomé", confiesa Gutiérrez, demostrando el instinto característico de los emprendedores para identificar y aprovechar momentos únicos.
Una experiencia sensorial sin precedentes
La misión NS-38 transportó a la tripulación más allá de la línea de Kármán, la frontera invisible situada a unos 100 kilómetros de altitud que marca el inicio oficial del espacio. Durante este vuelo suborbital, los pasajeros disfrutaron de varios minutos de ingravidez absoluta, contemplando la Tierra a través de amplias ventanas panorámicas antes de regresar al desierto texano mediante un sistema de paracaídas controlado.
Para Gutiérrez, la "trepidante lluvia de sensaciones" fue lo más impactante de toda la experiencia. "En apenas 10 minutos experimentas todo tipo de cosas que nunca has, ni siquiera, imaginado antes", afirma. Sin embargo, si tuviera que quedarse con un momento específico, elegiría la reentrada en la atmósfera: "Las fuerzas G de la reentrada fueron increíbles. Nunca había sentido una sensación tan potente", asegura el fundador de Civitatis.
Esta descripción refleja la intensidad física del viaje, que va más allá de la simple contemplación estética del planeta. La experiencia combina la ingravidez etérea con la presión brutal de las fuerzas gravitacionales, creando un contraste que marca a los viajeros para siempre.
El futuro del turismo espacial: democratización en marcha
Más allá de la emoción personal, Gutiérrez mantiene una visión optimista sobre la democratización del turismo espacial. "Seguro que será accesible a más personas en el corto plazo", predice. El emprendedor dibuja un paralelismo histórico: "También hubo una época en la que volar en avión era solo para unos pocos".
Esta analogía no es casual. Gutiérrez conoce bien la evolución de las industrias de nicho a masivas. Su propia empresa, Civitatis, ha democratizado el acceso a experiencias turísticas únicas en todo el mundo. Ahora ve un proceso similar en el sector aeroespacial privado.
La compañía de Jeff Bezos comparte esta visión. "La propia gente de Blue Origin espera que en un plazo de 10 años el turismo espacial, tanto suborbital como orbital, sea algo mucho más común y accesible", comenta Gutiérrez. Esta proyección sugiere que la década actual podría ser testigo de la transformación del turismo espacial de una experiencia de ultra lujo a un producto más mainstream, aunque todavía premium.
Lecciones desde el espacio: consejos para emprendedores
El regreso a la Tierra no ha hecho perder perspectiva a Gutiérrez, sino todo lo contrario. Desde su nueva condición de astronauta empresarial, anima a los jóvenes emprendedores a no poner límites a sus ambiciones. "Los jóvenes tienen ante sí fronteras para explorar repletas de atractivo. No deben autocensurarse, ya que todo es posible", afirma con la autoridad de quien ha demostrado que los límites existen para ser superados.
Su consejo principal es apasionarse por el proyecto elegido: "Lo importante es encontrar un proyecto que te apasione para poder dedicarle todo tu tiempo y energía sin que se considere un trabajo". Esta filosofía ha guiado su propia carrera, desde los inicios digitales de Civitatis hasta la conquista del espacio personal.
Gutiérrez reflexiona sobre cómo cada logro expande el horizonte de posibilidades: "Cada vez que das un gran paso, tu mundo se amplia, y con tu mundo me refiero tanto a la creatividad como a la capacidad de pensar que todo es posible. Cada paso te hace avanzar a un nuevo nivel en el que las posibilidades se multiplican".
Esta mentalidad de crecimiento exponencial ha definido su trayectoria: "En mi vida he ido pasando infinidad de niveles. Desde crear la primera página web, recibir el primer cheque o comprar páginas webs a competidores, hasta abrir un hotel o volar al espacio". Cada hito no es una meta, sino una plataforma de lanzamiento hacia el siguiente desafío.
De Valladolid al cosmos: la trayectoria de un emprendedor
Nacido en Valladolid en 1983, Alberto Gutiérrez representa la esencia del emprendedor digital español. Fundó Civitatis en 2008, en plena crisis económica, demostrando una visión contracíclica que transformaría el sector turístico. Bajo su liderazgo, la empresa se ha consolidado como la mayor plataforma de actividades turísticas en español y portugués, conectando a millones de viajeros con experiencias locales únicas.
Su éxito terrestre le ha permitido soñar con el cielo, y más allá. El viaje espacial de Gutiérrez simboliza el nuevo perfil del emprendedor del siglo XXI: visionario, audaz y dispuesto a invertir en experiencias que trascienden el mero balance financiero.
La historia de este vallisoletano que pasó de conectar turistas con museos a flotar en ingravidez demuestra que las fronteras entre lo digital, lo físico y lo cósmico se desvanecen. En un mundo donde los emprendedores buscan constantemente diferenciarse, Gutiérrez ha elevado literalmente el listón de lo que significa tener una visión global.
Su experiencia nos recuerda que el espacio ya no es el dominio exclusivo de agencias gubernamentales, sino un nuevo territorio de exploración para la iniciativa privada y los soñadores con capacidad de inversión. Y quizás, como predice, en una década, ver la curvatura de la Tierra no sea solo un privilegio para unos pocos, sino el sueño alcanzable de una nueva generación de turistas espaciales.