El doble exilio de Trubin: del gol histórico al Madrid a su huída de la guerra

El portero del Benfica marcó en el minuto 98 contra el Real Madrid, pero su historia personal está marcada por dos exilios forzados por el conflicto en Ucrania

El pasado viernes, en el estadio de las Azores, Anatoliy Trubin vivió uno de esos momentos que todo guardameta teme. Durante el encuentro contra el Santa Clara, un balón centrado y sin aparente peligro se le escurrió entre las manos, generando un gol que nadie esperaba. La imagen contrastaba fuertemente con la que había protagonizado apenas tres semanas antes, cuando este mismo portero ucraniano se convirtió en el tercer arquero de la historia de la Copa de Europa en anotar un gol de jugada, sin necesidad de un penalti. Aquel testarazo en el minuto 98 contra el Real Madrid no solo dio la victoria al Benfica, sino que también inmortalizó su nombre en los anales del fútbol europeo.

La acción, que el club portugués celebró colocando una imagen gigante en su ciudad deportiva, fue analizada hasta el último milímetro por los expertos. Los datos revelaron que Trubin alcanzó una altura de 2,35 metros durante el salto y permaneció en el aire durante 0,7 segundos, impactando el balón aún en fase ascendente. Aquel momento de gloria, sin embargo, quedó temporalmente empañado por el reciente error en las Azores, del que el guardameta señaló con madurez que "los errores son parte del camino".

Pero más allá de los altibajos deportivos, lo que realmente define a este joven de 24 años es una trayectoria personal marcada por el desarraigo y la resiliencia. Nacido en la región de Donbás, Trubin ha tenido que abandonar su hogar en dos ocasiones distintas, víctima de un conflicto que ha desgarrado su tierra natal desde 2014. Su historia es la de muchos ucranianos, pero con la particularidad de haber alcanzado la élite del fútbol mundial mientras luchaba contra la inestabilidad de su entorno.

El primer exilio llegó cuando apenas contaba 13 años. Crecía a pocos minutos de la academia del Shakhtar Donetsk, donde entrenaba con la ilusión de convertirse en profesional. Sin embargo, el estallido del conflicto armado con los separatistas prorrusos obligó al club a trasladar su centro de formación a Kiev. Con una valentía poco común para su edad, el joven portero emprendió el viaje hacia la capital ucraniana sin sus padres, que se quedaron en Donetsk. En una entrevista concedida en 2022, recordaba aquellos días con una mezcla de nostalgia y orgullo: "A veces, mis padres no me veían en seis meses. Sin embargo, sabían que me encantaba el fútbol y no me impidieron ir. Maduré un poco más rápido".

Esa precocidad forzada por las circunstancias se convirtió en su mayor virtud. Mientras sus compañeros disfrutaban de la adolescencia normal, Trubin aprendía a valerse por sí mismo en una ciudad desconocida, lejos de su familia, con el único objetivo de perseguir su sueño. La soledad se convirtió en su compañera de entrenamientos, y la determinación, en su mejor aliada. Cuando firmó su primer contrato profesional, una de sus primeras acciones fue traer consigo a su madre y hermana, reconstruyendo así el núcleo familiar en Kiev.

La carrera de Trubin en el Shakhtar fue ascendente. Debutó en la Liga de Campeones de forma memorable en 2020, precisamente en el estadio Alfredo Di Stéfano de Valdebebas, donde su equipo venció al Real Madrid por 2-3 en plena pandemia. Aquella noche, el joven guardameta demostró que su talento justificaba cada sacrificio realizado. Sin embargo, el destino le tenía reservada otra prueba.

En febrero de 2022, la invasión rusa de Ucrania desencadenó el segundo exilio para la familia Trubin. La capital, que había sido su refugio durante años, dejó de ser segura. Con la misma determinación que mostró a los 13 años, el portero organizó la mudanza de su familia hacia Lutsk, una ciudad al noroeste del país, cercana a la frontera con Polonia. Era un desplazamiento forzado dentro de sus propias fronteras, una situación que compartían millones de ucranianos.

A pesar de las ofertas que llegaban desde el extranjero, Trubin decidió permanecer una temporada más en el Shakhtar, demostrando una lealtad a su club y a su país en los momentos más oscuros. Finalmente, en 2023, el Benfica pagó 10 millones de euros por sus servicios, abriendo una nueva etapa en su vida y en su carrera. Portugal se convirtió en su tercer hogar, lejos de Donetsk y de Kiev, pero nunca lejos de las cicatrices que la guerra había dejado en su alma.

En diciembre de 2024, en una reflexión sobre su trayectoria, el guardameta confesaba: "Sé lo que es que tu mundo se derrumbe". Esta frase resume no solo su experiencia personal, sino también la de toda una generación de ucranianos que han visto cómo el conflicto ha alterado irreversiblemente sus vidas. Trubin no es solo un portero que marca goles en los últimos segundos de partido; es un sobreviviente que ha convertido su dolor en fuerza y su incertidumbre en determinación.

La dualidad de su existencia actual es evidente. Por un lado, disfruta del privilegio de jugar en la élite del fútbol europeo, con la posibilidad de enfrentarse a los mejores equipos del mundo. Por otro, carga con el peso de una historia familiar y nacional que no puede desvincular del deporte. Cada salto, cada parada, cada testarazo como el que convirtió contra el Real Madrid, lleva consigo la carga de quien ha tenido que reconstruir su vida dos veces.

El fútbol, en su caso, no es solo un juego o una profesión. Es su refugio, su terapia y su forma de mostrar al mundo que la resiliencia puede vencer al destino adverso. Mientras millones de personas siguen de cerca su rendimiento en el Benfica y en la Champions, pocos conocen la profundidad de las batallas que ha librado fuera del terreno de juego. Su historia sirve como recordatorio de que detrás de cada jugador hay una persona, con una vida que trasciende los 90 minutos de un partido.

El error contra el Santa Clara, por más doloroso que fuera en el momento, no hace más que humanizar a un atleta que ya ha demostrado su capacidad para superar adversidades mucho mayores. En el camino hacia el partido de vuelta del playoff de la Champions contra el Real Madrid, Trubin no solo defenderá la portería del Benfica. Llevará consigo los sueños de un niño de Donbás que tuvo que crecer demasiado rápido, de un joven que cruzó Ucrania en busca de seguridad, y de un profesional que ha convertido cada obstáculo en un escalón hacia la grandeza.

Su doble exilio no define sus límites, sino su fortaleza. Y cada vez que salta bajo los palos, lo hace no solo como guardameta del Benfica, sino como embajador de una generación que ha aprendido a levantarse, una y otra vez, sin importar cuántas veces la vida le meta un gol por debajo de las piernas.

Referencias