Abbás Ibn Firnás: el pionero andalusí que voló 10 minutos en el siglo IX

Descubre la increíble historia del científico de Ronda que desafió la gravedad mil años antes que los hermanos Wright

En la historia de la aviación, los nombres de los hermanos Wright o Leonardo da Vinci ocupan un lugar privilegiado. Sin embargo, mucho antes de que el primer aeroplano despegara en Kitty Hawk, un científico andalusí desafió los límites de la gravedad desde la torre más alta de Córdoba. Se trata de Abbás Ibn Firnás, un polímata nacido en Ronda (Málaga) en el siglo IX cuyo audaz experimento lo convirtió en el primer ser humano en volar de manera controlada.

El legado de este innovador trasciende fronteras. Hoy en día, un cráter lunar, un aeropuerto en Irak y un puente en Córdoba llevan su nombre, aunque su figura permanece relativamente desconocida para el gran público. Recientemente, historiadores e instituciones científicas han intensificado los esfuerzos por recuperar la memoria de este visionario que revolucionó el pensamiento medieval sobre el vuelo humano.

El contexto de su hazaña resulta fundamental para comprender su magnitud. En el año 852, cuando Europa atravesaba la Alta Edad Media, la ciudad de Córdoba brillaba como uno de los centros culturales y científicos más avanzados del mundo. Fue en esta ciudad donde Ibn Firnás, entonces con 65 años de edad, decidió materializar su obsesión por imitar a las aves.

El experimento consistió en saltar desde la torre del alcázar, una estructura de aproximadamente cien metros de altura, equipado con un aparato de alas de madera y tela que él mismo había diseñado. Los cronistas de la época documentaron que, en su segundo intento, el científico logró mantenerse en el aire durante varios minutos antes de aterrizar con éxito, aunque sufrió lesiones en la espalda al no contar con un sistema de amortiguación adecuado.

Las fuentes históricas varían en la duración exacta del vuelo. Mientras algunas mencionan apenas sesenta segundos, otras más optimistas hablan de diez minutos de vuelo controlado. Independientemente de la cifra, lo indiscutible es que Ibn Firnás demostró empíricamente que el vuelo humano era posible, estableciendo los principios básicos de la aerodinámica mil años antes de que la ciencia moderna le diera nombre a estos conceptos.

El olvido de esta hazaña resulta paradójico. Cuando en 1783 Pilatre de Rozier y François Laurent surcaron los cielos de París en un globo aerostático, la historia los proclamó como los primeros hombres en volar. El globo, decorado con flores de lis doradas y los signos del zodiaco, atravesó la capital francesa a mil metros de altura, convirtiéndose en un símbolo de la Ilustración. Sin embargo, este logro, aunque monumental, ocurrió casi mil años después del vuelo de Ibn Firnás.

La razón de este desconocimiento radica en varios factores. Por un lado, la documentación árabe medieval no siempre llegaba a Europa cristiana. Por otro, la falta de réplicas inmediatas del experimento hizo que la hazaña cayera en el olvido. No fue hasta el siglo XIX que investigadores europeos redescubrieron los manuscritos que narraban el vuelo del andalusí.

El legado científico de Ibn Firnás va más allá del vuelo. Como ingeniero y químico, desarrolló innovaciones en la fabricación de vidrio y cristal, creó un planetario en su casa y perfeccionó los relojes de agua. Su mente inquisitiva personificaba el espíritu de la Al-Andalus del siglo IX, donde el conocimiento árabe, judío y cristiano convergía en un crisol de avances científicos.

Hoy, la figura de Ibn Firnás recibe el reconocimiento que merece. La Organización Internacional de Aviación Civil lo considera uno de los precursores de la aeronáutica. En su honor, el cráter lunar Ibn Firnás lleva su nombre desde 1976, y el aeropuerto de Bagdad también rinde homenaje a este visionario. En Córdoba, el puente que cruza el Guadalquivir en el barrio de La Catedral recuerda su gesta.

La historia de Abbás Ibn Firnás nos recuerda que la innovación no conoce fronteras temporales ni geográficas. Su audaz salto desde las murallas cordobesas no solo desafió la física, sino también los prejuicios de su época. En un mundo donde el conocimiento se comparte instantáneamente, resulta esencial recuperar estas historias que cuestionan la narrativa eurocéntrica de la ciencia.

El vuelo de Ibn Firnás representa más que un mero hecho histórico. Simboliza la capacidad humana para soñar, experimentar y superar los límites impuestos por la naturaleza. Mientras los hermanos Wright necesitaron motores y alas rígidas, el andalusí demostró que con ingenio, coraje y conocimiento básico de aerodinámica, el ser humano podía desafiar la gravedad.

En conclusiones, la figura de Abbás Ibn Firnás debe ocupar un lugar prominente en la historia de la ciencia. Su contribución a la aviación, aunque olvidada durante siglos, constituye un testimonio invaluable de la creatividad científica medieval. En una era donde la innovación se valora como motor del progreso, el científico de Ronda nos enseña que los verdaderos visionarios están adelantados a su tiempo, aunque el mundo tarde mil años en reconocerlo.

Referencias