El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha establecido este domingo en Jerusalén una serie de condiciones no negociables para que Israel apoye un eventual acuerdo entre Estados Unidos e Irán. La exigencia más destacada es la limitación del alcance de los misiles balísticos iraníes a tan solo 300 kilómetros, una medida que, de materializarse, impediría que estas armas alcanzaran territorio israelí desde territorio iraní.
Durante un acto público en la capital israelí, Netanyahu detalló los cuatro pilares fundamentales que, según su gobierno, deben integrar cualquier acuerdo con Teherán. Más allá de la cuestión misilística, el líder israelí insistió en que todo el material de enriquecimiento de uranio debe abandonar Irán, acompañado del desmantelamiento completo de la infraestructura nuclear que permite este proceso.
La postura de Netanyahu refleja la preocupación israelí por un posible acercamiento entre Washington y Teherán que se centre únicamente en el aspecto nuclear, dejando de lado otros elementos que Jerusalén considera igualmente críticos para su seguridad nacional. El primer ministro dejó claro que estas exigencias fueron transmitidas directamente al presidente Donald Trump durante su reciente visita a la Casa Blanca, donde ambos líderes analizaron el estado de las negociaciones con la república islámica.
El contexto de la reunión con Trump
La semana pasada, Netanyahu viajó específicamente a Estados Unidos para abordar con Trump las conversaciones en curso con Irán. Según informaciones de la prensa israelí, el primer ministro aprovechó esta oportunidad para reivindicar las demandas de seguridad de Israel ante la posibilidad de que la administración Trump limitara las discusiones con Teherán exclusivamente al programa nuclear.
La estrategia de Netanyahu parece preventiva: busca influir en el marco de las negociaciones antes de que se cierren acuerdos parciales que, desde la perspectiva israelí, dejarían intactas capacidades militares que representan una amenaza directa. La limitación de los misiles balísticos a 300 kilómetros es particularmente significativa porque eliminaría la capacidad de Irán de atacar objetivos en Israel desde su territorio, aunque no desde posiciones de sus aliados regionales.
Financiamiento a grupos armados e inspecciones
Otro componente esencial de la postura israelí es la exigencia de que Irán cese completamente el financiamiento a lo que Netanyahu denomina el "eje del terror". Esta referencia incluye de manera explícita al grupo chií Hezbolá en Líbano, los rebeldes hutíes en Yemen, diversas milicias palestinas y otros actores armados que operan en Oriente Medio.
Jerusalén considera que el apoyo económico y militar que Teherán proporciona a estos grupos constituye una forma de guerra por delegación que amenaza la estabilidad regional y la seguridad de Israel. Por tanto, cualquier acuerdo integral debe abordar esta dimensión no convencional del poder iraní.
Además, Netanyahu reiteró la necesidad de implementar un régimen de inspecciones rigurosas y sorpresivas por parte de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en territorio iraní. El primer ministro empleó una frase que resume la filosofía israelí: "Desconfía, desconfía y siempre verifica", una variante del famoso lema "confía pero verifica" que refleja la profunda desconfianza de Israel hacia las intenciones iraníes.
El desafío de Gaza y el desarme de Hamas
Durante su intervención, Netanyahu también abordó la situación en la Franja de Gaza, donde el desarme total de Hamas constituye la segunda fase del plan de alto el fuego propuesto por Trump. El primer ministro israelí afirmó que el grupo islamista ya no posee prácticamente armas pesadas en el enclave palestino, pero insistió en que debe entregar también sus armas ligeras.
En una afirmación que generó debate, Netanyahu declaró que "el arma pesada, la que causa más daño, se llama AK-47", minimizando así la capacidad militar actual de Hamas. Según su análisis, en Gaza "no hay artillería, no hay tanques, no hay nada", y los milicianos utilizan principalmente rifles de asalto.
Sin embargo, el líder israelí reconoció que el desarme total de Hamas sigue siendo un tema pendiente sin posiciones claras por parte del grupo islamista sobre qué armamento está dispuesto a entregar. "Le estamos dando una oportunidad al plan del presidente", aseguró Netanyahu, añadiendo que esto puede ocurrir "por las buenas o por las malas".
El problema de los túneles en Gaza
Otro aspecto crítico del plan de desmilitarización de Gaza es el desmantelamiento de la red de túneles subterráneos que Hamas ha construido a lo largo de años. Netanyahu reveló que las fuerzas israelíes han destruido aproximadamente 150 kilómetros de los 500 kilómetros estimados de túneles que existen bajo la Franja.
"Tenemos que completar el trabajo", subrayó el primer ministro, indicando que esta tarea pendiente es esencial para garantizar que Hamas no pueda ocultar "laboratorios de"... (la frase quedó inconclusa en el discurso original, pero la intención es clara: evitar que el grupo mantenga infraestructura militar subterránea).
La red de túneles representa para Israel una amenaza estratégica porque permite a Hamas movilizar combatientes y armamento de manera encubierta, almacenar recursos y planear operaciones sin ser detectado desde el aire. Su completo desmantelamiento es, por tanto, una prioridad de seguridad para Jerusalén.
Implicaciones regionales y perspectivas
Las declaraciones de Netanyahu reflejan una postura de máxima firmeza tanto hacia Irán como hacia Hamas, alineándose con la política de seguridad nacional que ha caracterizado su largo mandato. Al establecer estas líneas rojas, el primer ministro busca no solo proteger los intereses de Israel, sino también influir en la política exterior estadounidense en la región.
La combinación de exigencias nucleares, misilísticas y de financiamiento a grupos proxy constituye un paquete integral que, si fuera aceptado por Irán, representaría una transformación radical de su política de defensa y proyección de poder regional. Sin embargo, la probabilidad de que Teherán acepte tales condiciones sin contrapartidas significativas parece remota.
En cuanto a Gaza, el enfoque dual de Netanyahu -reconocer la debilidad militar actual de Hamas pero exigir su desarme total- sugiere una estrategia que combina presión militar con una salida diplomática encabezada por la administración Trump. La mención de que el proceso puede ocurrir "por las buenas o por las malas" deja entrever que Israel no descarta volver a la acción militar si las negociaciones fracasan.
En definitiva, el discurso de Netanyahu en Jerusalén establece un marco claro de las expectativas israelíes para cualquier proceso de paz o acuerdo internacional que involucre a sus principales adversarios regionales. La comunidad internacional deberá ahora evaluar hasta qué punto estas exigencias pueden integrarse en negociaciones realistas sin bloquear por completo las posibilidades de entendimiento.