Tudela de Duero sufre la peor riada de su historia con 700 m³/s

Vecinos desalojan sótanos y bodegas mientras el Duero inunda el parque Arenal y alcanza niveles récord en Valladolid

La mañana del domingo 15 de febrero de 2026 ha quedado marcada en la memoria colectiva de Tudela de Duero. Desde primera hora, los residentes de esta localidad vallisoletana contemplaban con estupor cómo el río Duero desbordaba su cauce habitual, invadiendo zonas que nunca antes habían estado bajo el agua. El temor y la incertidumbre se han apoderado de una población que espera con ansiedad noticias que confirmen que el pico de la crecida ya ha pasado aguas arriba.

El panorama es desolador. El emblemático parque Arenal, uno de los pulmones verdes más queridos del municipio, ha desaparecido bajo las aguas. Las farolas emergen como postes fantasmales en un lago improvisado, mientras los patos locales navegan desorientados por un territorio que les resulta completamente extraño. Desde los puentes que cruzan el río, decenas de vecinos han capturado con sus móviles imágenes que nunca pensaron presenciar: un paisaje acuático que transforma por completo la fisonomía de Tudela.

Este no ha sido un domingo de rutina. Ni siquiera la celebración del Carnaval del día anterior ha ocupado las conversaciones. Hoy, todos los murmullos, mensajes de WhatsApp y llamadas telefónicas giran en torno a una sola protagonista: la riada histórica del Duero. Los efectos son devastadores e incontables, especialmente en las viviendas que lindan con el cauce fluvial, incluso aquellas situadas a más de cincuenta metros de distancia.

La ronda de San Esteban se ha convertido en una de las zonas más castigadas. El río describe una curva en este punto, bordeando gran parte del casco urbano y dejando a su paso un reguero de daños materiales. Personal de Protección Civil y agentes de la Guardia Civil patrullan la zona, intentando mantener el control de la situación y ofreciendo información a los residentes desesperados. Su labor, sin embargo, se limita a constatar los daños y gestionar la expectativa, porque mientras el agua no baje, resulta imposible emprender cualquier acción de recuperación efectiva.

Desde el Ayuntamiento de Tudela han transmitido un mensaje de prudencia. «Aunque es difícil determinar la magnitud exacta del episodio, las estimaciones continúan situando el caudal en torno a los 700 metros cúbicos por segundo», señalan fuentes municipales. Esta cifra, que podría seguir aumentando, ha generado una alarma justificada entre quienes habitan en la ribera. Los datos hidrológicos indican que el pico máximo ya ha superado la zona de Peñafiel, y las autoridades prevén que en «unas horas» ese mismo récord se registrará en Tudela. Curiosamente, en Quintanilla de Onésimo, aguas arriba, aún no se ha alcanzado el nivel máximo, lo que mantiene en vilo a toda la comarca.

Los daños en propiedades particulares son cuantiosos. Al menos siete chalés y seis pisos han reportado afectaciones graves, además de numerosas comunidades de vecinos que luchan contra el reloj para extraer el agua de garajes y zonas comunes. En el número 34 de la ronda de San Esteban, el garaje está completamente anegado. Los residentes observan impotentes cómo el líquido emana incluso de una arqueta del sistema de saneamiento, mientras al otro lado del muro el Duero continúa creciendo con fuerza desmedida.

Tamara, una vecina afectada, resume el sentir general: «Estamos bastante asustados». Su testimonio refleja la angustia de quienes ven cómo sus pertenencias desaparecen bajo el agua y no pueden hacer otra cosa que esperar a que la naturaleza decida ceder. Otros residentes han optado por la acción preventiva, retirando vehículos y enseres valiosos para evitar males mayores. Cada minuto cuenta cuando el agua sube centímetro a centímetro.

La labor de bombeo se ha convertido en una tarea titánica y, en muchos casos, infructuosa. Hasta que el nivel del río no descienda de forma significativa, cualquier esfuerzo resulta prácticamente inútil. Los vecinos forman cadenas de trabajo, comparten bombas de achique y se ayudan mutuamente, demostrando una solidaridad que brilla con luz propia en medio de la adversidad. Los más veteranos del pueblo aseguran no recordar una crecida de estas características en toda su vida, lo que da una idea de la magnitud del fenómeno meteorológico.

El impacto no solo es material, sino también emocional. La incertidumbre sobre cuándo llegará el pico máximo y cuánto tiempo tardará en desaguar el río mantiene a la población en estado de alerta constante. Las redes sociales se han llenado de imágenes y vídeos que documentan la devastación, mientras los medios locales intentan ofrecer cobertura en tiempo real. La pregunta que todos se hacen es si las infraestructuras actuales son suficientes para hacer frente a eventos extremos como este, cada vez más frecuentes.

Mientras tanto, las autoridades regionales y locales mantienen reuniones de emergencia para coordinar la respuesta. Los servicios de limpieza y restauración ya se preparan para cuando las aguas retrocedan, pero el alcance total de los daños aún es imposible de calcular. Lo que está claro es que Tudela de Duero enfrenta una de sus mayores crisis en décadas, y la recuperación será larga y costosa.

La comunidad, sin embargo, no se ha dejado vencer por el desánimo. En medio del caos, surgen historias de apoyo mutuo, de vecinos que abren sus puertas a quienes han tenido que desalojar, de colectivos que organizan ayuda. Esta red de solidaridad es, quizás, la mejor herramienta para afrontar las próximas semanas, cuando el agua se haya ido pero las consecuencias permanezcan.

El río Duero, que tantas veces ha sido motivo de orgullo y disfrute para los tudelanos, ha mostrado hoy su cara más despiadada. La lección es clara: el cambio climático no es una abstracción, sino una realidad que golpea con fuerza las puertas de los hogares. Tudela de Duero, con sus calles inundadas y sus vecinos en pie de guerra contra el agua, se ha convertido en un símbolo de la lucha contra los elementos. La esperanza ahora reside en que el pico haya pasado y que, poco a poco, la vida vuelva a la normalidad en esta localidad vallisoletana que hoy escribe una página triste pero también de resistencia en su historia.

Referencias