Un grupo de militantes socialistas ha decidido alzar la voz contra lo que consideran un estancamiento ideológico en el seno del PSOE. Encabezados por el ex ministro Jordi Sevilla, han presentado el manifiesto Socialdemocracia 21, un documento que busca reactivar la discusión interna y recuperar la esencia socialdemócrata que, según sus impulsores, ha quedado opacada por la dinámica de confrontación partidista.
La iniciativa surge como respuesta directa a lo que los críticos denominan la política de bloques enfrentados, una estrategia que atribuyen directamente a la gestión de Pedro Sánchez al frente del Gobierno y del partido. Desde su óptica, esta dinámica ha generado un callejón sin salida que paraliza cualquier avance real en las políticas progresistas que España necesita.
En un vídeo difundido a través de sus redes sociales, Sevilla ha expuesto los pilares fundamentales de esta corriente de pensamiento. El ex miembro del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero insiste en que los partidos políticos, tal y como recoge la Constitución española, deben ser expresión del pluralismo y cauces democráticos de participación, nunca instrumentos para dividir a la ciudadanía en dos mitades enfrentadas.
La crítica más dura apunta a la personalización excesiva del poder. Sevilla advierte que las formaciones políticas no pueden convertirse en sectas dogmáticas centradas en un líder carismático, una alusión clara a la figura de Sánchez y a la dinámica interna que se ha instalado en Ferraz durante los últimos años. Este modelo, argumentan, erosiona la democracia interna y aleja a los militantes de la toma de decisiones.
Otro de los puntos álgidos del manifiesto es la gestión de casos de corrupción y conductas indebidas. El documento señala que los partidos no pueden fallar clamorosamente a la hora de prevenir y castigar la corrupción entre sus dirigentes, ni tampoco aquellas conductas personales reprobables que afectan a la dignidad de las mujeres.
Estas palabras no son casuales. Llegan en un momento en que el PSOE enfrenta serios cuestionamientos por las investigaciones judiciales que afectan a dos de sus últimos secretarios de Organización: Santos Cerdán y José Luis Ábalos. Además, la formación ha tenido que lidiar con denuncias por acoso sexual contra cargos intermedios, como el caso de Francisco Salazar, quien ocupó posiciones de confianza tanto en Moncloa como en la sede socialista.
Desde la cúpula del partido, la respuesta ha sido mesurada pero defensiva. La portavoz adjunta del PSOE, Enma López, ha asegurado que no tienen ningún miedo al debate público y que estudiarán el manifiesto con atención. Sin embargo, ha cuestionado las propuestas implícitas: ¿quieren estos críticos dejar de subir el Salario Mínimo Interprofesional o de revalorizar las pensiones?, ha preguntado retóricamente.
Este contrapunto refleja la tensión entre ambas visiones. Mientras la dirección actual se enorgullece de sus logros en materia social, los críticos consideran que estas medidas son insuficientes y se utilizan como parche electoral en lugar de formar parte de una estrategia socialdemócrata coherente.
El manifiesto de diez páginas constata que España crece económicamente, pero alerta de que no distribuye equitativamente los beneficios de ese progreso. Según el análisis de Sevilla, la política de confrontación ha paralizado medidas socialdemócratas necesarias para corregir esta desigualdad, sustituyéndolas por un populismo basado en el rédito electoral.
Un ejemplo que los críticos ponen sobre la mesa son las cesiones a los socios parlamentarios de la coalición, como la financiación singular para Cataluña. Estas concesiones, argumentan, responden más a la necesidad de mantenerse en el poder que a una verdadera convicción ideológica.
De manera especialmente contundente, el documento denuncia que el Gobierno está fallando a los jóvenes en lo más esencial: el acceso a una vivienda digna y a un empleo estable. Esta generación, señalan, se ha convertido en la gran perdedora de un modelo político que prioriza la supervivencia electoral sobre las necesidades reales de la población.
Los impulsores de Socialdemocracia 21 defienden que la mayoría de ciudadanos demanda una autonomía política real, libre de ataduras partidistas extremas. Consideran que solo mediante el debate autocrítico y la apertura del partido a nuevas ideas podrá recuperarse la confianza perdida y superar la polarización que, según ellos, alimenta el propio Sánchez.
La iniciativa plantea un reto serio para la dirección socialista. Aunque desde Ferraz minimizan el impacto y se muestran abiertos al diálogo, la mera existencia de esta corriente pone de manifiesto las grietas internas que el partido ha intentado mantener a raya. La pregunta ahora es si este manifiesto conseguirá aglutinar un movimiento de base capaz de presionar para un cambio de rumbo o si, como han sucedido otras voces disidentes, acabará diluyéndose en el marco del sanchismo-antisanchismo que tanto critica.
Lo que está claro es que el debate interno en el PSOE ha saltado del ámbito reservado a la esfera pública. Y en política, cuando las críticas se hacen visibles, las consecuencias nunca son neutrales. El tiempo dirá si Socialdemocracia 21 se convierte en una corriente transformadora o en un mero episodio de descontento en la historia reciente del partido.