El mes de enero se ha consolidado como el período idóneo para el senderismo en la Marina Alta. Mientras el resto de España soporta las bajas temperaturas invernales, las montañas alicantinas se convierten en un auténtico hervidero de actividad al aire libre. Entre todos los recorridos disponibles, la ruta del Barranc de l'Infern, popularmente conocida como la de los 6.000 escalones, se erige como una de las más transitadas por los amantes del trekking. Este año, además, las recientes precipitaciones han añadido un elemento extra de espectacularidad: el retorno del paisaje acuático.
El sonido del agua se ha convertido en la banda sonora perfecta para los excursionistas que se aventuran por estos parajes. El murmullo de los arroyos y el estruendo característico de la cascada del Salt de Fleix acompañan constantemente a los senderistas durante su trayecto. Esta recuperación del paisaje hídrico marca un antes y un después en la experiencia de visitar la Vall de Laguar, una comarca que vuelve a mostrar su cara más húmeda y exuberante.
El punto culminante del recorrido llega prácticamente al inicio del descenso. Tras pasar por la Font Grossa y el tradicional safareig de Fleix, los visitantes se topan con uno de los regalos más esperados de la naturaleza. Al cruzar el riachuelo saltando de roca en roca, se empieza a escuchar un rugido que anuncia la proximidad de la cascada. La "cua de cavall", como se conoce localmente a esta caída de agua, se presenta en todo su esplendor.
Con una altura aproximada de 60 metros, el Salt de Fleix ofrece un espectáculo visual y sonoro difícil de olvidar. La fuerza con la que el agua se precipita por el desnivel crea una atmósfera casi mágica, envuelta en finas gotitas que refrescan el ambiente. Los excursionistas, inevitablemente, sienten la necesidad de inmortalizar el momento. No es raro ver grupos completos posando con la catarata de fondo, intentando capturar la escala y la belleza del lugar en una sola fotografía.
La sequía que azotó la zona durante los últimos años había dejado la cascada prácticamente seca, con apenas un hilo de agua que recordaba su antigua gloria. Sin embargo, las intensas lluvias caídas durante las pasadas semanas, especialmente en la cabecera del río en Benimaurell, han cambiado radicalmente el panorama. Este núcleo, conocido como el Poble de Dalt de la Vall de Laguar, ha recibido precipitaciones abundantes que han revitalizado todo el sistema hídrico.
El torrente que alimenta el Salt de Fleix lleva días descendiendo con un caudal notable, algo que los lugareños no veían desde hace mucho tiempo. Esta abundancia de agua no solo beneficia a la cascada, sino que también ha reactivado fuentes y manantiales dispersos por toda la comarca. El agua vuelve a ser el elemento vertebrador del territorio, configurando un paisaje que recupera su identidad más auténtica.
El agua como protagonista del territorio
La esencia del Barranc de l'Infern radica precisamente en este elemento. El río Girona ha modelado durante milenios un paisaje abrupto y espectacular, tallando a cuchillo un cauce profundo que deja boquiabiertos a los visitantes. El sonido del agua corriendo, gorgoteando y saltando por las rocas forma parte inseparable de la experiencia sensorial. Escuchar estos ruidos es tan importante como verlos, porque el paisaje del agua se construye también con los oídos.
Los senderistas deben vadear los riachuelos en varios puntos del recorrido, saltando de piedra en piedra con la ayuda de bastones o simplemente con destreza. Esta interacción directa con el elemento acuático convierte la ruta en una experiencia mucho más inmersiva. No se trata solo de observar, sino de formar parte activa del entorno, de sentir el frescor del agua y el desafío de cruzar estos pequeños cauces.
La Vall de Laguar, formada por los tres pueblos de Campell, Fleix y Benimaurell, representa uno de los ejemplos más claros de arquitectura tradicional adaptada al agua. Los safareigs, las fuentes públicas y las acequias de regadío conforman un sistema hidráulico ancestral que ha permitido la vida en estas montañas. La recuperación del caudal de los manantiales es, por tanto, una noticia que alegra especialmente a la población local.
Para los visitantes, la ruta del Barranc de l'Infern ofrece una combinación perfecta de esfuerzo físico y recompensa visual. Los 6.000 escalones, repartidos en zigzag por el desnivel del terreno, exigen una buena forma física y constancia. Sin embargo, cada paso se ve recompensado con vistas espectaculares, bosques mediterráneos en perfecto estado y, ahora más que nunca, la presencia constante del agua.
Los expertos en senderismo recomiendan equiparse adecuadamente para esta ruta. Calzado de montaña con buen agarre es imprescindible, especialmente para los tramos de vadeo. También se aconseja llevar bastones para facilitar el cruce de arroyos y reducir el impacto en las rodillas durante el descenso. Aunque la ruta es exigente, está perfectamente señalizada y cuenta con varios puntos de interés que justifican cada esfuerzo.
El impacto turístico de la recuperación del Salt de Fleix no pasa desapercibido. Los fines de semana, la zona registra un flujo considerable de excursionistas, muchos de ellos procedentes de otras comunidades autónomas. La hostelería local se beneficia de esta afluencia, con bares y restaurantes de los tres pueblos que atienden a los senderistas hambrientos y sedientos tras completar el recorrido.
La importancia de la conservación
Este resurgir del paisaje acuático también sirve como recordatorio sobre la vulnerabilidad climática de estos ecosistemas. La alternancia entre periodos de sequía y momentos de abundancia pone de manifiesto la necesidad de gestionar sosteniblemente los recursos hídricos. La Vall de Laguar, con su red de manantiales y fuentes, depende directamente de las precipitaciones para mantener su identidad paisajística.
Las administraciones locales han trabajado en la mejora de infraestructuras para hacer más accesible y segura la ruta, sin comprometer su carácter natural. La construcción de pasarelas de madera en puntos críticos y el mantenimiento de las señaléticas son ejemplos de estas intervenciones. El objetivo es compatibilizar el uso turístico con la conservación del entorno.
Para aquellos que buscan una experiencia más tranquila, los días laborables ofrecen una alternativa ideal. La ruta se disfruta con mayor intimidad, lejos de las aglomeraciones de los fines de semana. El sonido del agua se aprecia mejor sin el murmullo de las conversaciones, y la conexión con la naturaleza resulta más profunda.
El Salt de Fleix, con sus 60 metros de caída, se ha convertido en el emblema de esta recuperación hídrica. Su presencia vigorosa anima a los visitantes a reflexionar sobre la importancia del agua en la configuración del territorio. Cada gota que cae representa la resiliencia de un ecosistema que, pese a las adversidades climáticas, sigue demostrando su capacidad de regeneración.
La ruta del Barranc de l'Infern, con su desafío de 6.000 escalones, su paisaje modelado por el agua y su espectacular cascada, constituye una de las experiencias más completas para los amantes del senderismo en la Comunidad Valenciana. El renacer del Salt de Fleix no es solo una buena noticia para los deportistas, sino para todos aquellos que valoran la belleza de un paisaje donde el agua vuelve a ser la verdadera protagonista.