En el noroeste de la Región de Murcia, escondido entre montañas y a más de 1.300 metros de altitud, se encuentra Inazares, una pequeña pedanía de Moratalla que cada invierno se transforma en un destino mágico. Mientras el resto de la comunidad disfruta de un clima suave, este rincón se convierte en el lugar de referencia para ver la nieve en Murcia, un fenómeno meteorológico que aquí adquiere una dimensión especial.
La clave de este singular microclima reside en su ubicación estratégica dentro del Macizo de Revolcadores, donde el Pico de los Obispos alcanza los 2.015 metros, convirtiéndose en el techo de la región. Esta altitud excepcional no solo garantiza la presencia de nieve con cada borrasca que atraviesa la península, sino que también otorga a Inazares un privilegio mucho menos conocido pero igualmente valioso: contar con uno de los cielos nocturnos más limpios y oscuros de toda España.
La importancia astronómica de este enclave no es reciente. En 2002, el Centro Nacional de Astrobiología, en colaboración con la Agencia Espacial Estadounidense (NASA), elaboró un exhaustivo mapa del cielo peninsular que destacó la Sierra de Moratalla, y específicamente el entorno de Inazares, como una de las zonas con mejores condiciones para la observación astronómica. Este reconocimiento científico puso a la pedanía en el mapa de los astrónomos profesionales y aficionados.
¿Qué hace tan especial el cielo de Inazares? La respuesta se encuentra en una combinación perfecta de factores. Por un lado, su altitud superior a los 1.350 metros sitúa el observador por encima de gran parte de la contaminación atmosférica. Por otro, su aislamiento geográfico y la ausencia de grandes núcleos urbanos cercanos eliminan casi por completo la contaminación lumínica, esa nube luminosa que impide ver las estrellas desde las ciudades. A esto se suma un aire excepcionalmente limpio, especialmente durante los meses de invierno, cuando la estabilidad atmosférica alcanza su punto óptimo.
El geógrafo José M. Serna García, experto en el territorio murciano, describe Inazares como un lugar idóneo "entre 1350-1550 metros de altitud (accesibles)", destacando especialmente sus "madrugadas oscuras" que presentan "unas formidables condiciones para observar la cúpula que rebosa de astros, belleza y enigmas sobre nuestras cabezas". Esta descripción poética refleja la experiencia real de quienes se aventuran a contemplar el firmamento desde esta montaña.
El potencial astronómico de Inazares no ha pasado desapercibido para la comunidad científica. En 2007, la sociedad Astronatur, integrada por miembros de la Agrupación Astronómica de la Región de Murcia, presentó un ambicioso proyecto: la creación de un complejo astronómico en Cañada de la Cruz, muy cerca de Inazares. La iniciativa contemplaba la instalación de una cúpula de cinco metros de altura equipada con un potente telescopio de cincuenta centímetros de diámetro, con capacidad para grupos de 10 a 15 personas. Sin embargo, a pesar de su viabilidad técnica y científica, el proyecto no llegó a materializarse, quedando como una oportunidad pendiente para el desarrollo del turismo astronómico en la región.
La doble condición de Inazares como destino invernal y astronómico crea una sinergia única. Durante el día, sus paisajes nevados ofrecen un espectáculo visual que contrasta con la imagen habitual de Murcia. La nieve cubre las laderas del Macizo de Revolcadores, creando escenarios propios de latitudes mucho más septentrionales. Los visitantes pueden disfrutar de rutas de senderismo por entornos blancos, construir muñecos de nieve o simplemente contemplar la tranquilidad de un pueblo que parece detenido en el tiempo.
Cuando cae la noche, el escenario cambia radicalmente. El frío inverno, que en otras circunstancias podría ser un inconveniente, se convierte en un aliado. La atmósfera, más estable y seca, permite una visibilidad astronómica excepcional. Las estrellas brillan con una intensidad que sorprende incluso a los observadores más experimentados. La Vía Láctea se dibuja con claridad sobre las cabezas, mientras planetas, nebulosas y constelaciones se revelan en todo su esplendor.
Este potencial dual convierte a Inazares en un destino con un valor añadido difícil de encontrar en otros lugares de España. Mientras que en la mayoría de los enclaves de alta montaña la nieve va acompañada de cielos nublados y precipitaciones que impiden la observación astronómica, aquí la combinación de altitud, claridad del cielo y estabilidad meteorológica crea una ventana única de oportunidad para disfrutar de ambos fenómenos.
La importancia de este reconocimiento científico trasciende el mero interés turístico. La designación por parte de instituciones como la NASA no solo valida las condiciones naturales del lugar, sino que también abre puertas a futuros proyectos de investigación. La astrobiología, disciplina que estudia el origen y evolución de la vida en el universo, requiere de cielos oscuros y limpios para sus observaciones, exactamente lo que ofrece Inazares.
A pesar de que el proyecto de 2007 no prosperó, el interés por el lugar persiste. Cada año, grupos de astrónomos aficionados organizan expediciones nocturnas a la zona, equipados con telescopios portátiles y cámaras para fotografía astronómica. La facilidad de acceso, a pesar de la altitud, hace que sea un destino viable para observaciones de una noche o para estancias más prolongadas.
El municipio de Moratalla, consciente del valor de este patrimonio natural, ha incluido en sus planes de desarrollo la promoción del turismo sostenible que combine el disfrute de la naturaleza con el respeto al medio ambiente. La protección de la oscuridad nocturna se ha convertido en una prioridad, evitando la instalación de luminarias que pudieran comprometer las condiciones astronómicas del lugar.
Para los visitantes que deseen experimentar este fenómeno, la mejor época es el invierno, especialmente entre diciembre y febrero. Es fundamental consultar las previsiones meteorológicas, ya que las condiciones pueden cambiar rápidamente en alta montaña. Se recomienda equiparse adecuadamente para el frío, tanto para la observación diurna de la nieve como para la nocturna de las estrellas. Una linterna de luz roja es esencial para preservar la adaptación nocturna de la vista durante las observaciones astronómicas.
La experiencia de contemplar la nieve durante el día y las estrellas durante la noche en el mismo lugar crea un recuerdo imborrable. La sensación de estar en un entorno prístino, lejos de la contaminación lumínica y acústica de las ciudades, conecta al visitante con la naturaleza de una manera profunda. Es una oportunidad para redescubrir el universo que nos rodea, tanto en su dimensión terrestre como celestial.
Inazares representa, en definitiva, una joya natural que Murcia conserva con celo. Su doble condición de paraíso invernal y observatorio astronómico lo convierte en un destino único en el sureste español. El reconocimiento de la NASA no es un mero título honorífico, sino una constatación científica de unas condiciones excepcionales que deben ser preservadas y valoradas. En un mundo cada vez más iluminado y ruidoso, lugares como Inazares se convierten en refugios para el alma y la ciencia, donde la belleza del cosmos y la serenidad de la naturaleza se dan la mano bajo el manto de la nieve y las estrellas.