Bad Boys: Hasta la muerte llega a las pantallas como la cuarta entrega de una saga que ha marcado a toda una generación de amantes del cine de acción. A casi tres décadas del estreno de Dos policías rebeldes (1995), Will Smith y Martin Lawrence demuestran que su química en pantalla no ha hecho más que perfeccionarse con el paso del tiempo. Esta nueva aventura no solo eleva la apuesta en cuanto a espectáculo, sino que introduce un giro narrativo interesante: por primera vez, los protagonistas deben escapar de quienes una vez representaron.
Los directores Adil El Arbi y Bilall Fallah, responsables ya de la tercera parte, vuelven a ponerse al mando de esta producción con la clara intención de superar las expectativas. Su enfoque visual incorpora técnicas modernas como el uso intensivo de drones y secuencias con cámara en primera persona que recuerdan a los videojuegos más populares del estilo Call of Duty. Estos elementos técnicos se combinan con persecuciones que, si bien rozan lo inverosímil, encajan perfectamente en el universo desenfadado y exagerado que caracteriza a la franquicia.
La clave del éxito de Bad Boys siempre ha residido en la relación entre sus dos protagonistas. Smith y Lawrence han construido una dinámica que trasciende la simple colaboración profesional. Como afirman los propios directores, dirigirlos es "una bendición" porque su conexión es genuina, la de dos amigos que disfrutan compartiendo el set de rodaje. Esta autenticidad se traduce en una naturalidad en pantalla difícil de replicar.
En declaraciones recientes, Will Smith ha subrayado la importancia del humor como pilar fundamental de la película. Según el actor, la diversión actúa como un elixir que sostiene toda la estructura narrativa. Cuando la comedia no funciona a pleno rendimiento, el conjunto se resiente. Esta filosofía ha guiado cada una de las decisiones creativas del proyecto, asegurando que el espectáculo nunca eclipsara la esencia divertida y ligera que define a la saga.
Por su parte, Martin Lawrence ha expresado su deseo de ver evolucionar a su personaje de forma coherente. En esta entrega, Marcus Burnett aparece como un detective más estratégico y menos torpe, manteniendo intacto su sentido del humor pero mostrando una madurez acorde con su edad. Este desarrollo añade capas de profundidad sin renunciar al espíritu original que los fans aprecian.
Uno de los aspectos más destacados de Bad Boys: Hasta la muerte es la inversión de roles en la trama central. Si en anteriores películas veíamos a Mike y Marcus persiguiendo criminales, ahora son ellos los perseguidos. Este cambio genera situaciones inéditas y permite explorar nuevas dinámicas dentro de la pareja, mientras mantienen su particular forma de enfrentar los problemas.
La película rinde homenaje a Michael Bay, director de las dos primeras entregas, mediante el uso de planos, música y paletas de color que evocan su estilo característico. Miami vuelve a ser más que un simple escenario; se convierte en un personaje más, con su energía, su luz y su esencia callejera. Sin embargo, los nuevos directores logran capturar esta esencia sin caer en la exageración que a veces definía el trabajo de Bay.
El legado del Capitán Conrad Howard, interpretado por Joe Pantoliano, también está presente aunque el actor no aparezca físicamente. Su influencia pesa en las decisiones de los protagonistas y en el desarrollo de la trama, sirviendo como puente emocional con las entregas anteriores.
Desde el punto de vista técnico, la producción ha apostado por tomas más largas que permiten apreciar el trabajo físico de los actores. Will Smith, tras el compromiso adquirido con la tercera entrega, se entrenó intensamente para realizar gran parte de las secuencias de acción sin depender exclusivamente de su doble. Este esfuerzo se refleja en una mayor credibilidad y en una conexión más directa con el público.
El éxito de Bad Boys: Hasta la muerte ha sido rotundo. Con un presupuesto aproximado de 100 millones de dólares, la película ha recaudado más de 400 millones a nivel mundial. Estas cifras la convierten en uno de los éxitos taquilleros del año, superando ampliamente las expectativas del estudio. Solo se ha quedado a 20 millones de la recaudación de la tercera parte, lo que demuestra la fidelidad de la audiencia.
El final abierto de la película, sumado a las declaraciones de los protagonistas, alimenta los rumores sobre una posible quinta entrega. Cuando le preguntan sobre el futuro de la saga, Will Smith sonríe y deja la puerta abierta, siempre condicionando cualquier decisión al éxito de la entrega actual. Dado los resultados obtenidos, parece muy probable que volvamos a ver a esta pareja en acción.
Smith reflexiona sobre lo "especial y raro" que resulta seguir protagonizando una saga treinta años después de su inicio. En una industria donde los actores originales suelen relegarse a cameos o referencias, mantenerse como protagonistas es todo un logro. Lawrence, más filosófico, le aconsejó a su compañero: "Frena. Quédate aquí y ahora. Disfruta la gracia de lo que estamos viviendo". Este enfoque mindful parece haber calado en el equipo, que ha creado una película que celebra el pasado mientras mira al futuro.
En definitiva, Bad Boys: Hasta la muerte consigue equilibrar nostalgia e innovación. Mantiene los ingredientes que hicieron grande a la saga –acción desenfrenada, humor irreverente y una química innegable entre sus protagonistas– mientras incorpora elementos frescos que la hacen relevante para una nueva generación. No es solo una secuela más, sino una declaración de intenciones: algunas parejas, como algunas amistades, solo mejoran con los años.