Finn Wolfhard y Natalia Dyer: de Hawkins a la cocina del NY Times

Los protagonistas de Stranger Things preparan pizzas caseras desde cero mientras desvelan anécdotas del rodaje y sus pasiones culinarias

Los hermanos Wheeler de Stranger Things han colgado los walkies-talkies y las linternas para enfundarse los delantales. Finn Wolfhard y Natalia Dyer, quienes dan vida a Mike y Nancy en la aclamada serie de Netflix, han decidido afrontar un desafío igual de intimidante que enfrentarse a los horrores del Mundo del Revés: elaborar pizzas caseras desde cero en las cocinas del New York Times.

Con el final de la serie a la vuelta de la esquina, los fans se encuentran en esa extraña sensación de querer más pero saber que todo tiene su fin. Antes de que el último episodio se estrene, los actores han ofrecido un momento de conexión diferente con su audiencia, compartiendo su faceta más humana y terrenal: la pasión por la gastronomía.

La iniciativa, que combina cocina y entrevista, ha permitido a los seguidores conocer un lado más personal de estos intérpretes que han crecido ante las cámaras desde 2016. Mientras amasan, extienden y decoran sus propias pizzas, Wolfhard y Dyer responden con naturalidad a preguntas sobre la despedida de la ficción, sus hábitos alimenticios durante el rodaje y aquellos manjares que les transportan directamente a los platós de Hawkins.

El encuentro culinario comenzó con una pregunta aparentemente simple: «¿Habéis hecho pizza alguna vez?». La respuesta de Wolfhard desveló una realidad cotidiana y divertida del detrás de cámaras. El actor reconoció que, aunque en numerosas ocasiones habían intentado organizar noches de pizza durante el rodaje de la última temporada, la buena voluntad siempre chocaba con la indecisión colectiva. «Siempre acabábamos pasando una hora y media intentando decidir qué íbamos a pedir», confesó entre risas, dibujando una escena familiar a cualquier grupo de amigos que ha intentado ponerse de acuerdo para una cena.

Este pequeño detalle humaniza aún más al elenco, mostrándolos como jóvenes normales que, pese a la fama, enfrentan los mismos dilemas cotidianos que cualquier persona. La conversación fluyó hacia sus preferencias personales en la cocina, revelando intereses que van más allá de la interpretación.

Wolfhard, con una sinceridad que sorprende, admitió su fascinación por la cocina, aunque reconoció no dedicarle todo el tiempo que le gustaría. «Me encanta cocinar, pero no lo hago lo suficiente», señaló antes de especificar: «Me encanta la cocina asiática». Esta declaración abrió la puerta a una anécdota que Dyer recordaba con cariño y diversión.

La actriz, que ha compartido con él múltiples temporadas, evocó una velada particular en la que Wolfhard decidió poner manos a la obra y preparar una cena para el equipo. «Organicé una pequeña cena en la que preparé un guiso japonés», continuó el joven actor, antes de autocriticarse con humor: «Estaba demasiado salado». Dyer, por su parte, no pudo evitar sonreír al recordar aquel momento, evidenciando la complicidad que han desarrollado a lo largo de años trabajando codo con codo.

Mientras la masa iba tomando forma sobre la encimera, la conversación derivó hacia los snacks del set de rodaje, ese universo paralelo de tentaciones y rituales que todo actor conoce bien. Los platós de Stranger Things no fueron una excepción, y ambos intérpretes tuvieron claras sus elecciones cuando se les preguntó por esos alimentos que les transportaban directamente a la atmósfera de Hawkins.

Wolfhard no dudó en mencionar dos clásicos estadounidenses que parecen sacados directamente de los años 80 que inspiran la serie: «Muchas. Donuts y alitas de pollo», respondió sin titubear. Su respuesta evoca instantáneamente la estética retro de la ficción, donde los adolescentes se reunían en locales con este tipo de tentaciones mientras discutían misterios sobrenaturales.

Por su parte, Dyer reveló una debilidad más específica y personal: las galletas con trocitos de chocolate que el catering del plató proporcionaba de forma regular. Esta confesión desvela una realidad común en los rodajes prolongados: la evolución inevitable de la dieta. Wolfhard completó la idea con una observación que muchos compartirán: «Siempre empieza de forma saludable, la gente lo intenta, pero al cabo de seis meses, es como: «Aquí tienes tu Danimal»», refiriéndose a la marca de yogures infantiles que se convirtió en un bálsamo de confort durante las largas jornadas.

La experiencia de elaborar pizza desde cero les sirvió no solo como actividad lúdica, sino como metáfora de su propio viaje en la serie. Al igual que la masa necesita tiempo para fermentar y desarrollar su sabor, su relación profesional y personal ha madurado durante casi una década frente a las cámaras. Cada temporada ha añadido un ingrediente nuevo a su receta particular de química en pantalla.

El proceso de crear una pizza casera, desde amasar la masa hasta elegir los toppings perfectos, refleja la atención al detalle que ambos han puesto en sus personajes. Cada elección, cada pequeña modificación, contribuye al resultado final. De la misma manera, su interpretación de Mike y Nancy ha ido ganando matices con cada capítulo, convirtiéndolos en dos de los personajes más queridos del universo televisivo contemporáneo.

La iniciativa del New York Times no solo satisface el interés de los fans por la serie, sino que también posiciona a estos jóvenes actores como figuras multifacéticas. No son solo rostros famosos, sino personas con pasiones reales, habilidades imperfectas y la capacidad de reírse de sí mismos. El error de Wolfhard con el guiso japonés demasiado salado humaniza al actor de forma instantánea, mientras que la complicidad con Dyer muestra una amistad genuina que trasciende la ficción.

En un momento donde el contenido promocional puede parecer forzado y artificial, esta aproximación culinaria ofrece autenticidad. Los espectadores no solo ven a dos actores respondiendo preguntas repetidas, sino a dos jóvenes compartiendo una experiencia real, con errores, risas y momentos de genuina conexión. La pizza, ese alimento universal que trasciende culturas y generaciones, sirve como vehículo perfecto para esta conexión.

El contexto de la despedida de Stranger Things añade una capa de melancolía a la experiencia. Cada anécdota compartida, cada recuerdo del set de rodaje, cobra un valor especial sabiendo que esta etapa está llegando a su fin. Los fans, que han visto crecer a estos actores literalmente ante sus ojos, encuentran en estos momentos íntimos una forma de despedirse no solo de los personajes, sino de la experiencia colectiva que ha representado la serie.

La elección de la pizza como actividad central no es casual. Este plato, símbolo de reuniones informales y momentos compartidos, encapsula perfectamente la esencia de lo que Stranger Things ha representado para millones de personas: una excusa para reunirse, compartir y disfrutar de una experiencia común. Al ver a Wolfhard y Dyer crear sus propias versiones, los fans pueden imaginar sus propias reuniones para ver el último episodio, pizza en mano, cerrando el círculo que comenzó hace ocho años.

La entrevista culinaria también destaca la evolución de los actores como personas públicas. Han pasado de ser adolescentes descubriendo la fama a jóvenes adultos capaces de manejar situaciones con naturalidad y encanto. Su capacidad para mantener una conversación fluida mientras realizan una tarea manual demuestra madurez y profesionalidad, cualidades que les servirán en sus futuros proyectos.

En definitiva, esta experiencia gastronómica ofrece más que simple contenido promocional. Es un testimonio de crecimiento, amistad y autenticidad en una industria que a menudo carece de estas cualidades. Mientras el mundo se prepara para despedirse de Hawkins, Wolfhard y Dyer nos recuerdan que los verdaderos momentos mágicos no solo ocurren en pantalla, sino en las conexiones reales que se forjan cuando las cámaras se apagan.

La pizza que prepararon, con sus ingredientes imperfectos y su forma única, es el reflejo perfecto de su viaje: hecha con esfuerzo, compartida con cariño y destinada a ser recordada más allá de su sabor inmediato. Al igual que la serie que les catapultó a la fama, esta experiencia culinaria combina ingredientes simples para crear algo que resuena emocionalmente con quienes la presencian.

Referencias

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