El vigor agotado se apoderaba de Nani Roma al descender de su Ford Raptor en el campamento de Riad. La jornada había exigido recorrer nada menos que 900 kilómetros entre tramos cronometrados y enlaces, una distancia que pone a prueba incluso a los pilotos más veteranos. Sin embargo, el cansancio físico desaparecía por completo cuando el catalán comenzaba a relatar la experiencia vivida. Sus ojos brillaban con una intensidad difícil de describir, mientras calificaba la etapa como la mejor de toda su trayectoria en el Dakar, un rally que ya ha visto en 29 ocasiones diferentes.
La especial de este año ha dejado en el piloto una sensación de plenitud difícil de igualar. Con dos victorias en el Touareg en su palmarés, Roma sabe perfectamente lo que significa triunfar en la prueba más dura del mundo. Pero esta vez algo fue diferente. La combinación entre la complejidad del terreno, la estrategia ejecutada y la conexión con su navegante crearon una experiencia única. Álex Haro, su copiloto, resultó ser pieza fundamental en esta gesta, demostrando que la química entre ambos ha alcanzado su punto óptimo justo cuando más se necesitaba.
Abrir la pista en medio de un océano de dunas representa uno de los desafíos más temidos por cualquier competidor. La visibilidad es nula, las referencias desaparecen y cada metro avanzado supone un riesgo calculado. Salir en cabeza requiere una concentración extrema y la capacidad de leer el terreno con precisión milimétrica. Roma y Haro afrontaron esta misión con la determinación de quienes saben que cada segundo cuenta. El objetivo era claro: minimizar las pérdidas de tiempo sin renunciar a un ritmo vertiginoso que les mantuviera en la pelea por la general.
La mañana comenzó con una tensión palpable. Ambos ocupantes de la Raptor sabían que el día sería decisivo. En cuanto se adentraron en la primera duna, el ritmo se impuso de forma natural. Kilómetro tras kilómetro, el dúo español fue trazando una línea invisible que el resto de rivales intentaría seguir. La responsabilidad de marcar el camino recayó sobre sus hombros durante toda la jornada, una carga que asumieron sin titubear. Los riesgos fueron innumerables, cada cresta de arena escondía una incógnita y cada descenso podía esconder una trampa.
Las consecuencias de tanta audacia se hicieron visibles al finalizar. La Raptor llegó con el frontal dañado, faltando uno de los faros principales como trofeo de batalla. El impacto fue considerable, pero no suficiente para detener su marcha. Este tipo de percances forma parte del ADN del rally raid. Los preparativos físicos y mecánicos sirven precisamente para superar estos contratiempos y llegar hasta el límite. El trabajo de meses en el gimnasio y en el taller encuentra su sentido en días como este, donde la resistencia y la fiabilidad se ponen a prueba.
La recompensa por tanto esfuerzo se materializó en la clasificación. La tercera posición de la general, a solo nueve minutos del líder, coloca a Roma en una situación de privilegio. Esta ubicación no es fruto del azar, sino el resultado de una primera semana casi perfecta. El análisis de los datos confirma que la estrategia de abrir pista durante la etapa maratón ha sido un acierto mayúsculo. La ventaja psicológica de hacer una gran actuación antes del día de descanso es innegable, ya que permite digerir el logro con más tranquilidad y planificar la segunda parte de la carrera con mayor claridad.
La perspectiva de la victoria ya no es un mero deseo, sino una posibilidad tangible. Roma lo afirma sin ambages: "Se puede ganar este Dakar". La contundencia de su pronunciamiento refleja la confianza que irradia el equipo. No se trata de una simple declaración de intenciones, sino de una constatación basada en el rendimiento mostrado. La regularidad, la velocidad punta y la capacidad de gestionar la presión han convertido a esta edición en una de las más prometedoras para el piloto de Folgueroles.
La reflexión sobre su propia trayectoria aporta perspectiva. A lo largo de décadas de competición, Roma ha vivido momentos gloriosos y situaciones límite. Sin embargo, el presente le siente especialmente bien. "Estamos en un muy buen momento", reconoce, consciente de que la edad y la experiencia han forjado una combinación perfecta. La pasión sigue intacta, pero ahora va acompañada de una madurez que permite disfrutar incluso de las situaciones más adversas. Esa capacidad de encontrar placer en el duro trabajo competitivo define su actual filosofía.
La frase "sufrimiento divertido" resume a la perfección esta dualidad. Competir en el Dakar implica padecimiento físico, estrés mental y una tensión constante. Pero cuando todo fluye, cuando el coche responde, cuando la navegación es impecable y los riesgos dan sus frutos, ese padecimiento se transforma en goce. Es la esencia del motorismo de altura, donde los límites personales y técnicos se expanden hasta alcanzar cotas insospechadas. Roma y Haro han encontrado esa química exacta que convierte el esfuerzo en éxtasis.
El entorno de Ford completa el cuadro idílico. La estructura estadounidense ha demostrado su competitividad con dos etapas ganadas por Guthrie. El objetivo colectivo no admite interpretaciones: "El equipo está aquí para ganar". La ambición es clara y los recursos están al servicio de esa meta. La fiabilidad de los cuatro prototipos presenta un balance positivo, aunque no exento de sobresaltos. La experiencia de Carlos Sainz superando un problema mecánico en la segunda parte de la maratón recordó a Roma su propia desgracia del año anterior, cuando una avería le dejó fuera de combate.
La lección aprendida es evidente: en el Dakar, la resistencia mecánica es tan importante como la humana. La capacidad de superar contratiempos define a los candidatos serios. Por ahora, la carrera de Roma sigue un guión perfecto. La etapa de descanso servirá para reajustar detalles, analizar datos y preparar la estrategia definitiva. La segunda semana promete ser un duelo de titanes donde cada minuto será una batalla. Con la moral por las nubes y un coche competitivo, el piloto español afronta el reto más ilusionado que nunca. Las dunas de Arabia Saudita han sido testigo de su mejor versión, pero aún queda por escribir el capítulo final.