Sainz sobrevive a una doble avería en el Dakar: "Pensé que nos íbamos a casa"

El piloto español sorteó problemas en el embrague y el motor de su Ford Raptor para completar la etapa del Dakar 2026

La Dakar 2026 está dejando momentos de máxima tensión para Carlos Sainz, quien ha logrado sobrevivir a una auténtica pesadilla mecánica durante la jornada de hoy. El piloto madrileño, que ya arrastraba complicaciones técnicas desde la etapa anterior, vio cómo su Ford Raptor sufría dos averías críticas que pusieron en riesgo su continuidad en la prueba reina del rally raid mundial.

La primera adversidad surgió en el sistema de embrague de su vehículo, una incidencia que ya se manifestó en la jornada previa y que obligó a los mecánicos del equipo a realizar una reparación de emergencia. Sin embargo, la solución aplicada resultó ser temporal y limitada. Según explicó el propio Sainz, el equipo solo disponía de un único intento para que el mecanismo volviera a funcionar, una especie de "carta única" que debía jugarse con suma precaución.

"Después de las reparaciones de ayer conseguimos que funcionara, pero solo una vez. Teníamos ese único cartucho, podíamos usarlo una sola vez y ha sido para arrancar en la etapa", detallaba el piloto español. Esta limitación mecánica condicionó radicalmente su estrategia de carrera, ya que cualquier parada involuntaria en terreno complicado podía significar el abandono definitivo.

El riesgo era especialmente alto en zonas con desnivel pronunciado o terreno blando. Imagínese la escena: el vehículo detenido en una pendiente empinada, con el motor apagado y sin posibilidad de volver a ponerlo en marcha. Esa situación habría significado el fin de la aventura dakariana para el piloto de Madrid. Por ello, Sainz tuvo que extremar la precaución, evitando cualquier detención innecesaria y calculando al milímetro cada maniobra.

En las zonas de trial, donde normalmente los pilotos aprovechan para detenerse brevemente para estudiar el terreno, Sainz se vio obligado a improvisar. "En esas zonas lo utilizas para parar un poco y poder ver. Hoy en una de esas he tenido que saltar por encima de una roca tremenda", reconocía el español, evidenciando la complejidad añadida que suponía pilotar sin la posibilidad de detenerse.

Pero si el problema del embrague ya era grave, lo que vino después activó todas las alarmas en el equipo. A mitad de la etapa, el motor V8 de 5.0 litros del Ford Raptor comenzó a mostrar signos de una avería mucho más preocupante. La bomba de aceite del propulsor empezó a fallar, encendiendo las luces de advertencia en el cuadro de mandos y sembrando el pánico entre los técnicos.

Esta incidencia resulta especialmente significativa porque el motor V8 es uno de los componentes más sensibles del vehículo. Una falla en la bomba de aceite puede provocar un desgaste catastrófico en cuestión de minutos, dejando el motor inservible y al piloto fuera de combate. Sainz, consciente del riesgo, tuvo que gestionar la situación con suma delicadeza, moderando el ritmo para no forzar el propulsor.

"Es algo sobre la bomba de aceite, que en principio no tiene nada que ver con los de Marruecos", aclaraba Sainz, haciendo referencia a los problemas previos que el equipo había experimentado en otros rallys. El piloto ya había advertido antes de iniciar la carrera en Arabia Saudita que el motor podría ser el talon de Aquiles del proyecto americano, una premonición que desgraciadamente se está cumpliendo.

La combinación de ambas averías creó un escenario de máxima tensión. Con un embrague que solo funcionaba una vez y un motor que podía fallar en cualquier momento, Sainz pilotaba literalmente sobre un hilo. La sensación, según sus propias palabras, era de estar jugando a la lotería con cada kilómetro recorrido.

"A mitad de la etapa, cuando se encendió la alarma, pensé que nos íbamos para casa. Estoy ya de propina", reconocía con sinceridad el piloto, utilizando una expresión coloquial que reflejaba perfectamente su estado de ánimo. La frase "estar de propina" en el argot español significa haber obtenido algo extra, un beneficio inesperado, en este caso referido a poder continuar en carrera.

A pesar de no haber podido recortar distancias con sus rivales directos como Lategan o Al-Attiyah, Sainz mostraba una satisfacción enorme por el simple hecho de haber llegado a meta. "Para mí hoy es como una victoria después del problema que tuvimos ayer. Haber llegado hoy me hace estar súper feliz. No me importa el tiempo", declaraba con evidente alivio.

Esta actitud demuestra la mentalidad del campeón: en momentos de crisis, el objetivo principal deja de ser la victoria y se convierte en la supervivencia. Cada kilómetro superado se transforma en un pequeño triunfo, cada etapa completada en una gesta. Sainz, con tres Dakars en su palmarés, sabe mejor que nadie que la regularidad y la capacidad de superar adversidades son tan importantes como la velocidad pura.

La penalización de un minuto que recibió por no detenerse en la zona de neutralización, lejos de molestarle, parecía un precio insignificante comparado con el riesgo real de quedarse parado en mitad de la especial. Era una decisión lógica y necesaria, una apuesta segura por la continuidad en la carrera.

El equipo técnico deberá trabajar ahora contrarreloj para solucionar definitivamente estos problemas. La fiabilidad del Ford Raptor está en entredicho, y en una prueba tan exigente como el Dakar, donde la resistencia mecánica es tan crucial como el talento del piloto, no se pueden permitir más sustos de esta magnitud.

Para Sainz, el objetivo ahora es recuperar la confianza en su máquina y volver a la lucha por las posiciones de cabeza. Con la moral intacta después de esta odisea mecánica, el piloto español demostró una vez más por qué es considerado uno de los grandes especialistas del rally raid mundial. Su capacidad para gestionar la presión y tomar decisiones acertadas en momentos límite marca la diferencia entre un buen piloto y un campeón.

La jornada de mañana presentará nuevos desafíos, pero Sainz llega con el ánimo reforzado. Superar una doble avería de esta envergadura no solo es un logro técnico, sino también psicológico. El piloto madrileño ha demostrado que, incluso con las peores cartas, sabe jugar su mano con maestría.

En el mundo del automovilismo, y especialmente en el Dakar, la suerte juega un papel importante, pero la experiencia y la sangre fría son insustituibles. Hoy, Carlos Sainz ha tenido que echar mano de todas sus armas para seguir vivo en la carrera. La aventura continúa, y con ella, la esperanza de poder luchar por esa cuarta corona que tanto desea.

Referencias

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