El primer día del año 2026 comenzó con una pesadilla para una pareja de ancianos de Andoain. Poco antes de las ocho de la mañana, cuando aún no había clareado el día, un desconocido llamó a su puerta. Lo que siguió fue una agresión brutal que les dejó con graves heridas y una profunda huella psicológica.
La tranquilidad de la mañana se vio rota por unos golpes insistentes en la puerta del piso. La pareja, acostumbrada a la convivencia vecinal en su bloque, no dudó en abrir. "Pensamos que sería algún vecino", relataron posteriormente. El edificio llevaba meses en obras, por lo que el movimiento de trabajadores y residentes era constante. Pedir azúcar, préstamos de herramientas o acceso a zonas comunes era algo habitual.
Sin embargo, al otro lado no había un vecino amable. Un hombre de complexión robusta y origen magrebí se abalanzó contra el marido nada más abrir la puerta. El forcejeo fue instantáneo. Ambos cayeron al suelo del recibidor mientras el intruso intentaba hacerse con el control de la vivienda.
Una agresión sin sentido
El agredido, con más de setenta años, quedó sorprendido por la fuerza desmedida del atacante. "Era como un zombi de las películas de Hollywood", describió. Los movimientos del joven, de veinticuatro años, eran erráticos y descontrolados. No respondía a razones ni a gritos. Simplemente atacaba con una violencia que parecía sobrehumana.
Durante el forcejeo, el agresor intentó cerrar la puerta del piso con las piernas, como si quisiera aislarse del exterior. Esta actitud reforzó la impresión de que se encontraba bajo los efectos de alguna sustancia psicoactiva potente. "Iba completamente drogado", insistió la víctima.
La esposa, al oír los gritos y golpes, salió corriendo del dormitorio. La distancia entre su cama y la puerta de entrada era inferior a dos metros. En cuestión de segundos presenció la escena de horror: su marido forcejeando en el suelo con un desconocido que le propinaba puñetazos sin cesar.
El intento de estrangulamiento
La situación escaló cuando el agresor agarró un cable de la lámpara del salón y lo enrolló alrededor del cuello del anciano. Comenzó a tirar con fuerza, intentando asfixiarlo. La mujer, desesperada, intentó intervenir. En ese momento, el atacante la mordió en un brazo mientras continuaba estrangulando a su marido.
Las heridas fueron múltiples: contusiones en todo el cuerpo, laceraciones faciales y la mordedura. Pero lo peor fue el intento de asesinato con el cable. "Nos agredía con una fuerza y una brutalidad sobrehumana", recordaba la pareja con evidente trauma.
Intervención y detenciones
No se especifica en el relato cómo terminó el ataque, pero sí se confirma que la Ertzaintza detuvo a dos jóvenes de veinticuatro y veinticinco años. El segundo detenido probablemente actuó como cómplice, aunque el relato se centra en el agresor principal.
Las víctimas fueron atendidas por servicios médicos y recibieron tratamiento por sus heridas. Sin embargo, las secuelas psicológicas son evidentes. "Tenemos miedo en nuestra propia casa", confesaron. La sensación de vulnerabilidad en el lugar que consideraban su refugio seguro es ahora constante.
El contexto de las obras
El bloque de pisos donde ocurrió el ataque lleva meses en proceso de reforma. Esta circunstancia creó un ambiente de permeabilidad en el edificio. Los trabajadores entraban y salían constantemente, y los vecinos se acostumbraron a abrir la puerta sin precaución. La confianza mutua era alta, lo que hizo más fácil que el agresor llamara sin levantar sospechas.
Los residentes compartían llaves de otros pisos para facilitar el acceso a las obras. El movimiento era tal que un desconocido llamando a una puerta no resultaba extraño. Esta situación, sumada a la temprana hora y la fecha festiva, creó las condiciones perfectas para el asalto.
El perfil del agresor
Las víctimas insisten en que el joven no parecía estar en su sano juicio. Su descripción coincide con los efectos de las drogas de síntesis o estimulantes potentes. La agresividad desmedida, la fuerza sobrehumana, los movimientos erráticos y la falta de respuesta lógica son característicos de consumo de sustancias como la cocaína, el éxtasis o las nuevas drogas psicoactivas.
El hecho de que intentara cerrar la puerta con las piernas sugiere un estado de paranoia o alucinación. Posiblemente percibía amenazas inexistentes y buscaba refugiarse en la vivienda. La realidad es que se convirtió en la mayor amenaza para dos personas inocentes.
Impacto en la comunidad
El suceso ha conmocionado a Andoain, un municipio de algo más de 14.000 habitantes en el corazón de Gipuzkoa. La seguridad ciudadana en barrios tranquilos donde la convivencia es estrecha se ve ahora cuestionada. Los vecinos se muestran consternados y temerosos.
La alcaldía y los representantes vecinales han convocado reuniones urgentes para analizar medidas de seguridad. La posibilidad de instalar cámaras en los portales o reforzar el control de accesos durante las obras se baraja como solución inmediata.
Las secuelas de las víctimas
Más allá de las heridas físicas, que ya son graves, el daño psicológico es profundo. La pareja, de avanzada edad, ahora mira con recelo cada vez que suena el timbre. La confianza en el prójino, que era su forma de vida, se ha visto rota.
Necesitarán apoyo psicológico para superar el trauma. La sensación de vulnerabilidad en su propio hogar es devastadora. "No volveremos a abrir la puerta con la misma tranquilidad", admiten.
Reflexión sobre la seguridad en casa
Este trágico incidente sirve como llamada de atención sobre la necesidad de mantener la precaución incluso en entornos familiares. La costumbre y la confianza no deben nublar el sentido común. Sistemas de visión para ver quién llama, no abrir sin identificar o mantener la puerta cerrada con cadena son medidas básicas que pueden evitar tragedias.
Las obras en edificios, aunque necesarias, crean vulnerabilidades que delincuentes pueden aprovechar. Es fundamental que las comunidades de vecinos establezcan protocolos claros de acceso y seguridad durante estos periodos.
La investigación en marcha
La Ertzaintza mantiene la investigación abierta. Se analizan las cámaras de la zona, se toman declaraciones a testigos y se esperan los resultados de los análisis de sangre al detenido para confirmar el consumo de drogas. La violencia gratuita y sin motivo aparente será agravante en el proceso judicial.
El joven agresor enfrenta cargos de intento de asesinato, agresión con agravante de edad y robo con violencia. Su cómplice también será procesado por participación en los hechos.
Una comunidad en alerta
Andoain se ha unido en solidaridad con la pareja agredida. Vecinos y autoridades locales buscan restaurar la paz social y la sensación de seguridad que caracterizaba a este municipio guipuzcoano. El incidente, aislado pero brutal, ha dejado una huella difícil de borrar.
La pareja, mientras tanto, intenta recuperarse. Con el apoyo de su familia, servicios sociales y la comunidad, esperan superar este trauma. Pero el miedo persiste. Y la pregunta sin respuesta: ¿por qué nosotros?