La selección marroquí cumplió con los pronósticos pero no sin sudar la gota gorda. En un estadio Príncipe Moulay Abdellah repleto de 70.000 almas, los Leones del Atlas superaron por la mínima a una Tanzania combativa que planteó más problemas de los esperados. El gol de Brahim Díaz en el minuto 64 bastó para sellar el pase a cuartos de final de la Copa Africana de Naciones, donde espera un rival de mucho más peso: Camerún.
El extremo del Real Madrid, que se ha erigido como la gran estrella del certamen, no defraudó. Su cuarto tanto en cuatro encuentros llegó tras una jugada individual que desbordó a la defensa taifa y un remate cruzado que superó la estirada de Hussein Masalanga. El guardameta tanzano, probablemente anticipando un centro, vio cómo el balón se colaba por su palo derecho, desatando la euforia en las gradas de Rabat.
La asistencia de lujo de Hakimi
No fue un gol en solitario. La jugada nació de los pies de Achraf Hakimi, el jugador franquicia del PSG que disputó su primer partido completo en el torneo. El lateral derecho, recuperado de las molestias en el tobillo que le habían mantenido en vilo al cuerpo técnico, demostró su clase con un pase filtrado que desequilibró toda la zaga rival. Minutos antes, Hakimi ya había avisado con un libre directo que se estrelló contra el larguero, dejando claro que su estado físico no es motivo de preocupación para Walid Regragui.
La presencia del defensa parisino resultó clave para desatascar un partido que se presentaba complicado. Marruecos, que había dominado la fase de grupos sin brillar excesivamente, encontró en la conexión Hakimi-Díaz la fórmula para superar a un rival que se defendió con orden y ofreció una resistencia digna de mención.
El argentino desconocido en el banquillo rival
En la banda contraria, Miguel Ángel Gamondi dirigía su último partido en la competición. El entrenador nacido en Olavarría hace 59 años representa una de las historias más curiosas del fútbol argentino. Tras pasar como ayudante por las juveniles de Racing, San Martín de Tucumán y Boca Juniors, Gamondi emprendió hace 25 años una aventura africana que le ha llevado a dirigir en más de una decena de países del continente.
Su Tanzania llegaba a estos octavos de final sin haber ganado ninguno de sus tres partidos previos, pero con el mérito de haberse colado entre los mejores 16 por primera vez en su historia. El planteamiento defensivo del técnico argentino frustró durante más de una hora a los favoritos del torneo, y aunque el resultado final no acompañó, su labor no pasó desapercibida para los analistas del fútbol africano.
Una victoria con sabor agridulce
El triunfo deja a Marruecos en una situación paradójica. Por un lado, mantiene vivo el sueño de conquistar la CAN en casa, un objetivo que se antoja prioritario para una nación que vive su mejor momento futbolístico. Por otro, las dudas persisten. El equipo que sorprendió al mundo con su cuarto puesto en el Mundial de Qatar 2022 y que el año pasado se coronó campeón del Mundial Sub-20 en Chile tras derrotar a Argentina en la final, no termina de encontrar su mejor versión.
Los números son claros: desde 2017, antes de este duelo, Marruecos solo había ganado uno de sus cinco partidos de eliminación directa en la CAN. La edición de 2023 terminó en octavos con una dolorosa eliminación. Esta vez, la historia es diferente, pero el guion se repite: victoria por la mínima, sufrimiento excesivo y dependencia de la genialidad individual.
La figura indiscutible del torneo
Brahim Díaz no solo lidera la tabla de goleadores; se ha convertido en el referente ofensivo de un equipo que necesita despertar. Su dedicatoria del gol a Azzedine Ounahi, compañero lesionado en el entrenamiento previo al partido, demuestra el espíritu de grupo que Regragui ha cultivado. Las imágenes del madridista celebrando con la camiseta de su compatriota en el vestuario reflejan una unión que podría ser decisiva en los momentos de mayor presión.
El rendimiento de Díaz contrasta con la sequía goleadora de otros pesos pesados del equipo. Su capacidad para aparecer en los momentos decisivos, ya sea con disparos desde fuera del área, jugadas personales o definiciones en el mano a mano, convierte cada acción suya en una amenaza real. Los 70.000 espectadores de Rabat lo saben y cada toque suyo genera un murmullo de expectación.
El desafío camerunés
El próximo viernes, Marruecos se medirá a Camerún, que superó 2-1 a Sudáfrica en un partido vibrante. Los Leones Indomables representan un salto cualitativo respecto a Tanzania. Su plantilla, llena de talento europeo y con la experiencia de haber ganado la CAN en 2017, obligará a Regragui a elevar el nivel de su equipo si quiere seguir soñando con la corona continental.
El duelo promete ser un enfrentamiento táctico de alto nivel. Camerún llega en crecimiento tras una fase de grupos complicada, mientras Marruecos deberá resolver sus problemas de efectividad. La defensa local, liderada por Achraf Hakimi y Nayef Aguerd, tendrá que contener a un ataque africano que combina potencia física y velocidad.
La presión de jugar en casa
Ser anfitrión en una CAN es una espada de doble filo. La ventaja de jugar todos los partidos en el estadio Príncipe Moulay Abdellah se convierte en una losa cuando el resultado no llega. La afición marroquí, conocedora del potencial de su selección, no se conforma con victorias sufridas. Exige un juego vistoso, goles y dominio absoluto.
Regragui sabe que cada partido es una final. La eliminación en octavos de 2023 todavía duele en la memoria colectiva. Esta edición, con el factor cancha a favor, representa una oportunidad única para inscribirse en la historia. Pero el camino se estrecha. Camerún, posiblemente Senegal en semifinales, y una final que podría enfrentarles a Egipto o Nigeria. El nivel de exigencia crece exponencialmente.
El legado de Gamondi en Tanzania
Mientras Marruecos piensa en la siguiente ronda, la aventura de Miguel Ángel Gamondi en Tanzania llega a su fin. El técnico argentino, que ha dedicado su carrera a desarrollar el fútbol en países como Uganda, Kenia, Ghana o Zambia, deja un legado importante. Su Tanzania no ganó, pero compitió. No brilló, pero se hizo respetar. Para una selección que nunca antes había pasado de la fase de grupos en una CAN, llegar a octavos es un logro histórico.
La experiencia de Gamondi refleja el creciente interés del fútbol africano por el conocimiento sudamericano. Técnicos argentinos, uruguayos y brasileños ocupan banquillos en todo el continente, aportando su visión táctica y su capacidad para sacar el máximo rendimiento de recursos limitados. El caso del entrenador de Olavarría es paradigmático: 25 años lejos de casa, construyendo una carrera en la sombra pero dejando huella en cada lugar por el que pasa.
La cuenta atrás hacia la final
Quedan tres partidos para la gloria. Marruecos tiene el talento, la experiencia y el factor casa. Brahim Díaz está en el mejor momento de su carrera, Hakimi recupera su nivel tras la lesión y el bloque defensivo ofrece solidez. Sin embargo, las dudas persisten. La falta de gol, la dependencia de la inspiración individual y la presión de una afición hambrienta de títulos son variables que pueden pesar en la balanza.
El viernes contra Camerún será el examen de verdad. Si Marruecos supera esa prueba, la confianza volará. Si cae, la catástrofe será mayúscula. Por ahora, la selección marroquí sigue viva en su Copa de África, gracias a la genialidad de un madridista y la asistencia de un parisino. El resto, está por escribirse.