Venezolanos en Madrid celebran detención de Maduro en Sol

Más de 2.500 exiliados se congregan en Puerta del Sol para celebrar la detención de Nicolás Maduro tras 27 años de régimen chavista

La Puerta del Sol se convirtió este 3 de enero en el epicentro de la esperanza para la comunidad venezolana en Madrid. Más de 2.500 personas se dieron cita en la céntrica plaza para celebrar la noticia de la detención de Nicolás Maduro por parte de autoridades estadounidenses, un momento que muchos describen como el fin de una larga pesadilla que dura más de dos décadas.

Entre banderas venezolanas de siete estrellas y algunas estadounidenses, los asistentes corearon consignas de libertad mientras los altavoces difundían música llanera. El ambiente, festivo pero cargado de emoción, reflejaba el alivio de una comunidad que supera los 200.000 residentes en la capital española y que ha visto crecer su exilio de forma exponencial en los últimos años.

«Son 27 años de totalitarismo, por fin vemos la luz al final del túnel», expresaba con vehemencia David Goudet, ingeniero informático de 34 años que reside en Madrid desde hace cinco. Su historia es similar a la de miles: «Me vine cuando hubo un apagón que duró una semana y me quedé sin comida ni trabajo». Goudet, como muchos otros, ve en este momento una oportunidad histórica, aunque advierte de los desafíos pendientes.

La celebración, no obstante, estuvo teñida de una dualidad emocional. Mientras los rostros reflejaban alegría, las palabras revelaban preocupación por los seres queridos que permanecen en Venezuela. «Estamos muy felices, viviéndolo con mucha esperanza; pero no olvidemos que el miedo sigue en Caracas, en toda Venezuela, que allí tenemos todos familia aún», recordaba una manifestante entre lágrimas.

La diáspora venezolana en Madrid constituye la segunda nacionalidad extranjera más numerosa en la ciudad, solo superada por la rumana. Su llegada masiva comenzó con la instauración del régimen chavista en 1998, pero se aceleró dramáticamente durante la presidencia de Maduro, marcada por la crisis económica, la hiperinflación y la escasez de bienes básicos.

Una de las características más destacadas de esta comunidad es su alta cualificación profesional. Médicos, ingenieros, abogados y docentes forman parte de este colectivo que, sin embargo, se ha visto obligado a reconstruir sus vidas en sectores como la hostelería o el reparto a domicilio. Decenas de repartidores en bicicleta, símbolo de esta diáspora laboral, participaron en la marcha frente al consulado venezolano en la calle Eloy Gonzalo, levantando el puño en señal de victoria.

«Por fin, por fin llegó el momento», coreaban mientras los vehículos que circulaban por la zona tocaban el claxon en solidaridad. Los madrileños que transitaban por el barrio de Chamberí no dudaban en estrechar manos y abrazar a los congregados, mostrando un apoyo espontáneo que ha caracterizado la relación entre ambas comunidades.

Ana María Machado, de 42 años, lideró grupos de oposición en Venezuela antes de exiliarse hace dos años. «Llevo aquí dos años. Estoy inmensamente contenta y muy feliz», confesaba con la voz quebrada por la emoción. Para ella, como para muchos, este día representa «la posibilidad de volver a casa», aunque advierte que el camino será largo.

Los expertos en migraciones destacan que el éxodo venezolano hacia España ha sido uno de los más significativos de la última década en Europa. La facilidad lingüística y los lazos históricos entre ambos países han facilitado esta corriente migratoria, que ha enriquecido el tejido social y económico madrileño.

Durante la celebración, los asistentes no solo festejaban la detención de Maduro, acusado de narcotráfico y terrorismo, sino que también reivindicaban un futuro democrático para Venezuela. Las consignas no se limitaban a la persona del expresidente, sino que apuntaban a todo el aparato del régimen chavista que, según los manifestantes, debe rendir cuentas.

David Goudet, reflexivo, apuntaba a los retos inmediatos: «Hay dos cosas que deben pasar aún: que la gente en Venezuela salga a la calle, porque sin el apoyo público esto no avanzará. Y también tenemos que detener a muchísimos chavistas que aún siguen en el poder. Sobre todo hay que tener en cuenta que estamos ante un poder militar que tiene un total control del ejército en mi país».

Esta última advertencia refleja la complejidad de la transición política que se avecina. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana ha sido pilar fundamental del régimen, y su lealtad ha sido cuestionada en múltiples ocasiones por organismos internacionales.

La celebración en Sol se extendió hasta bien entrada la tarde, con bailes tradicionales venezolanos y reparto de arepas entre los asistentes. La policía municipal desplegó un dispositivo de seguridad discreto que no interfirió con el desarrollo pacífico del evento.

Para la comunidad venezolana, este 3 de enero marca un antes y un después. No solo simboliza la caída de un líder, sino el renacer de las esperanzas de millones de personas que han visto fragmentadas sus familias y proyectos de vida. La diáspora venezolana, lejos de olvidar sus raíces, ha mantenido viva la llama de la libertad desde el exilio.

Mientras el sol de la tarde iluminaba la plaza, los ojos de los presentes reflejaban algo más que alegría: reflejaban la promesa de un retorno. «Si todo se aclara», como repiten muchos, Venezuela volverá a ser el hogar que abandonaron. Por ahora, Madrid seguirá siendo su casa temporal, la ciudad que les acogió en los momentos más oscuros y que hoy comparte su victoria.

El reto ahora es convertir este momento de euforia en un proceso de transición democrática real y efectivo. Los venezolanos en Madrid, desde su distancia, prometen seguir siendo la voz de los que permanecen en el país, presionando para que el cambio sea profundo y duradero. La calle Eloy Gonzalo, el consulado, Sol... cada rincón de Madrid donde se congregan se ha convertido en un pedacito de Venezuela que clama por justicia y libertad.

Referencias

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