Trump defiende la necesidad de Groenlandia por seguridad nacional

El presidente estadounidense intensifica su interés por el territorio autónomo danés, generando rechazo unánime en Europa

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reafirmó este lunes su firme interés por Groenlandia al declarar que el territorio es estratégico para la protección nacional de su país. Las declaraciones, realizadas desde su residencia de Mar-a-Lago en Florida, llegan apenas 24 horas después de designar a un enviado especial exclusivamente dedicado a asuntos relacionados con la isla autónoma danesa.

Durante una rueda de prensa en la que presentaba nuevas embarcaciones militares, el mandatario republicano no dudó en justificar su postura: "Necesitamos Groenlandia para la protección nacional". Esta afirmación se suma a una serie de gestos que el magnate ha realizado en los últimos meses, donde ha expresado abiertamente su deseo de que el territorio pase a formar parte de Estados Unidos.

El nombramiento del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como representante especial para Groenlandia ha encendido las alarmas en el Viejo Continente. La decisión, anunciada el domingo, fue recibida con una oleada de críticas tanto en Copenhague como en Nuuk, la capital groenlandesa. Las autoridades de ambas capitales emitieron un comunicado conjunto en el que dejaron claro que el futuro de la isla solo puede decidirlo su población, instando a Washington a respetar la soberanía nacional.

La respuesta europea no se hizo esperar. Suecia, a través de su cancillería, recordó a la administración estadounidense que el respeto a la integridad territorial constituye un pilar básico del orden internacional. Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, publicaron un mensaje conjunto en redes sociales donde subrayaron que la seguridad en el Ártico es prioritaria para la Unión Europea, pero siempre dentro del marco del derecho internacional y los principios de soberanía.

Francia y Alemania se sumaron a las voces de preocupación, mostrando una postura unificada frente a lo que consideran una intromisión inaceptable en asuntos de un estado soberano. La ministra de Exteriores francesa calificó las pretensiones de Trump como "incongruentes con los valores occidentales", mientras que Berlín instó al diálogo constructivo basado en el respeto mutuo.

El conflicto pone de manifiesto la creciente distancia entre Estados Unidos y sus tradicionales aliados europeos. El propio Trump ha cultivado este distanciamiento con declaraciones donde describe a Europa como un continente "en decadencia" y con liderazgos "débiles". Estas opiniones, que antes podían considerarse meros comentarios informales, ahora forman parte oficial de la doctrina exterior estadounidense.

La reciente Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca refleja esta visión crítica, llegando a advertir sobre una posible "aniquilación civilizatoria" en Europa y asignando a Washington la misión de "fomentar la resistencia" a la trayectoria actual del continente. Este documento, que guía la política exterior a largo plazo, marca un antes y un después en las relaciones transatlánticas.

Expertos en relaciones internacionales consultados por este medio señalan que el interés de Trump por Groenlandia no es nuevo, pero la forma en que se está planteando sí lo es. "El territorio tiene una posición geográfica única en el Ártico y recursos naturales considerables, pero la manera en que se está abordando la cuestión genera inestabilidad", explica un analista de la Universidad de Copenhague.

La isla, la más grande del mundo, alberga bases militares estratégicas y se estima que posee importantes reservas de minerales y hidrocarburos. Sin embargo, su población de apenas 56.000 habitantes ha mostrado históricamente una creciente tendencia hacia la independencia de Dinamarca, aunque sin contemplar la anexión a otra potencia.

El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha reiterado en múltiples ocasiones que la autodeterminación es un derecho inalienable de su pueblo. "No estamos en venta", declaró recientemente, en una frase que ha resonado en toda la región nórdica. Su homóloga danesa, Mette Frederiksen, ha mantenido una postura firme pero diplomática, buscando el equilibrio entre defender los intereses de su reino y no cerrar la puerta al diálogo con su aliado atlántico.

La crisis actual recuerda a momentos similares durante el primer mandato de Trump, cuando el expresidente expresó su deseo de comprar Groenlandia, propuesta que fue rechazada de plano por Copenhague. Ahora, con un enfoque más centrado en la seguridad nacional, el mandatario parece buscar una justificación diferente para el mismo objetivo.

El contexto internacional ha cambiado desde entonces. La guerra en Ucrania ha reforzado la importancia estratégica del Ártico, mientras que la competencia con China y Rusia por la influencia en la región ha aumentado. Estados Unidos mantiene una base militar en Thule, en el norte de Groenlandia, crucial para su sistema de alerta temprana de misiles.

No obstante, los analistas advierten que la diplomacia unilateral y los intentos de presión pública pueden ser contraproducentes. "Los groenlandeses son muy sensibles a cualquier intento de menospreciar su autonomía", advierte un experto en estudios nórdicos. "La mejor forma de garantizar la cooperación es a través del respeto y la colaboración institucional, no con imposiciones".

La Unión Europea, por su parte, ha comenzado a explorar mecanismos para fortalecer su presencia en el Ártico, consciente de que la región ganará protagonismo en las próximas décadas. La comisaria de Exteriores ha anunciado una visita a la zona en los próximos meses, en lo que se interpreta como una señal de apoyo a Dinamarca y Groenlandia.

Mientras tanto, en Washington, el nombramiento de Landry como enviado especial ha generado debate incluso dentro del propio partido republicano. Algunos legisladores consideran que la medida es innecesaria y que podría dañar relaciones con aliados clave en la OTAN.

El futuro de esta crisis permanece incierto. Trump ha demostrado que no retrocede ante la presión internacional cuando considera que un asunto es prioritario para su país. Por su parte, Europa ha mostrado una rara unidad en su respuesta, lo que podría marcar un punto de inflexión en cómo los aliados gestionan sus diferencias en el siglo XXI.

La situación de Groenlandia, lejos de ser un capricho geopolítico, se ha convertido en un símbolo de las tensiones entre un Estados Unidos que busca redefinir su papel global y una Europa que defiende el multilateralismo y el orden basado en reglas. El desenlace de este enfrentamiento podría sentar precedentes para futuras disputas territoriales y de influencia en regiones estratégicas.

Referencias

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