3I/ATLAS: ¿Un visitante único o parte de una multitud cósmica?

Los cálculos científicos revelan que el tercer objeto interestelar podría ser uno entre billones en nuestra galaxia

El año 2025 ha dejado un legado astronómico sin precedentes. Mientras cerramos este período, resulta inevitable fijar la mirada en el hallazgo que ha marcado un antes y un después en nuestra comprensión del cosmos: el objeto interestelar 3I/ATLAS. Su llegada representa tan solo el tercer encuentro confirmado con materia procedente del espacio interestelar, una circunstancia que inevitablemente nos lleva a considerar cada uno de estos visitantes como portadores de cualidades excepcionales. Sin embargo, la ciencia nos invita a cuestionar esta percepción de unicidad. ¿Qué sucedería si 3I/ATLAS no fuera un fenómeno raro, sino un representante más de una extensa población cósmica?

El objeto interestelar fue detectado el pasado 1 de julio de 2025, aunando esfuerzos de observatorios de todo el planeta. Desde entonces, los astrónomos han rastreado su trayectoria, confirmando que durante los últimos 8.000 años ha atravesado la región gravitacionalmente dominada por nuestro Sol. El 29 de octubre alcanzó el perihelio de su órbita, situándose a una distancia mínima de 203 millones de kilómetros de nuestra estrella, equivalente a 1,36 veces la separación media Tierra-Sol (unidad astronómica). Este acercamiento, aunque considerable, nos permitió observarlo con detalle sin que entrara en peligro para nuestro planeta.

La naturaleza humana nos empuja a considerar cada evento excepcional como único, pero la perspectiva científica exige precisamente lo contrario: buscar patrones y regularidades. La pregunta que surge es inevitable: si 3I/ATLAS constituye un cometa natural siguiendo una trayectoria aleatoria, ¿cuántos objetos similares deben existir en el universo? Las estimaciones resultan asombrosas y desafían nuestra intuición sobre la rareza de estos fenómenos.

Los objetos interestelares se identifican fundamentalmente por su velocidad, que supera el umbral de escape del sistema solar. Esta característica cinemática los distingue inequívocamente de los cuerpos nativos que orbitan el Sol. El último visitante, 3I/ATLAS, no es una excepción: su velocidad revela un origen exterior a nuestro sistema estelar, confirmando su condición de mensajero interestelar.

Para estimar la población total, los científicos han aplicado un método estadístico directo. Dado que 3I/ATLAS fue descubierto a una distancia aproximada de 5 ua durante un programa de vigilancia que abarcó 5 años, podemos extrapolar cuántos objetos similares cruzan nuestro sistema solar hasta el límite de la Nube de Oort, situada a unos 100.000 ua. El resultado es asombroso: actualmente deberían existir aproximadamente un billón de objetos como 3I/ATLAS transitando por el sistema solar.

La Nube de Oort representa la frontera gravitacional de nuestro Sol, una esfera esferoidal de cometas que marca el límite entre lo que pertenece a nuestro sistema estelar y lo que forma parte del espacio interestelar. Curiosamente, este borde se encuentra aproximadamente a mitad de camino entre el Sol y el sistema estelar más cercano, Alfa Centauri. Por tanto, la estimación de un billón de objetos en nuestro sistema solar implica directamente que cada estrella debe albergar una población similar de cometas interestelares.

Si consideramos que 3I/ATLAS posee un diámetro de un kilómetro, su masa se aproxima a mil millones de toneladas, es decir, 10¹⁵ gramos. Multiplicando esta cifra por el billón de objetos estimado por estrella, obtenemos una masa total equivalente a una sexta parte (17%) de la masa terrestre por cada sistema estelar. Esta cantidad resulta extraordinaria cuando la proyectamos a escala galáctica.

La composición química de estos objetos resulta fundamental para entender su origen. La materia interestelar está compuesta predominantemente por hidrógeno (74% en masa) y helio (24% en masa), remanentes primordiales del Big Bang. Los elementos más pesados, esenciales para formar cuerpos rocosos y cometas como 3I/ATLAS, representan apenas el 2% de la masa total. Esta escasa fracción de elementos "cocinados" en el interior de estrellas es la materia prima de los cometas interestelares.

Para generar una población de cometas como 3I/ATLAS, cada sistema estelar ha debido procesar aproximadamente 10 masas terrestres de materia interestelar, extrayendo y concentrando esa preciosa fracción del 2% de elementos pesados. Este proceso, extendido durante miles de millones de años, ha moldeado la distribución de materia en la galaxia.

Considerando las 100.000 millones de estrellas que componen la Vía Láctea, el procesamiento total de materia interestelar asciende a 3 millones de masas solares dedicadas exclusivamente a la formación de cometas interestelares durante los últimos 10.000 millones de años. Este cálculo nos conduce a la cifra final: existen aproximadamente 10.231.023 objetos similares a 3I/ATLAS solo en nuestra galaxia, y alrededor de 10.341.034 en el volumen observable del universo.

Estas cifras transforman radicalmente nuestra percepción. El tercer visitante interestelar de la historia humana deja de ser una rareza excepcional para convertirse en un representante de una población cósmica inimaginablemente vasta. Cada uno de estos objetos porta consigo la historia química de estrellas lejanas, sirviendo como mensajeros de procesos de formación planetaria ocurridos en sistemas estelares distantes. La próxima vez que observemos un objeto interestelar cruzar nuestro cielo, podremos contemplarlo sabiendo que forma parte de una corriente continua de materia que conecta las estrellas entre sí, tejiendo una galaxia mucho más dinámica y poblada de lo que jamás habíamos imaginado.

Referencias

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