Kings vs Celtics: Neemías Queta lidera un final apasionante

El pívot portugués fue clave en los minutos decisivos con puntos, rebotes y asistencias en un duelo vibrante de la NBA

El duelo entre los Sacramento Kings y los Boston Celtics dejó una de esas noches que el aficionado al baloncesto no olvida fácilmente. En un partido donde la tensión se palpaba en cada posesión, el último cuarto se convirtió en un auténtico monólogo de emociones, con jugadas decisivas, cambios de ritmo y un protagonista europeo que demostró su valía en la mejor liga del mundo.

Neemías Queta, el pívot portugués de los Kings, se erigió como una pieza fundamental en el tramo final del encuentro. Su presencia en la pintura resultó determinante tanto en ataque como en defensa, aportando solidez en un momento crítico. La contribución del luso fue más que notable: anotó puntos decisivos, capturó rebotes en ambos aros y mostró una madurez que sorprendió a propios y extraños.

El cuarto final arrancó con los Celtics intentando agotar el reloj de posesión, una estrategia que buscaba controlar el ritmo y evitar prisas. Sin embargo, el balón acabó en poder de los Kings, lo que abrió la puerta a una serie de acciones que definirían el desenlace. Sam Hauser, con su característico instinto, se hizo con un rebote defensivo que permitió a su equipo respirar, aunque el siguiente intento desde el perímetro de DeMar DeRozan no encontró el aro.

Fue entonces cuando Queta entró en escena. El centro ibérico recibió una asistencia magistral de Payton Pritchard y no perdonó desde la media distancia, sumando dos puntos vitales para la causa de Sacramento. Pero no se quedó ahí. Inmediatamente después, se hizo con otro rebote defensivo, demostrando su dominio bajo los tableros. Aunque Dennis Schroder erró un triple, Queta volvió a estar presente en la línea de tiros libres, anotando ambos intentos con la sangre fría de un veterano.

Los Celtics, lejos de rendirse, seguían peleando cada balón. Consiguieron rebotes ofensivos que les dieron segundas oportunidades, pero la puntería les fallaba. Payton Pritchard, pese a fallar desde el triple, demostró su capacidad para leer el juego y capturar rebotes defensivos. Russell Westbrook, por su parte, intentó cambiar la dinámica con varios intentos desde más allá del arco, pero la fortuna no estuvo de su lado en esta ocasión.

El intercambio de puntos se intensificó. Pritchard anotó una canasta de dos puntos que mantuvo vivas las esperanzas de Boston, mientras DeRozan respondía desde el personal, anotando ambos tiros libres con la solvencia que le caracteriza. Las sustituciones se sucedían: Queta entraba por Luka Garza, Hugo González relevaba a Jaylen Brown, y Keon Ellis hacía lo propio con Maxime Raynaud. Los banquillos movían piezas buscando la tecla correcta.

Los tiempos muertos se convirtieron en un recurso constante. Los Celtics pidieron parada para reorganizarse, pero la falta cometida por Jaylen Brown sobre Keegan Murray entorpecía sus planes. Murray, precisamente, capturaba un rebote defensivo que privaba a Derrick White de una nueva ocasión de anotar. En el otro lado, Maxime Raynaud aprovechaba una asistencia de DeRozan para sumar dos puntos más.

La batalla en la línea de tiros libres se volvió crucial. Jaylen Brown anotó uno de dos, pero su propio rebote ofensivo le dio una segunda vida que no desaprovechó. La falta de Keegan Murray le devolvía a la línea de personal, donde seguía sumando. El escenario se volvió frenético: robos de balón, tapones decisivos y triples que no entraban por milímetros.

Derrick White, con su olfato defensivo, tapó un lanzamiento de DeRozan en un momento crítico, mientras Hugo González fallaba en ataque. Luka Garza capturaba el rebote defensivo, pero el tiempo corría en contra. White, en un rapto de inspiración, anotó un triple que encendía la mecha de la remontada, mientras Jaylen Brown sumaba desde el personal y la pintura.

El desenlace final fue un vaivén de emociones. Los Kings supieron mantener la calma en los momentos de presión, con Queta como referente. Su capacidad para leer el juego, sumada a la experiencia de DeRozan y la energía de los jóvenes talentos, resultó insuficiente para doblegar a unos Celtics que demostraron por qué son uno de los equipos más temidos de la competición.

El partido dejó varias enseñanzas. Primera, la importancia de los rebotes en ataque, que aunque no se convirtieron en puntos esta vez, generan segundas oportunidades que pueden ser decisivas. Segunda, la eficacia desde la línea de tiros libres bajo presión es un factor que separa a los buenos equipos de los grandes. Tercera, la presencia de jugadores europeos como Queta en la NBA demuestra que el talento del viejo continente sigue exportando valor a la mejor liga del planeta.

Para los Kings, este encuentro sirve como termómetro de su progresión. Saber competir de tú a tú con un gigante como Boston habla de su crecimiento, aunque la victoria se escapara. La química entre veteranos como DeRozan y jóvenes promesas es evidente, y el trabajo en la pintura con Queta como referente ofrece garantías para el futuro.

Los Celtics, por su parte, reafirman su condición de candidatos. Su capacidad para sufrir y sobrevivir en escenarios adversos, con jugadores como White y Brown asumiendo responsabilidades, los convierte en un equipo peligroso para cualquier rival. La gestión del tiempo, la defensa en momentos clave y la sangre fría desde el personal son sus señas de identidad.

El baloncesto, en su esencia, se resume en partidos como este. No solo en la estadística final, sino en las pequeñas batallas que se libran en cada esquina de la pista. Cada rebote, cada robo, cada falta cometida en el momento adecuado construye la narrativa de un deporte que vive de la intensidad y la pasión. Y en esta ocasión, tanto Kings como Celtics entregaron un espectáculo digno de recordar.

Referencias

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