Guillem Martí Misut representa una de las figuras más consolidadas del fútbol insular de las últimas décadas. Nacido en Es Mercadal en 1985, su vínculo con el balón comenzó en las calles y en el Municipal de Sant Martí, donde forjó las bases de una carrera que le llevaría a recorrer media geografía futbolística tanto nacional como internacional. Desde sus inicios en el RCD Mallorca y el histórico Sporting Mahonés, hasta su consolidación como profesional en categorías de primer nivel, su trayectoria constituye un ejemplo de longevidad y adaptación en el deporte rey.
La experiencia que marcó un antes y un después en su carrera fue, sin duda, su salto al fútbol austriaco. Enfundado en la elástica del SV Ried, Martí dio el salto a la Bundesliga austriaca, una competición que le sirvió como auténtica lanzadera para desarrollar su potencial en el máximo nivel. Durante su etapa en tierras centroeuropeas, no solo se consolidó como portero de garantías, sino que también cosechó éxitos de prestigio: levantó la Copa de Austria y disputó competiciones europeas como la UEFA Cup, experiencias que enriquecieron su bagaje profesional.
Tras su periplo austriaco, la aventura continuó en el continente asiático. En 2018 aterrizó en las Islas Maldivas para formar parte del New Radiant, entonces flamante campeón de la liga local. Allí participó en la Asian Cup, cerrando así un ciclo internacional que le ha convertido en uno de los futbolistas menorquines con mayor proyección global de su generación.
A sus 40 años, Martí defiende la portería de la UD Mahón en la División de Honor, la máxima categoría del fútbol insular. Una etapa que combina con su vida personal en su tierra natal. En declaraciones exclusivas, el veterano guardameta reconoce que la clave de su longevidad radica en el respeto que ha mantenido con su cuerpo: "La verdad es que me encuentro bien y, por suerte, las lesiones siguen respetándome. Debo agradecer que no he tenido lesiones importantes y sigo animado y motivado".
La gestión física se ha convertido en su principal aliada. Consciente de que el cuerpo ya no responde como a los 20 años, Martí ha adaptado su rutina: "Intento cuidarme y continúo este estilo de vida que suponen los entrenamientos y las competiciones". Esta filosofía preventiva le ha permitido mantenerse activo en una edad en la muchos futbolistas ya han colgado los guantes.
Su vinculación con la UD Mahón responde a criterios tanto deportivos como afectivos. "Es un club que no conocía y siempre me han tratado genial; toda la gente del club y la afición. Tengo el club al lado de mi casa y me permite poder seguir jugando y estar ligado a este deporte", explica. Esta proximidad geográfica y el trato cercano de la entidad mahonesa le han brindado el contexto ideal para prolongar su carrera.
Cuando se le cuestiona sobre las diferencias entre el Guillem Martí profesional y el actual, su respuesta es sincera y desprovista de artificios: "Básicamente, el Guillem profesional era más joven. El actual está más 'viejito', con todo lo que eso conlleva. Se cansa más, recupera peor, es más estático, ya no es lo rápido que era". No obstante, esta pérdida de capacidades físicas la compensa con una madurez táctica y una visión de juego que solo la experiencia otorga: "Supongo que ahora igual entiendo mejor el juego, me enfado menos, soy más hablador en el campo con mis compañeros e intento ayudar más".
La pregunta sobre hasta qué edad imaginaba jugar le sorprende: "Nunca me lo planteé en serio. Si me lo hubieran preguntado hace años, seguramente habría respondido que hasta los 30 y muy pocos". La realidad le ha superado ampliamente, y reconoce que mientras el club siga contando con él, seguirá añadiendo temporadas a su palmarés. "Como de momento el club insiste en que siga jugando, pues siempre voy añadiendo otro año", afirma con la humildad que le caracteriza.
Curiosamente, a pesar de su dilatada trayectoria, Martí no es un obsesivo de las estadísticas. "No llevo la cuenta de partidos ni goles. Por suerte tengo amigos que me recuerdan algunos datos", confiesa. Esta actitud desenfadada hacia los números refleja su enfoque puramente pasional por el deporte, donde el disfrute y la contribución al equipo priman sobre los registros individuales.
Su carrera resume la evolución del fútbol base menorquín en las últimas décadas. Desde los terrenos de césped locales hasta los escenarios internacionales más exigentes, Guillem Martí ha demostrado que con talento, trabajo y una gestión inteligente del físico es posible extender la vida deportiva más allá de lo convencional. Su figura se erige como referente para las nuevas generaciones de futbolistas de la isla, un ejemplo de que la pasión por el fútbol no entiende de edades cuando se combina con profesionalidad y sentido común.
En un panorama donde la prematura retirada se ha normalizado, el guardameta menorquín sigue demostrando que la experiencia, la lectura del juego y la vocación de servicio al equipo pueden seguir siendo valiosos activos. Su historia no solo enriquece el fútbol insular, sino que también inspira a aquellos deportistas que aspiran a prolongar su carrera sin renunciar a la competitividad ni a la calidad de vida.