Cañita Brava: de cómico millonario a sobrevivir con 450€ y cáncer

El mítico humorista de los 90, famoso por su papel en Torrente, enfrenta una dramática situación económica y de salud a sus 80 años

La vida de Cañita Brava es un claro ejemplo de cómo la fama y el éxito económico pueden ser efímeros si no se gestionan adecuadamente. Este gallego que está a punto de cumplir 80 años el próximo 2 de marzo fue uno de los rostros más populares del humor español durante las décadas de los 90 y 2000, pero hoy sobrevive con una pensión de apenas 450 euros mientras combate un cáncer de intestino.

Su nombre se hizo popular gracias a su participación en la mítica saga de Torrente, donde dejó para la historia una frase que muchos españoles aún recitan: «Torrente, me debes 6.000 pesetas de... whisky». Ese papel le abrió las puertas a una carrera meteórica en la que llegó a convertirse en uno de los cómicos mejor pagados de su época, acumulando millones de pesetas y disfrutando de un estatus de celebridad que pocos alcanzan.

El esplendor de una carrera inolvidable

En los años 90, Cañita Brava no solo triunfó como actor, sino también como cantante y monologuista. Su estilo peculiar, que mezclaba humor gamberro con un toque de frikismo antes de que esta palabra se popularizara, le convirtió en un referente para toda una generación. Pasó por los programas de televisión más importantes de la época y su rostro era conocido en prácticamente todos los hogares españoles.

Su participación en varias entregas de la saga Torrente le proporcionó no solo fama, sino también unos ingresos sustanciales. En aquella época, el cine español vivía un momento dorado de las comedias, y Cañita Brava supo aprovechar su oportunidad. Llegó a ganar millones de pesetas, una fortuna que le hubiera permitido vivir cómodamente el resto de sus días si la hubiera administrado correctamente.

La mala gestión que cambió todo

El propio humorista ha reconocido sin tapujos que su mayor error fue no saber gestionar el dinero que ganó. «Lo gasté todo por ahí», confesó en una entrevista reciente con el programa 'Y Ahora Sonsoles' de Antena 3. Esa frase resume una década de excesos en las que su cuenta corriente se vio diezmada por tres grandes vicios: los viajes, las mujeres y el juego.

Muchos artistas de su generación cayeron en el mismo error, pero en el caso de Cañita Brava, la falta de asesoramiento financiero y una vida desordenada terminaron por agotar sus ahorros. El dinero que alguna vez le permitió vivir como un rey desapareció sin dejar rastro, y cuando llegó la crisis, no tenía ningún colchón económico que lo protegiera.

La pandemia, el golpe definitivo

Si bien sus problemas financieros ya eran evidentes, fue la pandemia de 2022 el evento que acabó de hundirle. Como muchos profesionales del sector del entretenimiento, vio cómo sus ingresos desaparecían de la noche a la mañana. Los eventos se cancelaron, las grabaciones se paralizaron y el trabajo escaseó por completo.

Cañita Brava se vio «ahogado por las deudas», sin poder hacer frente a sus gastos básicos. La falta de ahorros y la imposibilidad de generar nuevos ingresos le llevaron a una situación de indigencia de la que aún no ha logrado recuperarse. El artista, que alguna vez llenó teatros y cines, se encontró sin recursos para mantenerse a sí mismo.

Una realidad de supervivencia diaria

Actualmente, Cañita Brava reside en A Coruña, su tierra natal, pero lejos de la comodidad que podría esperarse para alguien de su trayectoria. Comparte un piso con cinco personas más, una situación que le obliga a pagar 427 euros mensuales entre alquiler y servicios básicos como electricidad y agua.

Su única fuente de ingresos es una pensión de 450 euros, una cantidad que apenas le permite cubrir sus gastos más esenciales. «Tengo una pensión muy pequeña, apenas 450 euros, por lo que me cuesta sobrevivir en estos momentos», reconoció en la entrevista. Esta confesión pone de manifiesto la dramática situación que viven muchos artistas una vez que su momento de gloria termina.

A sus casi 80 años, tendría que estar disfrutando de una jubilación tranquila, pero en su lugar debe lidiar con la incertidumbre de cada mes y la necesidad de compartir espacio con extraños para poder pagar las facturas.

La batalla contra el cáncer

Si la precariedad económica fuera poco, Cañita Brava también debe enfrentar un serio problema de salud. El humorista padece cáncer de intestino, una enfermedad que requiere tratamiento constante y que añade una preocupación más a su ya complicada existencia.

Pese a la gravedad de su diagnóstico, el gallego intenta mantener una actitud positiva. «Trato de ser positivo», afirmó durante la entrevista, demostrando una fortaleza que muchos admirarían. Esta actitud ante la adversidad es quizás lo único que le queda de aquellos años en los que su humor hacía reír a millones de personas.

La combinación de una enfermedad grave con una situación económica desesperada dibuja un panorama desolador para quien fuera uno de los cómicos más queridos del país. Sin embargo, su determinación por seguir adelante habla de un espíritu indomable.

Una lección sobre la fragilidad del éxito

La historia de Cañita Brava sirve como advertencia para las nuevas generaciones de artistas. El éxito sin gestión es un castillo de naipes que puede derrumbarse con el primer viento. La falta de planificación a largo plazo, la ausencia de asesoramiento profesional y los excesos de una vida desordenada pueden acabar con cualquier fortuna, por grande que sea.

Su caso también pone de relieve la precariedad del sector artístico en España, donde muchos profesionales no tienen acceso a un sistema de pensiones digno una vez que su carrera declina. La falta de protección social para los artistas es una realidad que este caso pone en evidencia de forma dramática.

Cañita Brava, el hombre que hizo reír a toda España con su frase sobre las 6.000 pesetas de whisky, hoy lucha por sobrevivir con 450 euros al mes. Su historia es un recordatorio de que la fama es pasajera, pero las consecuencias de nuestras decisiones pueden ser permanentes.

A sus 80 años, el humorista gallego sigue adelante con la cabeza alta, tratando de superar su enfermedad y encontrar un lugar en un mundo que parece haberle olvidado. Quizás su mayor lección no esté en sus chistes, sino en su capacidad para seguir sonriendo pese a las circunstancias más adversas.

Referencias