Mar Flores revela la difícil separación de su hijo Carlo y su regreso con problemas

La modelo cuenta cómo su hijo se fue a Italia a los 12 años y regresó con 19 lleno de tatuajes tras sufrir acoso escolar y una complicada rehabilitación

En una reveladora intervención en el programa 'Decomasters', la modelo y empresaria Mar Flores ha abierto su corazón para compartir una de las experiencias más duras de su vida como madre: la separación forzada de su hijo mayor, Carlo Costanzia, y su posterior regreso tras años de lucha y transformación. Las declaraciones de la celebrity han conmovido a la audiencia al mostrar el lado más vulnerable de una figura pública que ha tenido que enfrentar situaciones familiares extremadamente complejas. La historia de madre e hijo sirve como reflejo de las dificultades que muchas familias experimentan cuando los conflictos de custodia y los problemas emocionales de los adolescentes se entrelazan con procesos legales y decisiones que marcan el futuro de un menor. El relato de Flores no solo expone su dolor personal, sino que también pone sobre la mesa temas sociales urgentes como el acoso escolar y las secuelas que este provoca en la salud mental de los jóvenes. La modelo ha querido visibilizar su trayectoria para que otras familias en situaciones similares se sientan acompañadas y comprendan que no están solas en esta batalla. El punto de inflexión llegó cuando Carlo, entonces un niño de doce años, experimentó situaciones de hostigamiento persistente en su centro educativo. Este contexto de violencia psicológica en el ámbito escolar generó una crisis emocional que desembocó en una decisión familiar de gran calado. Según explicó Flores, su hijo le comunicó a su progenitor la situación que estaba viviendo, lo que desencadenó una reacción en cadena que terminaría en los tribunales. La disputa por la custodia se resolvió mediante un proceso judicial en el que el menor, con apenas doce años, tuvo que expresar su voluntad ante una autoridad. En este momento crítico, Carlo manifestó su deseo de trasladarse a Italia para residir con su padre, una decisión que para Mar Flores resultó devastadora pero que tuvo que respetar. La modelo recuerda con especial emotividad cómo el sistema legal le dio la razón a la voluntad del niño, marcando el inicio de un período de distanciamiento que se prolongaría durante años. Durante el tiempo que el joven permaneció en territorio italiano, la relación madre-hijo se vio seriamente afectada por la distancia geográfica y las dificultades de comunicación. Flores ha reconocido que las visitas fueron escasas y que el contacto se fue diluyendo con el paso del tiempo. «Al principio pude verle en alguna ocasión, pero posteriormente las circunstancias lo hicieron casi imposible», confesó la empresaria, evidenciando el sufrimiento que supuso esta separación forzada. La falta de proximidad física y emocional durante la adolescencia de su hijo representó un duelo continuo para la madre, que se vio privada de presenciar el desarrollo de Carlo en uno de los momentos más cruciales de su vida. El desenlace de esta situación llegó de forma inesperada cuando el joven, ya con dieciséis años, realizó una llamada desesperada a su madre. En esa conversación, Carlo le comunicó que no podía continuar viviendo en esa situación, que había tenido una fuerte confrontación con su padre y que se encontraba al límite de sus fuerzas emocionales. Este momento marcó el retorno del adolescente a España, pero lo que Mar Flores encontró a su llegada fue un panorama mucho más complejo de lo que imaginaba. La modelo describe a un chico destrozado emocionalmente, con cicatrices psicológicas evidentes y necesitado de ayuda profesional urgente. Fue entonces cuando comenzó un largo proceso de rehabilitación que se extendió desde los dieciséis hasta los diecinueve años de edad. Durante este período, Carlo estuvo ingresado en centros especializados donde recibió tratamiento para superar los traumas acumulados. La transformación física y emocional fue radical. Cuando partió, Carlo era un niño pequeño e inocente; cuando regresó, lo hizo como un adulto joven cuyo cuerpo estaba cubierto de tatuajes que narraban su historia de dolor y supervivencia. Además de los cambios estéticos, el joven arrastraba una serie de problemas emocionales y conductuales que requirieron de un trabajo terapéutico intensivo. Mar Flores ha enfatizado que el proceso de recuperación fue arduo y que requirió de toda su dedicación como madre para acompañar a su hijo en este camino. La experiencia le ha enseñado la importancia de la escucha activa, la paciencia infinita y la necesidad de desterrar los prejuicios sociales sobre los jóvenes con tatuajes o historias complicadas. La historia de Carlo es un testimonio vivo de cómo el acoso escolar puede desencadenar una cascada de eventos que alteran por completo la trayectoria vital de una persona. Desde la primera manifestación de violencia en el colegio hasta la necesidad de rehabilitación, cada etapa representa un eslabón en una cadena de sufrimiento que pudo haberse evitado con una intervención temprana y efectiva. La modelo ha aprovechado su plataforma pública para lanzar un mensaje de concienciación sobre la gravedad del bullying y las secuelas que deja en la salud mental de los adolescentes. Además, su relato pone de manifiesto las complejidades de los procesos de custodia compartida cuando los hijos alcanzan la edad suficiente para tomar decisiones que pueden contradecir los deseos de uno de los progenitores. La situación judicial que vivió Flores, donde un niño de doce años tuvo que elegir entre sus padres, plantea interrogantes sobre la carga emocional que se deposita sobre los hombros de menores en contextos de separación familiar. La vulnerabilidad mostrada por Mar Flores en 'Decomasters' ha generado una ola de apoyo en redes sociales, donde muchos usuarios han valorado su honestidad al hablar de temas tabú como la rehabilitación de menores, los conflictos de custodia y las dificultades de la maternidad en el siglo XXI. Su testimonio desmitifica la imagen perfecta que a menudo se proyecta desde el mundo de la farándula y humaniza la experiencia de las familias que atraviesan crisis similares. La modelo ha demostrado que detrás de las cámaras y el glamour existe una mujer que ha tenido que luchar por la salud mental de su hijo y por reconstruir una relación materna que estuvo a punto de fracturarse irreversiblemente. Actualmente, la relación entre Mar Flores y Carlo Costanzia parece haber encontrado un nuevo equilibrio, construido sobre cimientos de comprensión mutua y superación compartida. El joven, que hoy ya ha superado la mayoría de edad, ha podido reintegrarse a la vida cotidiana con las herramientas emocionales necesarias para enfrentar sus desafíos. Para su madre, este episodio ha sido una lección profunda sobre la resiliencia, el amor incondicional y la importancia de no juzgar las apariencias. Los tatuajes que cubren el cuerpo de su hijo ya no representan un símbolo de rebeldía, sino las cicatrices visibles de una batalla que ambos han logrado sobrellevar. La historia de esta familia sirve como recordatorio de que la adolescencia puede ser un terreno minado donde el apoyo parental, la detección temprana de problemas y el acceso a recursos terapéuticos son fundamentales para evitar tragedias mayores. La valentía de Mar Flores al compartir su experiencia abre un espacio necesario para el diálogo sobre la salud mental juvenil y las complejidades de la parentalidad en tiempos modernos.

Referencias