Torres responde a González con una frase de Rubalcaba sobre lealtad en el PSOE

El ministro de Política Territorial cuestiona la permanencia del expresidente en el partido tras sus críticas a Sánchez y sugiere que debería reflexionar sobre su posición

La tensión interna en el seno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha vuelto a aflorar tras las últimas declaraciones de Felipe González, expresidente del Gobierno, quien cuestionó abiertamente la gestión de Pedro Sánchez y llegó a afirmar que no votaría por su propio partido en las próximas elecciones generales. Esta situación ha generado una oleada de reacciones entre los dirigentes socialistas, destacando la contundente respuesta del ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, quien ha recuperado una célebre frase de Alfredo Pérez Rubalcaba para defender la unidad del partido.

El conflicto se reavivó el pasado martes durante un desayuno informativo celebrado en el Ateneo de Madrid, donde González no solo planteó la posibilidad de adelantar los comicios si no se aprueban los Presupuestos Generales del Estado, sino que también manifestó su intención de votar en blanco ante la eventualidad de una contienda electoral con los actuales candidatos. Sus palabras, dirigidas directamente contra la dirección actual del PSOE, han sido interpretadas como un nuevo capítulo en la crítica constante que el histórico líder socialista ha mantenido contra Sánchez desde que este llegara a la secretaría general.

La respuesta del ejecutivo no se hizo esperar. Este viernes, Ángel Víctor Torres concedió una entrevista a Radio Canaria donde abordó sin ambages las manifestaciones de González. El ministro canario expresó su malestar al ver a un compañero de filas prestando su voz a medios y partidos que, según su percepción, atacan sistemáticamente a la organización socialista. "Con absoluta sinceridad, puede opinar lo que quiera pero no es cualquiera. Cuando veo a un compañero que es llamado por partidos y medios que atacan a mi organización digo que cómo se puede prestar. Yo jamás lo haría. Y sinceramente creo que nadie lo debiera hacer", manifestó Torres.

El punto álgido de su intervención llegó cuando evocó las palabras del fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, una de las figuras más respetadas dentro del socialismo español. Torres recordó que Rubalcaba solía decir: "Cuando tú ves a tu líder de tu partido fajándose con un rival y quieres que pierda el líder de tu partido, piensa qué haces tú en ese partido". Esta cita, pronunciada en un contexto similar de divisiones internas, sirvió al ministro para cuestionar implícitamente la pertenencia de González al PSOE, sugiriendo que sus críticas constantes ponen en entredicho su lealtad a la formación que gobernó durante catorce años bajo su mandato.

Torres no se detuvo ahí. El ministro también mostró su decepción personal, recordando que generaciones de socialistas salieron a las calles a defender el legado y las siglas del partido cuando González era el presidente. "Nosotros nos fajamos por él y aguantamos momentos difíciles. Yo las siglas las defenderé siempre", aseguró, enfatizando el compromiso que muchos militantes han mantenido con la historia del PSOE, incluso cuando las decisiones de sus líderes generaban controversia.

Las reacciones desde el Gobierno y el partido han sido diversas, reflejando las diferentes sensibilidades que coexisten dentro del socialismo actual. Por su parte, el ministro de Justicia, Félix Bolaños, optó por una respuesta más conciliadora pero firme, reconociendo el papel histórico de González: "Indiscutiblemente todo el PSOE piensa que fue un gran presidente del Gobierno entre 1982 y 1996". Esta declaración busca separar el legado histórico del expresidente de sus actuales posicionamientos críticos, tratando de no erosionar el valor simbólico que representa para la formación.

En una línea similar, pero con un matiz más duro, el portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Patxi López, dejó claro que González "hace mucho tiempo" que dejó de ser una "referencia" para la formación. Esta afirmación, contundente en su simplicidad, refleja la sensación de muchos dirigentes actuales que consideran que las críticas del expresidente están desconectadas de la realidad del partido en el siglo XXI.

La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, por su parte, intentó desdramatizar la situación al presentar las opiniones de González como una más dentro de un partido democrático. "El PSOE es un partido democrático: hay muchas voces y la de Felipe González es una más", declaró, minimizando así el impacto de las palabras del histórico líder y defendiendo la pluralidad interna como un valor positivo.

No obstante, la postura más diplomática vino del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, quien prefirió no entrar en la polémica directa sobre el voto de González. "Sobre la decisión del voto de cada persona no puedo entrar", señaló, para a continuación reivindicar el cariño que el expresidente siente por el partido. García-Page aventuró que "cuando lleguen los procesos electorales y haya que decidir, el cariño de Felipe González por el valor histórico y también actual del Partido Socialista aflorará, independientemente de que comulgue o no comulgue con la dirección actual".

Las declaraciones de González no se limitaron a cuestionar la liderazgo de Sánchez. Durante su intervención en el Ateneo, también lanzó duras críticas contra los socios nacionalistas de la coalición de Gobierno, especialmente contra EH Bildu. "El Gobierno de mi partido y de otros ha pensado que mientras más crezca Vox, más dificultades tendrá el PP", analizó González, mostrando su desacuerdo con la estrategia de la coalición. Además, dejó claro su postura sobre posibles pactos: "Yo no pactaría con Vox, pero ni de broma pactaría con Bildu", una frase que pone de manifiesto su rechazo a la influencia de los partidos nacionalistas en el ejecutivo.

Este nuevo episodio de confrontación pone de relieve las tensiones estructurales que atraviesan el PSOE desde hace años. La figura de Felipe González, histórica pero controvertida dentro de su propia formación, representa una corriente de pensamiento que cuestiona la evolución del partido hacia posiciones más dialogantes con el nacionalismo periférico y la formación de coaliciones de Gobierno con formaciones de izquierda radical.

Por su parte, la dirección de Pedro Sánchez ha optado por una estrategia de contención, permitiendo que sean otros ministros y dirigentes territoriales quienes respondan a las críticas, mientras el presidente se mantiene al margen de esta polémica interna. Esta táctica busca evitar una confrontación directa que podría debilitar aún más la cohesión del partido de cara a los próximos desafíos electorales.

El uso de la frase de Rubalcaba por parte de Torres es significativo, ya que el exministro y exvicepresidente representa una figura de consenso dentro del socialismo, recordado por su inteligencia política y su capacidad de diálogo. Invocar su memoria en este contexto busca legitimar la postura de los defensores de la unidad partidaria y recordar a los críticos que la lealtad es un valor fundamental en cualquier organización política.

La situación plantea interrogantes sobre el futuro del PSOE y la capacidad de Sánchez para mantener unido un partido que cuenta con figuras históricas que, como González, no dudan en cuestionar su liderazgo en público. La gestión de estas voces disidentes será crucial de cara a los próximos comicios y la aprobación de los Presupuestos, que se presentan como un punto de inflexión para la estabilidad del Gobierno.

Mientras tanto, el debate sobre la identidad del PSOE, su relación con los nacionalismos y su estrategia electoral continúa dividiendo a la formación. Las palabras de Torres, lejos de cerrar la controversia, han abierto un nuevo frente de discusión sobre qué lugar ocupan las figuras históricas en un partido que busca renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos políticos.

En definitiva, este enfrentamiento simbólico entre el pasado y el presente del socialismo español refleja las dificultades de conciliar la herencia histórica con las necesidades actuales de una formación que gobierna en minoría y depende de acuerdos con fuerzas políticas que, para algunos, representan una ruptura con los principios tradicionales del partido.

Referencias