El portavoz de Economía de Vox, José María Figaredo, ha vuelto a las andadas con una nueva andanada de declaraciones controvertidas sobre la radiotelevisión pública española. En esta ocasión, el político ha superado sus anteriores retórica incendiaria al asegurar que a Televisión Española no hay que entrar con un lanzallamas, sino con una bomba atómica. Unas palabras que no han pasado desapercibidas y que han levantado una importante polvareda en el ámbito político y mediático.
Las declaraciones del dirigente de Vox tuvieron lugar durante una visita institucional a Cubillos del Sil, donde el político acudió para presenciar el derribo de las históricas chimeneas de la Central Térmica de Compostilla II. Un acto que, en principio, tenía un carácter puramente local y relacionado con la reconversión industrial de la zona, pero que derivó en un nuevo capítulo de la cruzada de Figaredo contra los medios públicos.
Los periodistas allí presentes aprovecharon la ocasión para preguntarle al portavoz si mantenía sus polémicas opiniones sobre la necesidad de intervenir radicalmente en la televisión pública. La pregunta, que hacía referencia a anteriores declaraciones suyas sobre la necesidad de entrar en TVE con un lanzallamas, sirvió de excusa para que Figaredo subiera aún más el tono de su discurso.
"No hay que entrar con un lanzallamas, hay que entrar peor aún, con una bomba atómica", respondió de forma tajante y sin ambages el político de extrema derecha. Una metáfora bélica que deja clara su apuesta por una purga radical y sin contemplaciones en la casa pública de la televisión española.
Las razones que esgrime Figaredo para justificar esta postura tan drástica no dejan lugar a dudas. Según sus propias palabras, TVE "está llena de ladrones que están desviando el dinero público a productoras externas de amigos del Gobierno". Una acusación grave que, sin aportar pruebas concretas, el político ha lanzado a la palestra pública con total contundencia.
El portavoz de Vox no se quedó ahí en sus críticas. En concreto, apuntó al programa de David Broncano, asegurando que se ha producido un incremento sustancial en su presupuesto. "Se está pagando a terceros, siempre amigos del Gobierno", denunció Figaredo, insinuando una red de favoritismos y corrupción en la adjudicación de contratos de producción.
Estas declaraciones se enmarcan en una estrategia comunicativa recurrente por parte de Vox, que ha convertido a los medios de comunicación públicos en uno de sus principales objetivos políticos. La formación de extrema derecha ha mantenido una postura constante de ataque contra lo que considera una manipulación ideológica de la información por parte del Gobierno socialista.
Figaredo aprovechó el momento para lanzar un mensaje directo a sus seguidores y a la ciudadanía en general: "No hay socialismo bueno. Solo trae ruina. No se fíen de la disidencia controlada, no se crean nada de lo que les digan". Un llamamiento a la desconfianza generalizada que forma parte del discurso antiestablecimiento que caracteriza a su formación política.
El contexto de estas declaraciones no es baladí. La visita a la central térmica de Compostilla II, un símbolo de la reconversión energética y la lucha contra el cambio climático, sirvió de telón de fondo para un discurso que mezcla crítica a las políticas medioambientales con ataques a los medios de comunicación.
La metáfora de la "bomba atómica" ha generado rechazo en diferentes sectores políticos, que han calificado de irresponsable e inadecuado el lenguaje utilizado por el dirigente de Vox. El uso de terminología bélica para referirse a una institución pública democrática ha sido objeto de duras críticas por parte de formaciones progresistas.
Desde el punto de vista jurídico, las acusaciones de corrupción vertidas por Figaredo contra los trabajadores de TVE son especialmente graves. Sin embargo, el político no ha presentado hasta el momento ninguna denuncia formal ante la justicia ni ha aportado evidencias documentales que respalden sus afirmaciones sobre el desvío de fondos públicos.
La polémica sobre el presupuesto del programa de Broncano también ha sido objeto de debate. Aunque Figaredo habla de un doblamiento del presupuesto, no ha especificado cifras ni ha detallado qué productoras supuestamente vinculadas al Gobierno se estarían beneficiando de estas adjudicaciones.
La estrategia de Vox parece clara: mantener un discurso constante de confrontación con las instituciones mediáticas públicas, presentándolas como un instrumento de propaganda del Gobierno. Esta postura responde a una narrativa más amplia sobre la supuesta existencia de un "establishment" progresista que controlaría los principales órganos de comunicación.
Las palabras de Figaredo sobre el socialismo y el PSOE reflejan la línea ideológica de su formación, que sitúa al socialismo como el origen de todos los males del país. Esta visión maniquea del panorama político español es uno de los pilares del discurso de Vox desde su irrupción en el panorama político nacional.
La situación de TVE, como medio público de titularidad estatal, siempre ha sido objeto de debate político. Los sucesivos gobiernos han tratado de influir en su gestión y contenidos, lo que ha generado críticas desde diferentes sectores. Sin embargo, la apuesta por una intervención tan radical como la propuesta por Figaredo supone un salto cualitativo en el discurso político.
El uso de metáforas violentas en política no es nuevo, pero la referencia específica a una "bomba atómica" para una institución democrática plantea cuestiones sobre la responsabilidad del lenguaje político. Los expertos en comunicación política advierten de que este tipo de retórica puede contribuir a la polarización social y a la desafección institucional.
La respuesta de TVE a estas declaraciones ha sido, hasta el momento, de silencio institucional. La corporación pública no ha querido entrar en una polémica que, según fuentes internas, consideran parte de una estrategia política destinada a desprestigiar el trabajo de los profesionales de la casa.
El debate sobre la financiación de los medios públicos y la transparencia en las contrataciones es legítimo y necesario en cualquier democracia. Sin embargo, la forma en que se plantea desde Vox, con acusaciones genéricas de corrupción sin pruebas y llamamientos a intervenciones drásticas, aleja la posibilidad de un diálogo constructivo.
La figura de José María Figaredo como portavoz económico de Vox cobra relevancia en este contexto. Sus declaraciones no solo afectan al ámbito mediático, sino que reflejan una concepción particular sobre la gestión de los recursos públicos y la intervención estatal en los medios de comunicación.
El futuro de la radiotelevisión pública española sigue siendo un tema de debate pendiente en el país. Mientras algunos abogan por su desaparición o privatización, otros defienden su papel como servicio público esencial. En este contexto, las declaraciones de Figaredo representan la postura más radical del espectro político.
La polémica generada por estas palabras probablemente se diluirá en la vorágine de la actualidad política, pero deja patente la creciente tensión entre la derecha radical y las instituciones mediáticas públicas. Una tensión que, según los analistas, puede afectar a la calidad del debate democrático en el país.
En definitiva, las declaraciones de José María Figaredo sobre TVE reflejan una estrategia política basada en la confrontación y la deslegitimación de las instituciones públicas. El uso de un lenguaje extremo y las acusaciones de corrupción sin pruebas son la marca de la casa de una formación que ha encontrado en el ataque a los medios uno de sus caballos de batalla electorales.