El Robledo se prepara para nueva crecida del Bullaque con apoyo de la UME

La localidad ciudadrealeña activa protocolos de emergencia ante el desembalse de Torre de Abraham y las persistentes lluvias

La localidad ciudadrealeña de El Robledo vive horas de tensión ante la crecida imminente del río Bullaque, una situación que ha movilizado a todas las administraciones y obligado a activar protocolos de emergencia avanzados. Las persistentes precipitaciones en la zona, combinadas con el desembalse controlado de la presa de Torre de Abraham, han saturado la red de saneamiento y generado importantes inundaciones en varios puntos del municipio, transformando el paisaje urbano en una extensión de aguas estancadas que afectan a la vida diaria de sus habitantes.

Ante esta crisis hidrológica sin precedentes en los últimos años, el delegado del Gobierno de España en Castilla-La Mancha, José Pablo Sabrido, ha confirmado la activación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para prestar apoyo en varias localidades de la provincia de Ciudad Real. Esta decisión, tomada en las primeras horas de la mañana, refleja la gravedad de la situación y la necesidad de contar con medios especializados y personal altamente cualificado para hacer frente a las inundaciones que amenazan infraestructuras críticas y viviendas particulares.

La UME establecerá su base de operaciones principal en Alcoba de los Montes, una ubicación estratégica que permite cubrir todos los municipios ribereños del Bullaque situados aguas abajo. Desde este punto de mando, los militares coordinarán las actuaciones con los servicios de emergencia locales, optimizando los recursos humanos y materiales disponibles y garantizando una respuesta rápida y eficiente en toda la cuenca afectada, que abarca varias localidades de la provincia.

Mientras llegan los efectivos militares, en El Robledo ya trabajan sin descanso brigadas del Infocam y de Protección Civil, que utilizan potentes bombas de achique para extraer el agua de los espacios inundados. Esta labor preventiva, que se prolonga durante jornadas maratonianas, es crucial para minimizar los daños en viviendas, comercios e infraestructuras municipales, permitiendo que algunas zonas puedan recuperar parcialmente la normalidad.

Una de las medidas más significativas y que mayor impacto humano tiene ha sido el desalojo preventivo de la pedanía de Las Islas, donde una veintena de residentes se han visto obligados a abandonar sus hogares y trasladarse a viviendas de familiares en zonas más seguras. Esta decisión, tomada con carácter preventivo antes de que la situación empeorara irreversiblemente, demuestra la prudencia y la prioridad de las autoridades por la seguridad ciudadana ante una crecida que, aunque progresiva, presenta un riesgo evidente para la integridad de las personas.

Los propios habitantes y comerciantes de El Robledo no han permanecido pasivos ante la amenaza. Muchos han construido diques improvisados con sacos de arena y levantado barreras de contención para proteger sus propiedades del avance del agua. Esta respuesta ciudadana, espontánea pero organizada, aunque limitada por los medios disponibles, ha contribuido significativamente a reducir el impacto de las inundaciones en numerosos inmuebles y ha complementado las actuaciones oficiales.

Mónica Sánchez Ormeño, primera teniente de alcalde del municipio, ha explicado en declaraciones a los medios que los trabajos intensificados desde el martes se centran en evitar que el agua continúe ascendiendo en sótanos y plantas bajas. La situación es especialmente crítica en estos espacios, donde el líquido no termina de ceder y mantiene a la población en estado de alerta constante, con el temor a nuevas avenidas que puedan agravar el panorama.

La crisis ha movilizado no solo recursos humanos, sino también maquinaria pesada y equipos especializados. La Empresa Pública de Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha (Geacam) ha desplazado maquinaria y personal técnico, mientras que albañiles locales trabajan en la construcción de defensas provisionales y en la reparación de infraestructuras dañadas. Esta colaboración público-privada es esencial para una respuesta efectiva y demuestra la capacidad de adaptación de la comunidad.

Desde el inicio del episodio de lluvias, los municipios ribereños del Bullaque y del Guadiana han recibido dos avisos del sistema Es Alert del Gobierno regional, que advierte sobre el aumento del caudal derivado del desembalse del pantano. Este sistema de alerta temprana, puesto en marcha hace varios años, permite a las poblaciones prepararse con antelación, aunque en este caso la magnitud de la avenida ha superado las capacidades de drenaje locales y las previsiones más pesimistas.

Los datos técnicos confirman la gravedad de la situación y justifican las medidas drásticas adoptadas. Según la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), el Bullaque registraba este miércoles un caudal de 150 metros cúbicos por segundo con un nivel de 2,53 metros en el tramo aguas abajo de Torre de Abraham. Estas cifras, aunque elevadas, no representan el pico máximo registrado en la cuenca, lo que sugiere que la situación podría agravarse en las próximas horas si continúan las precipitaciones.

En la localidad de Luciana, situada en el tramo medio del río, las cifras son aún más alarmantes y revelan la magnitud real del problema. El Bullaque alcanza los 292,93 metros cúbicos por segundo con una altura de 3,05 metros, superando ampliamente los 242,28 m³/s y 2,78 metros registrados el pasado 6 de febrero. Este incremento exponencial justifica plenamente las medidas de emergencia adoptadas y alerta sobre la necesidad de vigilancia constante.

Samuel Moraleda, presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, ha detallado que la presa de Torre de Abraham está liberando unos 166 metros cúbicos por segundo. Este desembalse, planificado meticulosamente según la capacidad de los cauces aguas abajo y la seguridad estructural de la infraestructura, es inevitable ante el volumen de agua acumulado en la cabecera de la cuenca, pero genera un impacto directo y previsible en las poblaciones ribereñas que deben convivir con esta realidad.

La situación en El Robledo refleja un problema estructural de infraestructuras que trasciende este episodio concreto. La red de saneamiento, diseñada para caudales inferiores a los actuales, no da abasto ante avenidas de esta magnitud. Esta circunstancia pone de manifiesto la necesidad urgente de inversiones a largo plazo en sistemas de drenaje más resilientes al cambio climático, que está aumentando la frecuencia e intensidad de estos eventos extremos en toda la península ibérica.

Mientras tanto, la población permanece en estado de prealerta continua, con los servicios de emergencia coordinados desde el Centro de Coordinación Operativa (CECOP) de la Junta de Comunidades. La experiencia adquirida en episodios anteriores, como las inundaciones de 2018 y 2020, ha permitido una respuesta más rápida y organizada, aunque la incertidumbre sobre la evolución meteorológica mantiene la tensión y la expectación en todos los hogares afectados.

El balance provisional de daños materiales incluye instalaciones municipales anegadas, viviendas con agua en plantas bajas y sótanos, problemas de acceso en algunas vías de comunicación y daños en equipamientos públicos. Afortunadamente, no se han registrado víctimas personales, gracias a la efectividad de las medidas preventivas y la rápida evacuación de zonas de riesgo, demostrando que la planificación salva vidas.

La coordinación interadministrativa es clave en esta crisis y funciona como un modelo de gestión de emergencias. La colaboración entre Gobierno central, autonómico, provincial y local, junto con la participación de empresas públicas y la iniciativa ciudadana, demuestra que la gestión integral es la única vía efectiva ante desastres naturales de esta envergadura, donde cada actor tiene un papel definido y complementario.

A medida que avanza el día, todos los ojos están puestos en la evolución del caudal del Bullaque y en la efectividad de las medidas desplegadas. La llegada de la UME se espera con optimismo cauteloso, como un refuerzo que permitirá hacer frente a las próximas horas con mayores garantías y que aliviará la presión sobre los servicios locales, ya exhaustos tras días de intensa actividad.

La lección que deja este episodio es clara y contundente: la adaptación al cambio climático no es opcional, sino una necesidad imperiosa. Las poblaciones ribereñas necesitan infraestructuras más robustas, sistemas de alerta temprana más precisos y planes de emergencia que contemplen escenarios cada vez más frecuentes de eventos extremos. Mientras tanto, la solidaridad, la capacidad de respuesta y la resiliencia de la sociedad castellano-manchega siguen siendo los mejores activos en tiempos de crisis.

Referencias