La casa de Paloma San Basilio en Navarra: un caserío del XVII lleno de color

Descubre el encantador caserío del siglo XVII en el Valle de Baztán que la artista transformó en su refugio personal, fusionando tradición navarra con toques americanos

Las casas suelen ser un espejo fiel del alma de quienes las habitan, reflejando sus viajes, pasiones y anhelos más profundos. Esta máxima cobra especial sentido cuando adentramos en la residencia navarra de Paloma San Basilio, una artista cuya trayectoria de más de cinco décadas en la música ha estado marcada por una constante búsqueda de autenticidad y belleza. A punto de despedirse de los escenarios musicales con su último concierto en Miami el próximo 12 de abril, la cantante mantendrá viva su conexión con el público a través de su obra teatral 'Dulcinea'. Mientras tanto, su vida transcurre entre dos continentes, dividiendo su tiempo entre España y Estados Unidos, donde residen su hija Ivanna y sus nietos.

En territorio español, Paloma San Basilio no se conforma con una única residencia. Además de su apartamento en Madrid, ciudad que la vio nacer, la intérprete de 'Juntos' posee un tesoro arquitectónico en el norte del país. Se trata de un caserío del siglo XVII ubicado en el corazón del Valle de Baztán, concretamente en la localidad de Azpilkueta. Esta propiedad, adquirida hace más de veinticinco años, representa mucho más que una simple casa de campo: es un santuario personal donde la historia, la naturaleza y la creatividad convergen en perfecta armonía.

La historia de cómo esta emblemática voz del pop español encontró su paraíso navarro es tan fascinante como el lugar mismo. Fue el periodista Santi Arriazu, amigo cercano de la artista, quien le abrió las puertas al Valle de Baztán. Desde aquel primer viaje, Paloma quedó prendada de la magia de esta comarca, famosa por sus paisajes verdes, su neblina matutina y su rica herencia cultural. "Desde entonces anduve siempre olisqueando a ver si encontraba algo", confesó la cantante en una entrevista para la televisión navarra, reconociendo su obsesión por encontrar el lugar perfecto donde asentar sus sueños.

La búsqueda terminó cuando descubrió una construcción tradicional navarra en estado de abandono. "No paré hasta que conseguí un caserío muy antiguo, pero bastante destruido; lo compré, también los prados aledaños y lo reconstruí", relató en declaraciones a 'Noticias de Gipuzkoa'. La adquisición incluía no solo la edificación principal, sino también los terrenos circundantes, permitiéndole crear un refugio integral alejado del bullicio urbano. Desde el año 2000, esta propiedad se ha convertido en su escape favorito, un espacio donde desconectar y recargar energías.

El exterior del caserío mantiene la esencia de la arquitectura tradicional navarra, con muros de piedra robustos que han resistido el paso de los siglos. Las contraventanas, pintadas en un vibrante tono azul, aportan un toque de personalidad y color que rompe con la sobriedad del entorno, anunciando que esta no es una casa cualquiera. Este azul enérgico se repite en diferentes elementos, creando una identidad visual única que contrasta bellamente con el verde intenso de los prados y el gris de las montañas que rodean la propiedad.

Al cruzar el umbral, el interior sorprende con una explosión cromática que desafía las expectativas. Las paredes lucen tonalidades llamativas y audaces, mientras que las vigas de madera y la carpintería original se mantienen como testimonio silencioso de la antigüedad del lugar. Esta dualidad entre lo histórico y lo contemporáneo, entre lo rústico y lo sofisticado, define el carácter de la vivienda. La artista ha logrado preservar el alma del siglo XVII mientras le imprime su sello personal inconfundible.

La decoración interior guarda una historia especial que trasciende las fronteras geográficas. "Los muebles son los de mi casa de Cuernavaca… es un homenaje al mestizaje, a América", explicó Paloma San Basilio en una entrevista para la revista 'Semana'. Esta declaración revela la profundidad simbólica del proyecto: cada pieza de mobiliario traída desde México representa un puente entre dos mundos, una fusión cultural que refleja la propia biografía de la artista. El mestizaje no es solo un concepto decorativo, sino una filosofía de vida que celebra la riqueza de la diversidad.

Esta fusión de identidades se manifiesta en cada rincón. Un sillón colonial puede convivir con textiles navarros tradicionales. Una mesa de madera tallada a mano en América descansa sobre suelos que han pisado generaciones de pastores vascos. El resultado es un espacio único, donde cada objeto cuenta una historia y cada detalle invita al diálogo entre culturas. La casa se convierte así en un microcosmos de la globalización vivida desde la intimidad y el respeto por las raíces.

La conexión de Paloma con este rincón de Navarra trasciende lo físico. La artista comparte asiduamente en sus redes sociales instantáneas del paisaje, capturando la niebla matutina, los atardeceres dorados o la simple belleza de sus prados. Esta felicidad por el entorno natural se traduce en una activa presencia digital que permite a sus seguidores vislumbrar la tranquilidad que allí disfruta. No es una simple casa de vacaciones, sino un verdadero hogar donde la naturaleza se convierte en compañera de cada día.

El vínculo emocional con el Valle de Baztán llegó incluso a inspirar su faceta como escritora. En su novela 'Uxoa, el secreto del valle', Paloma San Basilio ambienta la trama en esta misma comarca, demostrando que el lugar no es solo un escenario, sino un personaje más en su creatividad. Las calles, los paisajes y la atmósfera de Baztán se entrelazan con la ficción, creando una obra que rinde tributo a la tierra que la ha acogido.

La filosofía de vida que desprende esta elección residencial es profunda. "Su ganado, sus prados, su buena calidad de vida… Realmente dices: 'Esta es una forma de vida que tiene muchísimo sentido en un mundo'", reflexionó la cantante durante una entrevista en Navarra Televisión. En estas palabras se encapsula una crítica sutil al ritmo frenético de la modernidad y una defensa de un modelo de existencia más pausado, conectado con la tierra y las tradiciones.

La propiedad de Paloma San Basilio en Navarra representa mucho más que un activo inmobiliario. Es el materialización de una búsqueda espiritual, un espacio donde la artista puede ser ella misma lejos de los focos. Aquí, la famosa intérprete de 'Corazón Encadenado' se convierte en una vecina más del valle, alguien que valora el silencio, el paisaje y la autenticidad de un lugar que ha sabido preservar su esencia a través de los siglos.

En definitiva, este caserío del siglo XVII en el Valle de Baztán es un testimonio vivo de cómo el hogar puede convertirse en la obra maestra más personal de una artista. A través de la restauración respetuosa, la decoración simbólica y la entrega emocional, Paloma San Basilio ha creado un refugio que habla tanto de su pasado como de sus sueños para el futuro. Una fusión perfecta entre la tradición navarra y el espíritu americano, entre la historia y la contemporaneidad, entre la casa y el hogar.

Referencias