En un nuevo capítulo de su cruzada contra la dirección actual del PSOE, Felipe González ha vuelto a la carga con declaraciones que ponen de manifiesto su profundo desencanto con la gestión de Pedro Sánchez. Durante su intervención en el ciclo de desayunos del Ateneo de Madrid, el histórico líder socialista no se mordió la lengua al analizar la situación política actual y los resultados electorales recientes de su partido.
Las palabras de González llegan en un momento de evidente debilidad para el PSOE, que ha obtenido resultados muy negativos en las recientes elecciones autonómicas de Aragón y Extremadura. Ante esta situación, el expresidente ha mostrado su preocupación por la ausencia total de autocrítica en las filas socialistas, donde nadie parece dispuesto a cuestionar abiertamente la estrategia seguida por la cúpula directiva.
La falta de contrapesos internos es, según González, uno de los principales problemas que aquejan al partido. En este sentido, ha recordado la polémica intervención del ministro Óscar Puente, quien en una conversación privada calificó a Sánchez como "el puto amo". Esta expresión, que se hizo pública, ha servido al expresidente para reflexionar sobre la naturaleza del liderazgo actual: "Para que haya un amo tiene que haber gente con una actitud de siervo; esa no es la costumbre del PSOE".
La comparación que establece González resulta especialmente contundente cuando pone como ejemplo al expresidente estadounidense Donald Trump, a quien define como "el puto amo arbitrario, necio, cruel". Esta analogía no deja lugar a dudas sobre la gravedad que el fundador del PSOE moderno atribuye a la concentración de poder en las manos de Sánchez.
Las declaraciones no han pasado desapercibidas en el seno del partido. El portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, Patxi López, ha respondido con ironía a las críticas de González. "Hace ya mucho tiempo que me da pena que Felipe González haya dejado de ser una referencia para el PSOE y lo sea para la derecha", manifestó el exlehendakari, quien además ironizó con que "Dios" -en referencia a cómo Txiki Benegas llamaba al expresidente- "ataque al puto amo".
Más allá de la polémica interna, González ha extendido sus críticas al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, a quien acusa de carecer de un proyecto político propio más allá de derribar a Sánchez. "No me interesa", sentenció tajantemente el expresidente sobre la estrategia del principal partido de la oposición.
El debate sobre el auge de la ultraderecha en España ha ocupado también un lugar central en sus reflexiones. González argumenta que la mejor forma de combatir el voto de rabia no es mediante estrategias de confrontación, sino asegurando que el país funcione correctamente. "Que funcionen los servicios, que funcionen las inversiones en mantenimiento, que funcione la política de vivienda, no sería mal antídoto", ha remarcado.
El expresidente ha sido tajante al afirmar que España no funciona, situación que atribuye al "bibloquismo excluyente" que, en su opinión, está lastrando el desarrollo del país. Esta situación, advierte, también está pasando factura al PSOE, que insiste en culpar a la herencia recibida de todos los males actuales.
Al respecto, González ha lanzado una advertencia contundente a la gestión socialista: "Cuando uno lleva dos años en el Gobierno empieza a ser heredero de sí mismo". Esta frase resume su percepción de que el tiempo de excusas ha terminado y que la responsabilidad de la situación actual recae exclusivamente sobre quienes ahora gobiernan.
La insistencia del expresidente en que el PSOE debe tener vocación de mayoría si pretende alcanzar el poder refleja su desacuerdo con la estrategia de coalición actual. Aunque no lo ha dicho abiertamente, sus palabras insinúan que, ante los malos resultados electorales, lo lógico sería permitir que gobernara el partido más votado, en este caso el PP.
El fondo del mensaje de González es claro: el PSOE necesita una profunda reflexión interna, recuperar su espíritu crítico y abandonar la sumisión al liderazgo único si quiere volver a ser una fuerza política relevante en España. Sus palabras, lejos de ser un simple desahogo, constituyen un serio aviso sobre los riesgos de la concentración de poder y la falta de debate interno en un partido que se ha definido históricamente por su pluralidad.
La tensión entre el histórico líder y la actual dirección del partido refleja una fractura más profunda en el seno del socialismo español. Mientras González representa una visión más crítica y autocrítica, la cúpula actual parece apostar por mantener el rumbo actual sin cuestionamientos. El resultado de este enfrentamiento de ideas marcará el futuro no solo del PSOE, sino de la propia estabilidad política del país.