El chat del CNI revela los comentarios sobre la llegada de Delcy Rodríguez

Mensajes internos de agentes españoles muestran la tensión política tras el incidente diplomático con Venezuela en enero de 2020

La llegada de Delcy Rodríguez a la capital española en la fría madrugada del 20 de enero de 2020 desató una crisis diplomática que trascendió las fronteras. Días después, el grupo de inteligencia encargado de la vigilancia del avión que transportaba a la entonces vicepresidenta venezolana intercambiaba mensajes que reflejaban la complejidad del incidente. El chat interno, bautizado con el nombre de Bailepanto, se convirtió en un testimonio directo de las reacciones dentro del Centro Nacional de Inteligencia español. Uno de los agentes compartió una publicación que circulaba en redes sociales, crítica con la actuación del Gobierno español. La respuesta de una funcionaria no se hizo esperar: «Vaya tela con el ministro», en clara referencia a José Luis Ábalos, quien entonces ocupaba la cartera de Transportes. La ironía y la preocupación quedaron plasmadas en ese breve mensaje. La conversación, a la que tuvo acceso la prensa, revela el clima de incertidumbre que se respiraba en los servicios de inteligencia. Un miembro del equipo preguntó si en la sala VIP donde fue recibida Rodríguez había personal que pudiera haberla alertado. La respuesta fue contundente: «Había uno del avispero». En el lenguaje cifrado de los servicios secretos, este término alude directamente a la representación diplomática, en este caso venezolana, presente en el aeropuerto. La presencia de un funcionario de la embajada esperando a Rodríguez añadió una capa de intriga al ya complejo episodio. Los intercambios se produjeron el 28 de enero, exactamente ocho días después de que la aeronave aterrizara en Barajas. La dimensión política del asunto no pasó desapercibida para los agentes. «No quiero decir nada pero el PP está pidiendo las grabaciones de la terminal y la comparecencia de los que estuvieron allí», comentó otro miembro del CNI, evidenciando que el escándalo iba a tener repercusiones parlamentarias. La oposición no tardó en exigir explicaciones y pruebas documentales del encuentro. El papel de José Luis Ábalos resulta central para entender la cadena de eventos. El ministro, antes de su salida del Gobierno y su posterior caída en desgracia política por la operación Delorme, ofreció múltiples versiones contradictorias sobre aquella noche. Las siete narrativas diferentes que fue construyendo quedaron desmentidas con el paso del tiempo. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, le había designado precisamente para gestionar la crisis generada por la presencia de Rodríguez, quien tenía prohibida la entrada en el espacio Schengen. La elección de Ábalos no fue arbitraria. Días antes, él mismo había recibido un mensaje de texto informándole de la visita imminente. Además, en el avión privado viajaba un ministro venezolano con quien mantenía una amistad personal. La conexión se hacía más evidente al considerar que su ministerio supervisaba directamente Aena y la gestión aeroportuaria. La noche de los hechos, Sánchez telefoneó a su ministro, quien ya estaba en su domicilio con ropa de descanso. La orden fue clara: dirigirse urgentemente al aeropuerto. Su entonces asesor Koldo García se encargó del traslado. En esas horas críticas, Ábalos también mantuvo conversaciones con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, según confirmaron fuentes cercanas. La información sobre la llegada había llegado a Interior, lo que multiplicaba los niveles de conocimiento oficial sobre el incidente. El empresario intermediario que facilitó el contacto entre el expresidente y la delegación venezolana continuó transmitiendo mensajes incluso después de que el escándalo estallara públicamente. Las implicaciones del Delcygate trascendieron la mera recepción en una sala VIP. Las conversaciones del chat del CNI demuestran que los servicios de inteligencia estaban al tanto de la sensibilidad del asunto desde el primer momento. Los agentes identificaron rápidamente los riesgos políticos y la posible respuesta de la oposición. La referencia al «avispero» confirma la coordinación con la representación diplomática venezolana, algo que posteriormente generó controversia sobre el respeto a las sanciones internacionales. La investigación periodística ha puesto de manifiesto cómo una operación de vigilancia rutinaria se convirtió en evidencia de una crisis de Estado. Los mensajes, lejos de ser simples comentarios informales, reflejan la tensión entre el deber institucional y las presiones políticas. La agente que mencionó al ministro con ironía capturó el sentimiento de muchos funcionarios ante una situación que consideraban comprometedora. El tiempo ha demostrado que sus preocupaciones estaban justificadas. La caída de Ábalos, las investigaciones judiciales y el daño diplomático con la Unión Europea son consecuencias directas de aquella madrugada en Barajas. El chat del CNI no solo documenta un momento histórico, sino que también revela la complejidad de gestionar incidentes que mezclan política exterior, seguridad nacional y lealtades partidarias. Los servicios de inteligencia, habitualmente en la sombra, vieron cómo sus comunicaciones internas se convertían en pieza clave para entender un escándalo que sacudió la política española. La distancia entre la «tela» que comentaba la agente y la realidad política resultó ser mucho menor de lo que entonces podían imaginar.

Referencias