El Real Madrid de baloncesto aterriza por primera vez en el Coca-Cola Arena de Dubai, inaugurando una nueva era para el baloncesto europeo. Este encuentro no es solo un partido más de la Euroliga, sino el testimonio vivo de un proyecto que ha desafiado todos los pronósticos iniciales. El Dubai Basketball, donde milita el exmerengue Džanan Musa, ha irrumpido en la máxima competición continental con la ambición de consolidarse y soñar con la Final Four, el evento que reúne a las élites del baloncesto mundial.
Dejan Kamenjasevic, CEO del club emiratí, no duda en calificar la experiencia como "una historia de película". Bosnio de nacimiento pero español de adopción, Kamenjasevic vivió durante 25 años en Girona, donde desarrolló gran parte de su carrera profesional. Su paso por el baloncesto ibérico incluye una etapa como traductor del legendario Svetislav Pešić en el FC Barcelona, una experiencia que le proporcionó una visión privilegiada de la élite del deporte y los mecanismos que mueven a los grandes clubes.
En 2014, su trayectoria dio un giro radical cuando aceptó un reto aparentemente imposible en Dubai. "Llegué con dos niños pequeños y 48 grados de temperatura", recuerda en una entrevista con SER Deportivos. Aquellos inicios fueron todo menos sencillos, pero la persistencia y disciplina han sido sus mejores aliadas. Una década después, aquella apuesta personal se ha convertido en uno de los proyectos más ambiciosos del baloncesto mundial, demostrando que las grandes historias nacen de los sueños más osados.
El crecimiento del Dubai Basketball ha sido vertiginoso. Mientras otros clubes necesitan años, incluso décadas, para consolidarse, este equipo ha escalado posiciones en apenas 18 meses. "Con mucho trabajo, algo de suerte y el apoyo de gente que confió en nosotros, el año pasado competimos a gran nivel en la ABA Liga y este año lo hacemos tanto en esa competición como en la Euroliga", explica Kamenjasevic. Un salto sin precedentes que la franquicia celebra con orgullo y que demuestra una planificación excepcional.
La ABA Liga, competición que agrupa a los mejores clubes de los Balcanes, sirvió como trampolín perfecto para el Dubai Basketball. Allí, el equipo pudo medirse contra rivales de prestigio y consolidar su juego colectivo. Los resultados obtenidos en esa liga les abrieron las puertas de la Euroliga, validando su rápida progresión y demostrando que estaban preparados para el salto de calidad que exige la competición continental.
Sin embargo, el camino no ha estado exento de críticas y recelos. Muchos aficionados al baloncesto europeo mostraron recelo ante la incorporación de un equipo de Oriente Medio a la élite continental. Las redes sociales y los foros especializados se llenaron de comentarios cuestionando la legitimidad de su presencia. El CEO tiene una respuesta contundente para estos detractores: "En Europa no somos suficientemente conocedores del mundo y a veces olvidamos la historia". Su argumentación se basa en hechos irrefutables que desmontan los prejuicios.
"Los últimos 25 años de Euroliga han contado con varios equipos de Oriente Medio", argumenta con seguridad. No solo se refiere al Maccabi de Tel Aviv, histórico participante, sino también a los dos conjuntos turcos que, geográficamente, pertenecen a esa región. "Es un bulo decir que Dubai no debería competir si no es de Europa. Los equipos turcos e israelíes tampoco lo son", sentencia, dejando claro que la geografía política no siempre coincide con la geografía deportiva.
La defensa histórica va más allá de los ejemplos contemporáneos. Kamenjasevic recupera la memoria de las competiciones FIBA del siglo XX, donde participaron selecciones de Siria, Egipto y Líbano. "La misma entidad que ahora podría poner trabas a Dubai permitió hace décadas la presencia de equipos árabes", subraya con conocimiento de causa. Para el directivo, estas referencias demuestran que el baloncesto siempre ha sido un deporte global, sin fronteras artificiales, y que la tradición europea siempre ha sido permeable a otras culturas.
El ejecutivo emiratí insiste en que los hechos son la mejor respuesta a los estereotipos. Aquellos que dudaban del proyecto han podido comprobar que no se trata de una simple inversión sin alma, sino de una organización con fundamentos sólidos y respeto por la tradición del deporte. La presencia del Real Madrid en Dubai simboliza precisamente esa legitimidad conquistada con esfuerzo, sudor y resultados, no con cheques en blanco.
El discurso de Kamenjasevic combina pasión y datos con una retórica convincente. Reconoce que "poca gente confiaba inicialmente", pero enfatiza que su trayectoria es "única" en el panorama del baloncesto mundial. Enfrentarse a gigantes como el Real Madrid no es un privilegio concedido, sino un derecho ganado en las canchas. La euforia de la afición local y el respeto creciente de la comunidad baloncestística europea avalan su tesis y demuestran que el proyecto ha calado hondo.
El proyecto Dubai Basketball representa más que un simple club deportivo. Es un puente entre culturas, una demostración de que el talento y el trabajo duro trascienden fronteras y prejuicios. Mientras el Real Madrid disputa su primer partido en tierras emiratíes, el mensaje es claro: el baloncesto pertenece a quien lo respeta y lo cultiva con pasión, independientemente de su ubicación geográfica o su pasado histórico.
Con los ojos puestos en la Final Four, el ambicioso objetivo de la franquicia, Kamenjasevic sabe que cada victoria es un argumento más contra los prejuicios. La historia que comenzó con dos niños y un termómetro que marcaba 48 grados ha llegado a la élite del baloncesto europeo. Y no parece tener intención de detenerse, porque como él mismo afirma, "todo esto se puede destruir con hechos", y los hechos están hablando por sí solos en cada jornada de la Euroliga.