Falsa amenaza wifi provoca emergencia en El Prat con vuelo de Turkish Airlines

Un pasajero creó una red con nombre alusivo a bomba, activando el protocolo máximo de seguridad e intervención de autoridades españolas y francesas

Un incidente de seguridad sin precedentes en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat obligó a activar este jueves el nivel más alto de alerta aeroportuaria. Un vuelo comercial de Turkish Airlines, procedente de Estambul, tuvo que ejecutar un aterrizaje de emergencia después de que la tripulación detectara una falsa amenaza de bomba originada desde un dispositivo electrónico a bordo.

El suceso, que generó momentos de tensión entre las autoridades y pasajeros, se originó cuando un viajero decidió crear un punto de acceso wifi personal durante el trayecto. Lo que podría haber sido una acción inocua se convirtió en una crisis de seguridad cuando configuró el nombre de la red con un mensaje que simulaba una amenaza explosiva, desatando la respuesta inmediata de los protocolos internacionales de aviación.

Según la información oficial proporcionada por la aerolínea turca, el vuelo despegó a primera hora de la mañana desde Estambul con destino a Barcelona. Aproximadamente una hora antes del aterrizaje programado, el sistema de comunicaciones de la aeronave detectó la existencia de esta red wifi sospechosa. El comandante, siguiendo estrictamente los procedimientos establecidos, tomó la decisión de declarar una situación de emergencia y comunicar el incidente a los centros de control.

La gravedad de la situación quedó patente cuando el Ministerio de Defensa español autorizó el despliegue de un caza francés que escoltó al avión comercial durante las fases finales de su trayecto. Esta medida, reservada para casos de máxima alerta, demuestra el nivel de seriedad con el que se trató la amenaza, aunque resultara ser falsa. La aeronave militar acompañó al Airbus de Turkish Airlines hasta que este aterrizó sin incidentes en la pista del Prat alrededor de las 11:00 horas.

En tierra, la respuesta coordinada de múltiples cuerpos de seguridad fue inmediata y eficiente. La Guardia Civil, como autoridad competente en materia de seguridad aeroportuaria, puso en marcha los procedimientos ordinarios para este tipo de incidentes. El avión fue desviado hacia una zona de seguridad especial, alejada de las terminales principales, donde fue sometido a una inspección exhaustiva por parte de equipos especializados.

Los pasajeros y tripulantes fueron desalojados de la aeronave de forma ordenada y trasladados a instalaciones seguras mientras se realizaba el protocolo de verificación. Paralelamente, se activó la sala de crisis dirigida por Aena, con la participación de todos los cuerpos de emergencia: Guardia Civil, Policía Nacional, Mossos d'Esquadra, bomberos y Policía Local de El Prat. Además, Protección Civil de la Generalitat activó el Plan Aerocat para el seguimiento y coordinación de la situación.

Tras más de dos horas de intensas inspecciones y verificaciones, a las 13:50 se confirmó oficialmente que se trataba de una falsa alarma. La amenaza no tenía fundamento real y la seguridad de la aeronave y sus ocupantes nunca estuvo comprometida más allá de la alerta generada. Con esta confirmación, se procedió a desactivar la alarma general y se restableció la normalidad operativa en las instalaciones del aeropuerto.

Las consecuencias legales para el responsable de esta broma de mal gusto son severas. Turkish Airlines ha anunciado públicamente que emprenderá acciones legales contra el pasajero, cuya identidad no ha sido revelada. El jefe de comunicaciones de la compañía, Yahya Üstün, utilizó sus redes sociales para transmitir el firme compromiso de la aerolínea con la seguridad y para advertir sobre las consecuencias de este tipo de acciones.

Por su parte, la Guardia Civil ha abierto una investigación de oficio para esclarecer todos los detalles del incidente y determinar las responsabilidades penales correspondientes. En España, las amenazas de bomba están tipificadas como delito en el Código Penal, con penas que pueden incluir multas económicas y cárcel, independientemente de que la amenaza sea real o falsa.

Este episodio pone de manifiesto la hipervigilancia en la seguridad aérea actual. En un contexto donde cualquier señal de peligro debe ser tomada con extremada seriedad, las autoridades no tienen margen para la duda. La rapidez y eficiencia de la respuesta, tanto aérea como terrestre, demuestra la preparación de los sistemas de emergencia, pero también revela cómo una acción irresponsable puede paralizar infraestructuras críticas y generar costes operativos millonarios.

El incidente sirve como recordatorio de que la seguridad en la aviación comercial es un ecosistema complejo donde cualquier anomalía, por mínima que parezca, desencadena una cadena de reacciones protocolarias. Los pasajeros deben ser conscientes de que sus acciones, incluso en el ámbito digital, tienen consecuencias reales y potencialmente graves cuando se encuentran a bordo de una aeronave.

Finalmente, el Aeropuerto de Barcelona-El Prat continuó operando con normalidad durante todo el episodio, minimizando el impacto en el resto de vuelos. La coordinación entre autoridades españolas y francesas, así como la efectividad de los protocolos de seguridad, permitió resolver la situación sin daños personales ni materiales, aunque las repercusiones legales para el autor de la falsa amenaza apenas comienzan.

Referencias