El irónico monólogo de Alsina sobre Trump y la soberanía de Groenlandia

El periodista usa una leyenda inuit para criticar la respuesta europea y la posible misión española de vigilancia

Carlos Alsina, conductor del programa radiofónico "Más de uno", ha vuelto a demostrar su maestría en el arte del monólogo político. Este viernes, el periodista inauguró su espacio con una intervención que combinó narrativa, ironía y análisis de la actualidad internacional, todo ello sin alzar el tono de voz pero con un mensaje contundente. La particularidad de esta ocasión radicó en su elección de una leyenda inuit para tejer una crítica mordaz sobre la reacción europea y española ante las recientes declaraciones de Donald Trump respecto a Groenlandia.

El relato comenzó con la historia del tupilak, una criatura mitológica de la cultura inuit que sirvió como metáfora perfecta para el contexto geopolítico actual. Alsina narró cómo, según la tradición, un chamán podía crear esta entidad para que ejecutara venganzas o justicias, pero con un riesgo inherente: si el objetivo era más poderoso, la criatura podía volverse contra su creador. Esta analogía resultó inmediatamente aplicable a las dinámicas de poder internacional, donde las acciones impulsivas pueden generar consecuencias imprevistas.

Desde esa base narrativa, el periodista desvió la atención hacia Washington y las conocidas posturas del expresidente estadounidense, quien ha tratado territorios y naciones como activos negociables, sugiriendo que cuando la compra no es posible, la coerción entra en escena. La metáfora del tupilak cobró sentido completo: invocar fuerzas geopolíticas sin considerar sus repercusiones puede resultar en que esas mismas fuerzas terminen desestabilizando al que las desató.

La respuesta institucional europea no escapó al escrutinio de Alsina. Con ironía constante, describió un escenario donde la solemnidad de los comunicados oficiales contrasta con la falta de acción concreta. La Unión Europea ha expresado apoyo retórico a Dinamarca y mensajes de tranquilidad a Groenlandia, pero sin una postura firme que respalde esas palabras. El comunicador pintó una coreografía diplomática donde un día se habla de defensa militar común y al siguiente se matizan esas mismas declaraciones, revelando una vacilación que preocupa.

En este contexto, la posición del Gobierno español ocupó un lugar central en el análisis. Alsina se centró particularmente en la posibilidad de que España envíe personal a Groenlandia en una misión de vigilancia. Lo notable, según el periodista, no es tanto la misión en sí, sino el lenguaje cuidadosamente ambiguo con el que se presenta. No se habla de tropas, sino de "personas uniformadas"; no de una operación militar, sino de reconocimiento. Esta semántica evasiva refleja, en opinión del conductor, la dificultad de articular una política exterior clara cuando la situación exige precisión.

El momento más destacado del monólogo llegó cuando Alsina abordó el papel del Congreso en estas decisiones. Con su característico sarcasmo, ironizó sobre la tendencia a evitar el debate parlamentario en asuntos de esta magnitud, deslizando la frase que resume toda la intervención: "Tampoco vamos a molestar al Congreso con estas cosas, que bastante tienen". Esta expresión encapsula la crítica a una práctica cada vez más común: la toma de decisiones de política exterior sin la rendición de cuentas democrática que debería acompañarla.

La intervención también hizo referencia al encuentro programado entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en La Moncloa. Alsina puso el foco en el tono condescendiente que algunos miembros del Ejecutivo han adoptado hacia el líder de la oposición, presentándolo como alguien ajeno a las cuestiones de seguridad y defensa. La promesa de "adiestrarlo" en estas materias, según el periodista, revela una actitud paternalista que no contribuye al diálogo político constructivo.

El cierre del monólogo dejó una paradoja en el ambiente que invita a la reflexión. Alsina señaló la evidente contradicción entre la firme defensa que hace el Gobierno español de la soberanía danesa frente a las pretensiones de Trump, y la proximidad que mantiene con formaciones políticas que, en el ámbito nacional, cuestionan la propia soberanía española. Esta tensión entre el discurso internacional y las alianzas domésticas constituye, según el comunicador, un ejercicio de equilibrio difícil de sostener.

El estilo de Alsina, que combina la erudición con la accesibilidad, permite abordar temas complejos sin caer en la demagogia. Su capacidad para usar narrativas aparentemente ajenas a la política —como la mitología inuit— para iluminar problemas contemporáneos demuestra una sofisticación periodística que distingue su trabajo. En este caso, la leyenda del tupilak no fue mera ornamentación literaria, sino una herramienta analítica que expuso las fragilidades de la respuesta europea.

La situación de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca estratégicamente ubicado, ha desatado especulaciones sobre el futuro de la seguridad en el Ártico. Las declaraciones de Trump, aunque puedan parecer aisladas, reflejan una visión del mundo donde el derecho internacional se subordina a los intereses nacionales. La reacción europea, tal como la describió Alsina, parece estar construida sobre la esperanza de que se trate de retórica sin consecuencias, pero la historia sugiere que subestimar estas señales puede ser costoso.

En el caso específico de España, la posibilidad de participar en una misión de vigilancia en Groenlandia plantea interrogantes sobre las prioridades de la política de defensa. ¿Cuál es el objetivo estratégico? ¿Bajo qué mandato internacional? ¿Qué tipo de presencia se contempla? El lenguaje ambiguo que denunció Alsina parece diseñado precisamente para evitar estas preguntas, presentando una intervención que no se quiere reconocer como tal.

La ironía sobre el Congreso apunta a una preocupación más profunda sobre el estado de la democracia parlamentaria. En sistemas donde el control legislativo sobre la acción ejecutiva se debilita, las decisiones de política exterior pueden convertirse en herramientas de comunicación política interna más que en estrategias de largo plazo. La frase de Alsina, por tanto, no es solo una pulla, sino una advertencia sobre la salud de las instituciones.

Respecto al encuentro entre Sánchez y Feijóo, el análisis de Alsina sugiere que la política española sigue atrapada en dinámicas de confrontación que dificultan el consenso en asuntos de Estado. Presentar al líder de la oposición como necesitado de "adiestramiento" no solo es despectivo, sino que ignora que la seguridad nacional requiere de acuerdos amplios que trascienden las diferencias partidistas.

La paradoja final sobre la soberanía constituye el núcleo más incisivo del monólogo. Resulta complejo para un gobierno defender con vehemencia la integridad territorial de otro país mientras mantiene acuerdos con fuerzas que cuestionan la propia integridad nacional. Esta tensión, según Alsina, no es sostenible a largo plazo sin generar contradicciones que erosionan la credibilidad.

El monólogo de este viernes confirma que Alsina domina el género del comentario político radiofónico. Su capacidad para entretejer referencias culturales, análisis geopolítico y crítica institucional en un relato coherente y entretenido es excepcional. Sin necesidad de arengas o proclamas, el periodista construye argumentos que invitan a la audiencia a pensar más allá de los titulares.

En un momento donde la política internacional parece cada vez más impredecible, intervenciones como la de Alsina cumplen una función esencial: desmontar la retórica oficial y exponer las inconsistencias que subyacen bajo la superficie de la diplomacia. La leyenda del tupilak, lejos de ser un mero recurso exótico, funcionó como un espejo en el que Europa y España podían verse reflejadas, cuestionando si no estarán creando fuerzas que tarde o temprano podrían volverse contra sus intereses.

Referencias