Una multitud de creyentes colmó este sábado un estadio de conciertos y eventos deportivos en Estambul para presenciar la primera misa internacional del papa León XIV. Cerca de 4.000 personas, entre residentes locales y fieles llegados de diversos países, vivieron un momento histórico mientras el pontífice compartía su mensaje de fraternidad y comprensión entre civilizaciones.
La expectación era comparable a la de un gran concierto. Entre aplausos entusiastas y vivas al Papa, la comunidad católica de Turquía —una minoría diminuta en un país de más de 86 millones de habitantes— recibió al máximo representante de su fe. La emoción era palpable especialmente entre quienes viajaron horas para estar presentes, como los grupos que llegaron desde Mersin y otras ciudades costeras del Mediterráneo turco.
El contexto numérico resulta sorprendente: apenas 30.000 católicos viven en todo el territorio turco. Sin embargo, precisamente esta pequeñez ha sido el núcleo del mensaje del pontífice durante su estancia. León XIV ha reiterado en cada intervención que la fortaleza de la comunidad reside en su capacidad de testimonio y apertura, no en su tamaño.
La celebración litúrgica estuvo marcada por una profunda diversidad cultural y lingüística. Acompañado por una cruz monumental iluminada que se alzaba majestuosa, el Papa presidió la ceremonia junto a sacerdotes de diferentes tradiciones cristianas presentes en la región. La liturgia fluyó en varios idiomas —inglés, italiano, latín, árabe y armenio— reflejando la riqueza del cristianismo en tierras anatolias.
Entre los asistentes se encontraban no solo turcos de origen católico, sino también migrantes de múltiples nacionalidades: italianos establecidos en el país, cameruneses, mozambiqueños y croatas, entre otros. La Santa Sede quiso poner de relieve esta pluralidad invitando a familias mixtas turco-italianas a participar activamente en las ofrendas. Los cánticos en diferentes lenguas se entrelazaron con los ritos, mientras sacerdotes recorrían todos los sectores del recinto para administrar la comunión, simbolizando la unidad en la diversidad.
Durante su homilía, León XIV subrayó la necesidad de construir vínculos más allá de las fronteras religiosas. "El vínculo al que nos remite la Palabra de Dios es el que nos une también con las comunidades no cristianas", afirmó. El pontífice advirtió sobre el uso manipulado de la religión para justificar conflictos, un fenómeno que considera demasiado frecuente en el mundo actual. Su llamado a tender puentes ha sido el leitmotiv de toda su visita, simbolizado físicamente por el puente del Bósforo, que conecta Europa y Asia, pero que para el Papa representa también el encuentro entre lo divino y lo humano.
La jornada del tercer día de su periplo turco comenzó con un gesto de gran significado ecuménico: la visita a la recientemente restaurada Mezquita Azul de Estambul. Acompañado por autoridades del Ministerio de Asuntos Religiosos, el pontífice recorrió los emblemáticos espacios del templo islámico, descalzándose como muestra de respeto a la tradición musulmana. Guiado por el muecín Askin Musa Tunca, contempló la arquitectura y arte del lugar, aunque declinó la invitación a rezar en el interior, respetando las diferencias teológicas.
Este acto de diálogo interreligioso activo ha definido el carácter de la visita papal. La elección de Turquía como primer destino internacional de León XIV no es casual: el país representa el cruce de civilizaciones, donde el cristianismo y el islam han coexistido durante siglos, a veces en tensión, a veces en armonía. El pontífice ha querido lanzar desde este escenario un mensaje de esperanza a todo el mundo: que las diferencias no son obstáculos sino oportunidades para enriquecerse mutuamente.
La misa en el estadio, convertido por unas horas en catedral al aire libre, quedará en la memoria de los asistentes como un momento de intensa espiritualidad y comunión. Para la pequeña comunidad católica turca, fue una validación de su identidad y misión. Para los migrantes, un recordatorio de que la fe trasciende fronteras. Y para el mundo, una demostración de que el liderazgo religioso puede y debe ser un factor de pacificación.
León XIV ha demostrado en esta visita que su pontificado estará marcado por la búsqueda constante de encuentro. Su capacidad para simbolizar la unidad en la diversidad, para hablar a corazones de diferentes culturas y credos, configura un nuevo estilo de liderazgo eclesial. La imagen del pontífice ante la cruz iluminada, rodeado de fieles de todos los continentes, resume su visión: un cristianismo en salida, dialogante y constructor de puentes en un mundo fragmentado.
La repercusión de esta visita trascenderá las fronteras turcas. En una época donde los extremismos y los nacionalismos amenazan con levantar muros, el Papa León XIV ha elegido el camino inverso: el de la proximidad, el respeto y el reconocimiento del otro. Su mensaje desde Estambul resonará en los próximos meses como una invitación a todas las comunidades religiosas a asumir su responsabilidad social de ser artífices de paz.