La formación en materia económica y financiera se ha erigido como uno de los pilares más sólidos para construir una sociedad más equitativa y próspera. Según un reciente estudio elaborado por la Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia de Comillas, la educación financiera no solo mejora el bienestar individual, sino que actúa como un catalizador para el empleo, la inclusión social y la reducción de las brechas económicas.
El informe, titulado "Salud financiera: un enfoque de valor compartido para el sector financiero", pone de manifiesto que una población mejor formada en gestión de recursos económicos es capaz de tomar decisiones más acertadas, evitar trampas de endeudamiento excesivo y planificar su futuro con mayor seguridad. Esta capacidad no solo beneficia a las personas y familias, sino que fortalece todo el tejido económico.
El papel transformador de la educación financiera
La investigación destaca que cuando los consumidores adquieren conocimientos financieros, se convierten en agentes activos y conscientes dentro del sistema. Están mejor informados y pueden seleccionar productos y servicios que se ajusten genuinamente a su perfil de riesgo y necesidades reales. Este proceso genera un círculo virtuoso: personas más empoderadas, instituciones financieras más estables y un sistema en general más resiliente.
El concepto de salud financiera va más allá de tener dinero en el banco. Se trata de un estado de bienestar económico que permite afrontar imprevistos, aprovechar oportunidades y construir un futuro sostenible. El informe subraya que esta salud financiera no es solo un resultado positivo, sino que debe considerarse como un objetivo estratégico en sí mismo dentro de las políticas de inclusión financiera.
Barreras que frenan el progreso
A pesar de los avances en acceso a servicios bancarios y financieros en las últimas décadas, persisten obstáculos significativos que impiden que amplios sectores de la población alcancen una verdadera salud financiera. Los expertos identifican colectivos especialmente vulnerables:
- Población de zonas rurales o regiones mal comunicadas, donde la infraestructura física y digital es insuficiente
- Personas migrantes o en situación de sin hogar, que enfrentan dificultades para acceder a productos bancarios básicos
- Personas mayores con carencias en competencias digitales, excluidas de la bancarización moderna
- Jóvenes sin formación económica previa, propensos a decisiones impulsivas
- Familias con bajos ingresos, que operan mayormente en economía informal
Estos grupos representan una parte significativa de la población que, aun teniendo capacidad de generar ingresos, permanece al margen del sistema financiero formal o lo utiliza de manera ineficiente.
Estrategias para una inclusión efectiva
El estudio propone un enfoque metódico para abordar estas brechas. La primera recomendación es identificar segmentos vulnerables pero con potencial económico. No se trata solo de ayudar a quienes están en situación de extrema pobreza, sino de aquellos que tienen una fuente de ingresos estable que podría canalizarse a través del sistema financiero formal si se les ofrecieran las herramientas adecuadas.
Una vez identificados estos colectivos, es crucial analizar sus necesidades específicas. Las soluciones no pueden ser genéricas; cada grupo requiere un enfoque adaptado a su realidad cultural, social y económica. Por ejemplo, una persona mayor necesitará atención presencial y productos simples, mientras que un joven migrante podría beneficiarse más de soluciones móviles con asistencia multilingüe.
La tercera pata de la estrategia es desarrollar modelos ágiles y de bajo coste. La tecnología digital juega aquí un papel protagonista, permitiendo crear productos escalables que no requieren infraestructura física masiva. Sin embargo, esto debe combinarse con asistencia personalizada para evitar nuevas exclusiones digitales.
Finalmente, los expertos abogan por establecer alianzas estratégicas entre entidades financieras, administraciones públicas, organizaciones sociales y empresas del sector privado. Solo a través de la colaboración se pueden crear canales de acceso verdaderamente efectivos y sostenibles.
Los cinco pilares de los productos financieros inclusivos
El diseño de productos adaptados a estos colectivos es fundamental. Pero, ¿qué hace que un producto financiero sea realmente inclusivo? El informe establece cinco características esenciales:
1. Accesibilidad: Debe garantizar que cualquier persona, independientemente de su ubicación geográfica, nivel de ingresos o condición social, pueda acceder a servicios financieros adecuados y seguros. Esto implica tanto presencia física como digital, y horarios flexibles.
2. Asequibilidad: Los costes deben ser razonables y transparentes. No puede ser que los productos básicos supongan una carga desproporcionada para quienes menos tienen. Las comisiones deben estar claras y ser competitivas.
3. Flexibilidad: Los productos deben adaptarse a las necesidades cambiantes de los usuarios. No todos tienen ingresos regulares ni necesidades estandarizadas. Las soluciones deben permitir personalización y ajustes según las circunstancias personales.
4. Seguridad: Es fundamental proteger a los usuarios, tanto del robo físico como de las amenazas digitales. Los productos deben incluir medidas de ciberseguridad robustas y garantías claras para custodiar el dinero y la información personal.
5. Simplicidad: Los procedimientos deben ser comprensibles y sencillos. La burocracia excesiva y el lenguaje técnico son barreras de entrada masivas. Los contratos deben ser claros, concisos y accesibles lingüísticamente.
El acompañamiento como elemento diferenciador
Un aspecto que el informe enfatiza especialmente es la necesidad de acompañamiento y seguimiento continuo. No basta con lanzar un producto al mercado; es esencial identificar dificultades en su uso, ofrecer soporte oportuno y adaptar las soluciones a las necesidades evolutivas de los usuarios.
Este acompañamiento requiere que toda la información esté accesible y en formatos diversos. Las entidades financieras han comenzado a tomar conciencia de esta necesidad, desarrollando iniciativas de educación financiera dirigidas a clientes, empleados y sociedad en general.
Un ejemplo destacado es MAPFRE, que ha creado en su página web un espacio dedicado a la educación financiera y cultura aseguradora. Este recurso incluye artículos, vídeos y pódcast sobre productos financieros, inversión, seguros y economía, haciendo accesible el conocimiento a diferentes perfiles de usuario.
Hacia un ecosistema financiero inclusivo
La conclusión del estudio es clara: un sistema financiero que prioriza la educación y el diseño de productos inclusivos no solo es más justo, sino también más sólido y sostenible. La inclusión financiera efectiva reduce las desigualdades, genera empleo, apoya comunidades más resilientes y promueve el crecimiento económico equilibrado.
Para las instituciones financieras, esto representa una oportunidad de negocio alineada con el impacto social positivo. Para la sociedad, es una vía hacia la cohesión y el progreso compartido. Y para los individuos, es la herramienta que les permite transformar su capacidad de generar ingresos en verdadero bienestar y seguridad económica.
El camino requiere compromiso, innovación y colaboración. Pero los beneficios—tanto a nivel micro como macroeconómico—justifican plenamente el esfuerzo. La educación financiera ya no es un lujo opcional; es una necesidad imperativa para construir el tejido social del siglo XXI.