Expulsión de Aitor Paredes: Valverde critica su protesta al árbitro

El defensa del Athletic Club vio tarjeta roja directa por sus palabras tras una falta en el centro del campo. El entrenador vasco fue tajante en rueda de prensa

El partido que enfrentaba al Athletic Club en León el pasado 13 de enero de 2026 dejó una imagen que rápidamente se convirtió en protagonista de las crónicas deportivas. El central Aitor Paredes abandonó el terreno de juego antes de lo previsto tras recibir una tarjeta roja directa que, paradójicamente, no respondía a la dureza de una entrada, sino a las consecuencias de un desahogo verbal. La acción, aparentemente intrascendente en la zona medular del campo, derivó en una lección sobre control emocional y disciplina que el propio Ernesto Valverde no dudó en poner de manifiesto ante los medios.

El incidente se produjo en una jugada sin mayor trascendencia ofensiva. Paredes cometió una falta sobre el delantero local Justo, una infracción que el colegiado Alejandro Hernández Hernández no dudó en señalar tras la indicación de uno de sus asistentes. Hasta ese momento, todo transcurría dentro de la normalidad de un encuentro competido. Sin embargo, el problema surgió cuando el futbolista vizcaíno se dirigía hacia su posición. Unas palabras pronunciadas en caliente, acompañadas de un gesto con la mano, fueron interpretadas por el árbitro como una protesta grave.

La reacción fulminante del colegiado no se hizo esperar. Hernández Hernández mostró la tarjeta roja sin pasar por la amarilla, una decisión que sorprendió incluso a los compañeros del propio Paredes. Dani Vivián, que presenció la escena de cerca, intentó mediar para evitar la sanción, pero el árbitro mantuvo su postura con firmeza. El defensor, por su parte, abandonó el campo con gesto resignado, apenas articulando un «no ha sido falta» que sonaba más a despedida que a disculpa.

En la sala de prensa, la postura de Valverde fue contundente y reflejó la filosofía del club respecto a la responsabilidad individual. «Ha sido un error. A veces estamos en el campo y no pensamos lo que decimos. Ha cometido un error y él lo sabe. Hemos pasado, pero a veces estas cosas te cuestan la eliminatoria», manifestó el técnico. Sus palabras no solo criticaban la acción, sino que subrayaban un problema recurrente en el fútbol moderno: la dificultad de gestionar las emociones en momentos de presión.

El contexto de la expulsión resulta especialmente relevante para el Athletic Club, un equipo que basa su identidad en la intensidad y el compromiso, pero también en el respeto a las instituciones. Perder a un titular por motivos disciplinarios no solo afecta al plano deportivo, sino que proyecta una imagen que el cuerpo técnico intenta evitar. Valverde, con experiencia en múltiples banquillos, sabe que estas situaciones pueden desestabilizar un vestuario y condicionar objetivos a largo plazo.

El análisis de la jugada permite extraer varias enseñanzas. Primero, la importancia del lenguaje corporal y verbal en el terreno de juego. Los árbitros, sometidos a una presión constante, no tienen margen para interpretaciones ambiguas. Un gesto o una frase mal dirigida puede traducirse en una sanción inmediata. Segundo, la autocrítica del propio jugador es fundamental. Paredes, conocedor de su responsabilidad, no protagonizó escenas lamentables, asumiendo su error con profesionalidad.

Desde el punto de vista reglamentario, la protesta grave a los árbitros está castigada con tarjeta roja directa según el Código Penal del fútbol. No es necesario que exista contacto físico o una falta violenta para que el colegiado tome medidas drásticas. La normativa actual protege la autoridad arbitral, y los jugadores deben adaptarse a un marco donde la emotividad debe canalizarse de forma constructiva.

La repercusión mediática del caso ha generado debate en foros y redes sociales. Algunos sectores consideran que la sanción fue excesiva, mientras otros defienden la firmeza del colegiado como garante del orden. La realidad es que el fútbol profesional exige una madurez emocional que va más allá de la técnica individual. Los clubes invierten en preparadores físicos, analistas tácticos y nutricionistas, pero la gestión psicológica sigue siendo un terreno pendiente de explotación.

Para el Athletic Club, la baja de Paredes complica el calendario inmediato. La competición no da tregua y cada partido es una oportunidad para consolidar posiciones. El cuerpo técnico deberá reconfigurar la defensa, posiblemente dando entrada a canteranos o recurriendo a soluciones alternativas. La profundidad de plantilla se verá testada, y la respuesta del equipo será un indicador de su madurez colectiva.

La lección que deja este incidente trasciende el resultado deportivo. Valverde, con su contundencia habitual, ha puesto el foco en una problemática que afecta a jugadores de todos los niveles. La capacidad de pensar antes de actuar, de medir las consecuencias de cada palabra, define la diferencia entre un deportista completo y uno que solo domina la técnica. En un entorno donde las cámaras capturan cada gesto y los micrófonos registran cada sonido, la autocontrol se ha convertido en una habilidad tan importante como el regate o el cabezazo.

El fútbol moderno exige profesionalidad en todos los órdenes. La expulsión de Aitor Paredes sirve como recordatorio de que la pasión debe canalizarse mediante la inteligencia emocional. Los equipos que aspiran a lo más alto necesitan futbolistas que dominen tanto el balón como sus reacciones. La temporada es larga y cada detalle cuenta. El Athletic Club tendrá que demostrar que sabe sobreponerse a estos contratiempos, fortaleciendo su espíritu colectivo y aprendiendo de los errores individuales. La verdadera grandeza de un club se mide no solo por los triunfos, sino por la capacidad de crecer ante la adversidad.

Referencias

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