El Manchester City certificó su pase a la final de la Copa de la Liga tras imponerse por 0-2 al Newcastle United en un encuentro que combinó intensidad física, estrategia defensiva y momentos de calidad individual. Pep Guardiola demostró una vez más su capacidad para leer los partidos y ajustar el rumbo cuando su equipo más lo necesitaba, mientras que el Newcastle, pese a plantar cara durante buena parte del duelo, vio cómo se le escapaba la oportunidad de pelear por un título en su estadio.
El primer acto estuvo marcado por un planteamiento ultra-físico de Eddie Howe, quien ordenó a sus jugadores presionar en campo contrario y cortar el juego de construcción ciudadano. La estrategia funcionó a la perfección durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Nick Pope apenas tuvo trabajo en su portería, mientras que en el frente ofensivo, los delanteros locales encontraban cerrados todos los espacios por la bien ordenada defensa de los citizens.
Erling Haaland, la gran amenaza del City, permanecía invisible entre los centrales del Newcastle. Botman y Hall le cerraban el paso con una marcación individual que le impedía recibir balones cómodos. Por su parte, Jeremy Doku intentaba desbordar por la banda, pero se topaba con un Sven Botman en estado de gracia, capaz de anticipar cada movimiento del extremo belga. El partido se convirtió en un intercambio de golpes tácticos sin que ninguno de los dos equipos lograra traducir su dominio ocasional en ocasiones claras.
La segunda mitad comenzó con el mismo guion. El Newcastle salió con la intención de mantener su intensidad y, de hecho, disfrutó de sus mejores momentos. En el minuto 58, Bruno Guimarães ejecutó un disparo desde la frontal que se estrelló contra el travesaño de la portería defendida por Ederson. El palo rechazó el esfuerzo del brasileño y el estadio entero sintió que el gol estaba cerca. Dos minutos después, fue Alexander Isak quien, en un remate de cabeza tras un córner, volvió a tocar la madera. El Newcastle estaba vivo y el City, tocado.
Fue entonces cuando Guardiola decidió mover ficha. La entrada de Matheus Nunes por Kovacic aportó frescura en el centro del campo, mientras que el cambio de Ake por Ait Nouri le dio más profundidad a la banda izquierda. El Newcastle, sin embargo, seguía generando peligro. En el 65', un contragolpe liderado por Anthony Gordon acabó con un disparo cruzado que Ederson desvió con la punta de los dedos.
El partido parecía encaminarse hacia la prórroga cuando llegó el momento decisivo. En el 78', Bernardo Silva recuperó un balón en el centro del campo y lanzó un pase en profundidad para Doku. El belga, con su característica velocidad, se plantó solo ante Pope, pero en lugar de disparar, optó por el pase raso al segundo palo. Allí apareció Phil Foden, que empujó el balón a la red y desató la locura en el banquillo visitante. El VAR, sin embargo, intervino y tras revisar la jugada durante tres minutos, anuló el tanto por un fuera de juego milimétrico de Haaland en la acción previa. La frustración se apoderó del City, pero también sirvió como catalizador.
Con el Newcastle crecido tras la repesca, Guardiola ordenó un asedio final. En el 85', un centro de Rico Lewis desde la derecha encontró a Haaland, que cabeceó con potencia. Pope voló y desvió el balón al córner con una mano prodigiosa. El portero inglés estaba firmando un partido memorable, pero el esfuerzo defensivo de su equipo empezaba a dejar huecos.
El gol del City llegó finalmente en el 89'. Rodri recuperó en el centro del campo y sirvió a Doku, que esta vez no perdonó. El belga recortó a su marcador y, desde el borde del área, colocó un disparo raso y cruzado que se coló por la escuadra derecha de Pope. Era el 0-1 y el Newcastle se veía obligado a arriesgar.
El descuento fue una locura. Howe sacó a Callum Wilson y puso a Miguel Almirón en busca del empate, pero dejó espacios atrás. En el 94', en una contra letal, Haaland recibió un balón en el centro del campo, se encaró a Botman y, con una definición de clase, batió a Pope por bajo. El 0-2 sentenciaba el encuentro y certificaba la clasificación del City para la final.
El árbitro pitó el final y el City celebró una victoria que sabe a gloria. Guardiola, en rueda de prensa, elogió la capacidad de su equipo para sufrír cuando tocaba sufrir y atacar cuando surgió la oportunidad. El técnico catalán destacó especialmente la actuación de Doku, a quien calificó como "un cañón" capaz de desequilibrar cualquier defensa.
Por su parte, Eddie Howe mostró su orgullo por el esfuerzo de sus jugadores, pero reconoció que frente al City, los pequeños detalles deciden. La lesión de Dan Burn en el descuento, tras un choque con Haaland, fue la guinda a una noche frustrante para los magpies.
El Manchester City espera rival en la final, que podría ser el Liverpool o el Chelsea, según el resultado de la otra semifinal. Lo que está claro es que Guardiola tiene en sus manos otro trofeo más, y con un equipo que, pese a las ausencias, sigue demostrando por qué es el mejor de Inglaterra.
El partido dejó varias lecciones. Primera, que el Newcastle ha crecido tanto que puede plantar cara a los gigantes sin complejos. Segunda, que el City tiene una capacidad de reacción que lo hace letal en los momentos decisivos. Y tercera, que en el fútbol moderno, la diferencia entre la victoria y la derrota se mide en milímetros, como demostró el VAR en el gol anulado a Foden. La final de la Copa de la Liga ya tiene a su primer finalista, y el sueño de Guardiola de conquistar todos los títulos nacionales sigue más vivo que nunca.